Fotos: Cortesía AHS

 

Dicen que una organización joven no puede anquilosarse. Que su arte es el de vanguardia y que el apelativo de “joven” encierra ya, de por sí, el resto de los significados: desafiante, innovador, transgresor. Dicen que, tras cumplir 30 años, una organización joven debería entonces (re)pensarse, ver si el tiempo no ha hecho mella en su accionar. Pero, ¿cómo lograrlo? ¿Cómo no repetirse?


 

Tres décadas después de su fundación, la Asociación Hermanos Saíz busca permanecer joven. Busca también no morir.
Tres décadas después de su fundación, la Asociación Hermanos Saíz busca permanecer joven. Busca también no morir. “La AHS es una organización viva”, advierte Rafael González Muñoz, vicepresidente de la Asociación. “Continúa siendo una organización que agrupa a los artistas jóvenes menores de 35 años, de forma voluntaria y selectiva, pues tenemos dos crecimientos al año donde se presentan centenares de creadores; por ello se renueva constantemente”.

Desde su fundación en 1986, la AHS promueve la creación joven desde todos los rincones de la Isla, y su principio es defender el arte emergente. Así, con más de 3 mil asociados —dice Rafael—, “la tendencia de la membresía no ha sido a decrecer, sino a mantenerse. Hemos organizado mejor el proceso de crecimiento, una suerte de metodología para que los aspirantes a la Asociación lleguen a las filiales provinciales, donde serán evaluadas por un jurado, conformado por artistas de gran prestigio, jóvenes con una destacada trayectoria dentro de la Asociación.

La tendencia de la membresía no ha sido a decrecer, sino a mantenerse.“Para este proceso los aspirantes deben entregar un currículum, dos fotos de carnet, un dossier —en el caso de los artistas plásticos—, videos (artes escénicas), manuscritos (literatura) o un demo, si de músicos se trata.

“Lo triste es que muchos artistas jóvenes integran la AHS no solo pensando en el espíritu asociativo de la organización, de encontrar en ella el vínculo con jóvenes de otras manifestaciones, sino como una vía expedita para profesionalizarse, en el caso de los músicos; o una manera de alcanzar el registro del creador, en tanto artistas plásticos. Lamentablemente, esto sucede, aunque la idea es que en la organización encuentren eso directamente.


 

“La mayoría de los jóvenes músicos que hoy tienen discos con la Egrem u otras casas discográficas se han visto beneficiados por nuestras becas. Los escritores, por su parte, tienen la posibilidad de publicar su obra en nuestras cinco editoriales”.

Las casas editoras de la AHS contribuyen a definir jerarquías en el panorama de la cultura nacional. Pertenecientes al Sistema de Ediciones Territoriales (SET), las editoriales Sed de Belleza, de Villa Clara; Ediciones La Luz, de Holguín; Aldabón, de Matanzas; Áncora, de la Isla de la Juventud y Reina del Mar, de Cienfuegos, se instituyen en el campo literario insular como una alternativa de publicación, sobre todo para los autores en las provincias.

“Estas cinco editoriales tienen ya un sistema de publicaciones anuales consolidado”, comenta el también poeta cienfueguero, y “presentan libros a los diferentes planes especiales del Instituto Cubano del Libro (ICL).

“Hoy día, Ediciones La Luz está entre las editoriales más importantes del país, a la altura de cualquier editorial nacional. Ha recibido el premio La Puerta de Papel, reconocimiento que otorga el ICL a editoriales, editores, diseñadores y escritores de todas las provincias que publiquen en el SET. Esta casa editora, además, está presentando ahora mismo el plan de producción de 2017, cerca de 29 títulos. También está publicando ensayos, antologías poéticas, volúmenes que rebasan las 200 cuartillas. Esto es algo que no tiene precedentes para una editorial del sistema territorial.

“Pero la Asociación no solo se ha dedicado a promover en sus sellos editoriales a los creadores jóvenes. Hemos ido un poco más allá, pues se han publicado algunos títulos de escritores que constituyen un referente obligatorio para la joven escritura cubana. Incluso, se han publicado escritores latinoamericanos y, por el prestigio alcanzado, el propio ICL ha encargado a nuestras editoriales determinadas producciones, como por ejemplo libros relacionados con los países invitados de honor a nuestra  Feria Internacional del Libro.


 

Durante estas tres décadas la organización ha funcionado como un puente entre la producción artística y literaria y el resto de las instituciones culturales.“Durante estas tres décadas la organización ha funcionado como un puente entre la producción artística y literaria y el resto de las instituciones culturales. El diálogo, bidireccional si se pretende, se ha concentrado en alternativas promocionales y la creación de espacios de discusión teórica. Un vínculo que, de acuerdo con el joven vicepresidente, se acentuó luego del II Congreso de la organización, celebrado en octubre de 2013.

“En Cuba existe una política cultural que tanto el Ministerio de Cultura, como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la AHS y el resto de las instituciones de la cultura, defienden. Cada una desde su trinchera, con sus objetivos concretos. Hace unos años, el vínculo entre la AHS y estas instituciones se ha sedimentado. El reconocimiento que tuvo la Asociación luego de su segundo congreso fue un elemento dinamitador. Era necesario que los jóvenes no fueran vistos solo como los muchachitos irreverentes, ocupados de sus cosas y nada más.

“Ese segundo congreso dejó una plataforma para que el criterio de los jóvenes artistas fuese respetado y se les buscara para otros proyectos interinstitucionales. Ya desde el Ministerio de Cultura no se hace un gran evento, sin antes contar con la AHS. El diálogo entre estas instituciones es muy sólido y casi obligatorio”.

Las becas de creación de la AHS, que ya cumplen 21 años —muchas de gran prestigio en el país, como la beca Conmutaciones y la Ignacio Villa, ambas destinadas a la creación musical; la Beca de Creación Chicuelo, que distingue a una de las zonas más importantes del audiovisual: el guion; o la Beca de Pensamiento Che Guevara, para los ensayistas y críticos—; así como los Premios Calendario —lauro literario que todo joven escritor quiere ganar, asegura Rafael—, entre otros, son también el resultado de la gestión y el diálogo entre el Ministerio de Cultura, sus instituciones y la AHS, una organización que con tres décadas de historia busca “ser consecuente con el nombre que lleva, sobre todo por la carga simbólica que encierra; y seguir acompañando a los artistas más jóvenes, no solo con el propósito de alzar la voz y reclamar, sino también para materializar sus proyectos de creación”.