Creo que fue a principios de la década del ochenta cuando escuché y vi por primera vez al poeta y novelista ruso Evgueni Evtushenko —quien acaba de morir—, decir con gran destreza histriónica sus textos ante los obreros de la fábrica cubana Antillana de Acero.

Tres miembros de la entonces Brigada Hermanos Saíz –Reina María Rodríguez, Osvaldo Sánchez y yo— fuimos invitados a esa presentación por funcionarios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) a presenciar aquel performance.

Osvaldo, Reina y yo quedamos fascinados por aquel hombre lleno de pasión cuyos poemas de rasgos contestatarios hacían que los funcionarios se miraran confundidos y vacilantes antes de ponerse de pie y unirse a nuestros aplausos.


Evtushenko. Foto: Internet


Y lo cierto es que en la antigua Unión Soviética, Evtuchenko era admirado por el pueblo, por sus críticas —ahora sabemos que justificadas— de los posibles errores de aquella sociedad, pero no muy bien visto por los burócratas que se asustaban un poco por su creciente fama en el mundo occidental.

La noticia de la muerte del escritor ha sido ahora lamentada por sus colegas cubanos. Las generaciones más jóvenes y la nuestra pudieron volver a verlo en los Festivales Internacionales de Poesía de La Habana que dirige Alex Pausides y recuerdan aquella frase en la que Evtushenko aseguraba: Cuba me da energía.

Los detalles sobre su deceso y su deceso mismo no han sido mediáticos. Tal vez porque el escritor, descendiente de ucranianos, fue siempre un inconforme con las injusticias de este mundo y después de la caída del socialismo real continuó siendo un crítico implacable de los poderes hegemónicos con énfasis en la ecología dado su proverbial apego a la naturaleza.

Nacido en Zima en 1933 se trasladó muy joven a Moscú para realizar estudios de literatura en el Instituto Gorki.

Desde su primera colección de poemas Exploradores del futuro (1952) escrita a los 19 años fue ganando creciente fama en los círculos literarios de su país y fuera de él. Era considerado un discípulo de Mayakovski y Esenin y era un excelente intérprete de sus textos de tono oratorio.

Sus poemas llenos de asonancias, aliteraciones y juegos de palabras incluyeron también el uso del slang y la poesía oral y pese a sus preocupaciones sociales cultivó también un tierno lirismo perceptible en sus textos dedicados al amor.

Su mayor éxito ocurrió en los años sesenta pero nunca dejó de ser reconocido a lo largo de su vida.

Los cubanos lo recordamos especialmente por su poema dedicado al Che, titulado “La llave del Comandante” donde expresa su reticencia a convertir la imagen del Guerrillero Heroico en mercancía.

Su obra, traducida a más de setenta lenguas fue definida por él mismo como “toda una confesión personal puesta en versos” lo cual nos ilustra de la gran autenticidad de uno de los grandes de la poesía universal.

Lo recuerdo con sus atuendos extravagantes, su voz y sus gestos poderosos que emocionaban a las multitudes y me parece que lo estoy contemplando en las plazas públicas de su patria donde dos veces consiguió reunir en el teatro Kremlin a más de 6 500 personas.

Tuvo una especial relación con el mundo hispano. Tradujo al poeta chileno Raúl Zurita y fue guionista junto al cubano Enrique Pineda Barnet de un largometraje que ha sido últimamente muy revalorizado y que lleva el nombre de Cuba baila.

Evtushenko nos deja al morir el legado de más de una veintena de poemarios, dos novelas cortas y dos largas, tres libros de ensayo y sus incursiones como guionista y director de cine.

Antes de morir dividía su tiempo entre Estados Unidos y Rusia y ejercía como profesor en la Universidad de Tulsa.

Sobre su relación con la docencia manifestaba: “Yo no enseño literatura sino enseño a tener conciencia a través de la literatura”.

Y es en ese aprendizaje que sus admiradores rinden hoy culto a Evgueni Evtushenko: uno de los grandes poetas de los siglos XX y XXI. No importa que quieran silenciarlo. Él permanecerá vivo en la memoria de los hombres honestos y buenos que todavía habitan nuestro convulsionado planeta. Los cubanos no lo olvidaremos nunca.