No puede escribirse la historia de un centro de enseñanza sin que sean sus alumnos y profesores los que la cuenten. Cuando son 200 años de historia, miles serían las experiencias compartidas, los obstáculos vencidos, los sueños postergados o no…

Si se trata de una escuela en la que ingresó José Martí, Camilo Cienfuegos, Silvio Rodríguez…si de ella egresaron escultores como Domingo Ravenet, Juan José Sicre, Rita Longa, Agustín Cárdenas y pintores y grabadores como Víctor Manuel, Fidelio Ponce de León, Jorge Arche, Eduardo Abela, Raúl Martínez, Servando Cabrera Moreno, Juan Moreira, Flora Fong y Roberto Fabelo, entonces hay que tomar en cuenta que la distingue el prestigio, la calidad de su formación y la entrega de su claustro.

La Academia Nacional de Bellas Artes celebra sus 200 años de creada. Algunos de los que la tuvieron como referente siendo estudiantes y que hoy lideran sus aulas, comparten sus criterios con La Jiribilla.
 

 “La anunciación”, de Antonia Eiriz, graduada en 1957 de la Academia San Alejandro, donde estudió pintura,
dibujo y grabado. Fotos: Maité Fernández

 

Marlén Piloto (orfebre)

“Al ingresar a esta Academia, proveniente de las escuelas elementales de arte, me interesé por la escultura y de repente, se crea la cátedra de orfebrería como una especialidad en sí misma. Estuve a prueba con el profesor Miguel Ángel Pulgarón, uno de los profesores fundadores de esta cátedra, y descubrí mi pasión.

“Hay que luchar con la conciencia popular, con el concepto erróneo de que la orfebrería es solo joyería suntuaria. Está la escultura en pequeño formato, entre otras posibilidades. Tenemos la doble responsabilidad de promover la continuidad de la enseñanza de este oficio.

“En tres años de estudio se garantiza el aprendizaje de las técnicas y la visión de las artes visuales contemporáneas y el universo de la orfebrería a nivel internacional.  En nuestro país muchos hacen joyería contemporánea sin muchos elementos conceptuales, mientras otros confeccionan esculturas más decorativas. Lo que queremos es, que sin desechar la experiencia manual del oficio, lo tomen como una  herramienta para crear, que se enriquezcan para lograr un imaginario creativo más allá del oficio mismo.

“Es difícil conseguir los materiales. Tenemos cobre y latón, lo más similar al oro y la plata. Los estudiantes se compran sus propias herramientas y lo hacen porque están motivados.

“Mantengo mi obra a la par de la docencia, aunque esta me roba mucho tiempo. Me interesa la orfebrería pero más lo que significa representar el objeto con el cuerpo. En cada estudiante pongo parte de ese interés, los apoyo, los acompaño en su quehacer, y creo que también forma parte de mi obra el resultado como docente en San Alejandro”.

Jorge Luis González Intriago (pintor)

“Egresé del Curso para Trabajadores, una opción de ingreso a la Academia que debería retomarse. En ese momento de la vida, a diferencia de la adolescencia y la juventud, el interés por la creación a veces se quiere asociar con el fin utilitario. Sin embargo, siempre hay momento para desarrollar las inquietudes artísticas.

“Me dediqué al vitral y quise siempre romper con lo ornamental para explotar lo creativo en estas obras. Siempre quise que si no podía ser una cátedra en sí misma, se valorara el vitral como arte aplicada, como complemento de la pintura.

“El arte libre, que es hacia donde dirigimos la enseñanza en este centro, está enfocado en la ruptura, tomando como  base la tradición, pero siempre proponer novedades. Tenemos nuevas herramientas y debemos servirnos de ellas.

“Siempre recuerdo profesores que fueron esenciales en mi formación, con su guía y experticia. Me interesa suplir las carencias que quizás yo tuve siendo estudiante en estos que hoy en día están en las aulas de la Academia”.

“Retrato de Elena Herrera de Cárdenas”, de Armando García Menocal,
quien fuera director de la Academia entre 1927 y 1934


 

Inés Garrido Ramos (pintora)

“Desde 1993 imparto clases en esta escuela y son muchas las vivencias que podría compartir. Disfruto mucho enseñar y nutrirme de lo que me pueden enseñar los propios alumnos. Es importante para mí esa retroalimentación y la manera de enfrentarme al aula ha cambiado según los tiempos.

“Durante el Período Especial, la carencia de materiales revolucionó la creatividad. Hacíamos trabajos muy efímeros, es cierto, pero superábamos las dificultades en aras de defender el impulso creativo.

“Yo era muy joven cuando comencé a dar clases y San Alejandro fue mi formadora. Aprendí además a desarrollar mi obra al mismo tiempo de mi entrega en sus aulas. La dinámica ha cambiado con los años, los deseos de trabajar se mantienen, pero a veces los estudiantes se dejan llevar por cierto ego, por eso la pedagogía siempre conlleva dosis elevadas de psicología.

“Guiar a los estudiantes durante su estancia en San Alejandro es vital para conducirlos en el camino del arte, que encuentren el mejor camino para canalizar sus inquietudes. Cada estudiante es diferente, así como sus intereses artísticos. Sus padres también comparten con nosotros la formación de sus hijos”

Aluán Argüelles (escultor)

“Los colectivos de docentes funcionan en el aula. No siempre es un solo profesor el que guía a los estudiantes porque el ejercicio de la crítica de manera colectiva es muy importante para que el alumno crezca desde sus debilidades y fortalezas.

“Cómo investigar, qué técnicas usar, qué visiones desarrollar, cuáles son los objetivos de la obra…todo eso lo deben aprender los futuros artistas del panorama cubano al egresar de nuestras aulas. Muchos artistas ya no tocan la obra porque son otros los que lo hacen mientras ellos solo ponen la idea, pero a nosotros nos interesa que al formarlos aquí, salgan de nuestras aulas con plena capacidad para hacerlo todo.

“Convergen muchas frustraciones en el aula, y es lógico. Cuando se tienen deseos de crear y de sacar a la luz ideas y pensamientos de una manera artística, no siempre se hace de la mejor manera. En el cuarto año de una especialidad se corren riesgos y a los profesores nos toca también esa parte de conducirlos al cuestionamiento, de crecerse, de polemizar. No estamos en contra de los alumnos, aunque a veces ellos lo piensen. Estamos a favor de que Cuba siempre tenga nuevos y buenos artistas pero, para serlo, hay que enfrentarse a mucho”.

Ramsés Cancio (pintor e ilustrador)

“La especialidad de ilustración es muy reciente en la Academia. La cátedra se creó hace poco, teniendo en cuenta la necesidad de las editoriales de trabajos especializados de este carácter.

“Soy muy joven, recién graduado de estas mismas aulas, y tuve que aprender mucho de pedagogía y de la ilustración como materia. Estudiar sectores generacionales, las mejores maneras de codificar las imágenes, los colores. No cualquiera puede traducir en una imagen lo que lee.

“Imponer un criterio en el aula, dirigir el camino, es la tarea de un profesor, pero los alumnos son mis contemporáneos y es un reto, algo que agradezco porque también me hace madurar como artista. Lo primero que les digo a los interesados es que es esencial amar la lectura como hábito para trabajar la ilustración. De ahí parte todo”.