Víctor Casaus

(La Habana, 1944)

 

Letra para ninguna canción

 

Para Silvio, claro

 

Hace solo un rato te veía sobre una tela blanca
brillando en la oscuridad de este cine de Gerona
hábilmente editado cantabas La Trova que ahora
       dicen que era para Sindo
y a lo mejor es verdad que Sindo siempre estuvo
      ardiendo en la guitarra
más allá de esa fachada benévola del celuloide
      de esas luces sobre los tejados
de ese brillo inigualable de los telefotos
te vi    me pareció verte    cantando de verdad
      en medio de la noche
silencioso    haciendo muecas    buscándole
      un chirrido nuevo a ese animal prehistórico
que te acompaña a todas partes     pero más que
      todo eso
preguntando dónde está la soledad      dónde
      sus patas
trovador de la muerte
después de años y conversaciones qué raro suenan
      de pronto
los nombres poéticos    si siempre hemos hablado
tan fácilmente de la propia soledad    de los vientos
      propicios
de tantas mujeres inefables que luego resultan
      excelentes figuritas de marfil      decoraciones
      en la gran ciudad
y un como gran hueco en el poema     en la canción
      de por la noche
cuando parece que truenan todos los huesos
      de la tierra
deja ver si pongo en orden todas estas cosas
yo decía que me pareció verte más allá
      de las miradas
de las muchachitas que adoran al cantante juvenil
envuelto en tus gafas      en tus ganas de ser útil
      de una vez
con esa pena por los muertos enormes de Bolivia
bajo el arco del sol de la época   trovador
      de la guerra
quiero decir que fue como si nos viéramos
llorando la muerte de preciosos camaradas
      leyendo
libros de poetas suicidas riendo con nuestros
      chistes     con nuestras mujeres
organizando el caos entre las planillas
      de los ignorantes
pero sobre todo
cantándole a la inmensa puta de la muerte
      una canción   un poema horrible
que le haga estremecer el huesito de su pelvis
y alejándonos (acercándonos) a un horizonte
      erizado de colores brillantes
(sin duda los colores de los muñequitos
      que leímos)
donde hay un futuro que espanta y resplandece
      y estamos
llegando a él cuando resulta que se encienden
      las luces del cine.

 

(Tomado de De un tiempo a esta parte, Letra Cubanas, 1984)

 

Roque Dalton

(El Salvador, 1935-1975)

 

Canción protesta

 

A Silvio

 

Cayó mortalmente herido
de un machetazo en la guitarra
pero aún tuvo tiempo de sacar
su mejor canción de la funda
y disparar con ella contra su asesino
que pareció momentáneamente
      desconcertado
llevándose los índices a los oídos
y pidiendo a gritos
que apagaran la luz.

 

(Tomado de Cine Cubano, no. 106, 1983)

 

Luis Rogelio Nogueras

(La Habana, 1944-1985)

 

Texto de vanguardia

 

Para Silvio

 

Este es un poema experimental
(el segundo verso no existe)
y aquí en el tercero hay un espejo
para que se mire la muchacha desnuda en el cuarto.
Este es un poema hijo de mala musa puaf
lúgubre que ya quisiera Poe
un poema de conceptos tan cursis
que junto a ellos Vargas Vila es Kant.
Este poema deberá ser escrito con mala ortografía
vevido con Kafé y luego olvidado.
Este es un poema carcomido de envidia por Neruda
un poema sin título ni editor ni ganas
y encima el pobre con un final bastante rato y Confucio
      bah
el penúltimo verso mordido por una enorme errata zen.

 

(Tomado de Las palabras vuelven, Eds. Unión, 1994)

 

Marilyn Bobes

(La Habana, 1955)

 

Los amores cobardes

 

Los amores cobardes no llegan
ni a amores ni a historias.

Silvio Rodríguez

 

Ah los amores
                        cobardes.
Son
      como las canciones finlandesas
deben tener su encanto.
Amables
                       instruidos
a veces hasta conversan.
Reciben los miércoles
                                    de 7 a 10
y descansan
                      los fines de semana.
Guardianes de la cordura
piensan que hacen el bien
                                           y son
                                               inteligentes
porque son incapaces.
Ah los amores
                       cobardes
con su carga de bienes gananciales
y esposas indefensas.
Se asoman a los balcones de la vida
ven pasar a los locos y no saben.
Ah los amores
                           cobardes
que no llegan
                           a amores

que se quedan
que se quedan
                       definitivamente
                                                  allí.

 

(Tomado de Hallar el modo, Letras Cubanas, 1989)