La galería Ethelbert Cooper de Arte Africano y Afroamericano, espacio expositivo de la prestigiosa universidad de Harvard, acoge, por primera vez en su historia, la muestra personal de un artista cubano, Juan Roberto Diago, quien expone 25 obras realizadas en técnicas mixtas e instalaciones y que abarca con una mirada retrospectiva más de veinte años de una fructífera carrera artística. Con esmerada curaduría de Alejandro de la Fuente ―reconocido historiador al cual debemos la autoría de Una nación para todos, libro de consulta imprescindible para los estudiosos e interesados sobre el tema de la racialidad en Cuba― la muestra visualiza aspectos aparentemente invisibles en la Cuba de hoy, como es la continuidad de la marginación del hombre negro y su lucha y aspiraciones incensantes de reinvindicación en el contexto sociocultural de la Isla.


Fotos: Melissa Blackall


La exposición, titulada Diago: Los pasados de este presente afrocubano, constituye una síntesis del continuo crecimiento espiritual y artístico en la obra de Diago en la cual trasciende el tema negro para insertarse en un pensamiento más abarcador sobre la marginación humana, la cual se extiende a todas las razas por igual en la sociedad contemporánea. Pero sin dudas su énfasis sostenido está en una preocupación legítima sobre el presente y el futuro del negro en una sociedad como la cubana, que se enorgullece de la erradicación de los prejuicios raciales. En sus obras Diago incursiona desde preocupaciones ancestrales sobre el racismo hasta indagaciones en la vida presente del hombre negro, haciéndose patente el largo camino que aún queda por avanzar en cuanto a la igualdad racial y de oportunidades para el hombre y la mujer negros en la mayor de las Antillas.

Por más que la Revolución ha creado desde 1959 hasta la fecha espacios laborales, educativos, sociales y culturales al alcance de los negros cubanos, sigue existiendo una marginación que se manifiesta de manera solapada, intangible, subterránea. Esto adquirió corporeidad en los años noventa, época difícil en extremo para toda la sociedad cubana, pero de manera abrumadora para los negros que, hasta ese momento, habían accedido con orgullo no carente de dificultad a las bonanzas de una sociedad que hacía su mejor esfuerzo en la utopía aparentemente inalcanzable de una paridad racial. Fue en ese complejo contexto que emergió Roberto Diago en la escena cultural cubana. Las preocupaciones de su generación serán muy diferentes a la orgullosa y bien establecida promoción de artistas de los años ochenta. Tal como señala Alejandro de la Fuente en su ensayo sobre el creador: “Pronto se vieron obligados a lidiar con asuntos y tensiones a los que artistas anteriores no se habían enfrentado”, entre ellos el tema negro.


 

Sin embargo, la trayectoria ascendente de Diago será reconocida con participaciones en importantes eventos culturales tales como  la Bienal de Venecia en 1997 y tres importantes exposiciones en Francia entre los años 1998 y 1999. En este último año obtiene el notable premio Amédée Maratier, otorgado por primera vez a un artista latinoamericano.

En el ámbito nacional, la calidad y temprana madurez de su obra es reconocida por el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana cuando abre sus puertas en el año 2002 a la muestra Comiendo cuchillo, exposición que marca la aceptación por la intelectualidad cubana de la legitimación de sus preocupaciones estéticas.

En la exposición que en estos momentos se exhibe en la galería Cooper de la universidad de Harvard, su curador traza, a través de una selección rigurosa e inteligente de obras, la trayectoria de Juan Roberto Diago desde mediados de la década de 1990, cuando comenzó a construir, a través de su arte, una historia alternativa de Cuba desde una perspectiva afrocubana, hasta la actualidad. Tal como el propio Alejandro de la Fuente señala, “La historia de la nación cubana que Diago propone está anclada en pasados vigentes de esclavitud, violencia, discriminación y desarraigo cultural, pasados construidos desde su mirada crítica del presente”.


 

La inauguración de esta exposición de excepcional importancia en la trayectoria del artista, constituye un reflejo del potencial alcanzado por el arte cubano al más alto nivel académico. La muestra puede apreciarse desde el miércoles 1ro. de febrero de 2017 y su exhibición se extenderá hasta el 5 de mayo. El viernes 3 de febrero se ofreció un fascinante conversatorio a cargo de Roberto Diago y el curador Alejandro de la Fuente con el público asistente, que permitió profundizar en la poética del creador. Una exposición de tal categoría merece exhibirse en las mejores instituciones museísticas de Cuba ya que el principal destinario de su mensaje es, sin duda, la propia sociedad de la Isla.

¡Exposición de Juan Roberto Diago en Harvard!, un acontecimiento relevante para celebrar con júbilo por todos los amantes del arte cubano. Su fuerza expresiva visceral y el dramatismo de sus temas, privilegiados de una honda poesía ancestral, seduce al público que asiste diariamente a la galería Cooper a disfrutar la sinceridad de una obra que habla sin tapujos sobre las contradicciones raciales en la Cuba de hoy. Este es el aporte significativo de un artista comprometido en la construcción de una sociedad mejor. Como el propio Diago reconoce, él forma parte de un movimiento más social que artístico. En tal sentido Alejandro de la Fuente señala: “Es un movimiento que, al exigir exploraciones convincentes y críticas del presente, ha comenzado a reescribir la historia de la nación cubana. En otras palabras, este movimiento, incluyendo el trabajo todo de Diago, es fundamentalmente sobre el futuro. Es por eso que los nuevos pasados son tan necesarios”.