Ningún sitio de La Habana hubiera sido mejor seleccionado que el Centro de Estudios Martianos para entregarle al ensayista, investigador y profesor Ambrosio Fornet, el Premio Pablo, reconocimiento que recibió —con “agrado y compromiso”— este miércoles 7 de febrero.

El acto —ausente de solemnidad y repleto de respeto y cariño hacia este hombre de perfil quijotesco, barba rala, estirpe de hombre bueno, ojitos pequeños y centellantes como el de un adolescente—, devino un excelente paréntesis en medio de la ola que se levanta en La Habana a propósito de la Feria Internacional del Libro, para HONRAR (así con mayúsculas) a un cabal y verdadero caballero del pensamiento sociopolítico y cultural cubanos de finales del siglo XX e inicios del XXI.
 

Ceremonia de entrega del Premio Pablo a Ambrosio Fornet. Foto: Cortesía Centro Pablo
 

Al recibir el agasajo, Fornet —Pocho para sus más cercanos— en palabras improvisadas dijo que lo primero que le vino a la mente fue la pregunta de que “¿por qué un premio tan inmerecido?”, pero de inmediato reconoció que tenía “un vínculo muy profundo” con el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en particular con María Santucho por ser una promotora cultural nata y “amiga de sus amigos” y con Víctor Casaus, el director del Centro.

“Es un vínculo doble que está signado por la admiración hacia Pablo de la Torriente Brau que se remonta al inicio de nuestras respectivas carreras profesionales”. Ese vínculo —dijo Fornet— también tiene que ver con Raúl Roa, el Canciller de la Dignidad, porque “gracias a él nos ligamos a Pablo de una manera indestructible y llegamos a tener un sentido de la cubanidad que, probablemente, no todos puedan entender y disfrutar”.

En otro momento de sus íntimas reflexiones, el intelectual —uno de los más lúcidos pensadores del contexto contemporáneo cubano— aseguró que esa relación se engloba en la raíz misma de nuestra identidad cultural: “El vínculo Pablo-Roa —que une al mismo tiempo mi vínculo muy modesto con Víctor, María y el Centro Pablo— parece justificar este Premio y hace que no me ruborice por el hecho de recibirlo, sino que lo agradezca y levante la cabeza, y con convicción diga: ¡tengo el Premio Pablo y estoy muy orgulloso! De eso, me puedo jactar”, concluyó emocionado.   

Por su parte, Casaus significó que el Premio Pablo se le entrega a Ambrosio por “la agudeza de su pensamiento crítico que nos ha ayudado a pensar con cabeza propia los problemas de nuestro tiempo, por la consecuencia de su práctica intelectual a lo largo de estos años, por su sostenido e intenso aporte a la cultura revolucionaria de la Isla. ¡Que viva Ambrosio!”, concluyó, también, muy emocionado.

Según la fundamentación del Premio Pablo, este se otorga “por una sola vez a personalidades e instituciones cubanas y de otros países que se hayan destacado en investigaciones, obras de creación y acciones encaminadas a promover y defender los valores de la identidad cultural y la solidaridad entre los pueblos. El Premio también se concede a personalidades e instituciones relacionadas, de alguna forma, con la vida y la obra de Pablo de la Torriente Brau —cronista incesante, creador imaginativo, luchador antifascista y antimperialista— y que hayan hecho suyos esos valores en el mundo de hoy”.

El Premio Pablo consiste en una loza estampada con un delicado diseño concebido, especialmente, hace 20 años por el maestro Alfredo Sosabravo, Premio Nacional de Artes Plásticas, 1997.