Desde su primera edición, Post-it ha demostrado ser un evento pertinente para los jóvenes creadores de la Isla. Más allá de los beneficios que establece como certamen —entre los cuales figura la publicación de las obras ganadoras en un catálogo realizado por el sello editorial del Fondo de Bienes Culturales y Collage Ediciones, sus organizadores—, este concurso constituye una alternativa para tomar el pulso del arte cubano contemporáneo producido por las últimas generaciones y darle visibilidad.

Para Niels Reyes, merecedor del Gran Premio de la primera edición, fueron varias las razones que hicieron de ese un galardón relevante. Además de validar su trayectoria como artista y brindarle la oportunidad de iniciar relaciones con la galería NG de Panamá, según nos dijo, “estimuló la práctica de la pintura y el uso del género del retrato. Se puede ver en la cantidad de jóvenes artistas que están trabajando hoy en esa vertiente”.


De la serie Autocensura, Sin título, de José Luis Bermúdez

 

“Creo que para las artes visuales cubanas Post-it es muy necesario”, añadió. “Además de ser casi  el único premio de arte joven que tenemos, abre espacios para la promoción y comercialización de muchos nuevos talentos. La práctica lo ha demostrado, y debería seguir creciendo”.

Por su parte, Josuhe H. Pagliery —premiado en la segunda convocatoria— comentó que este fue un lauro muy agradecido. “Nunca creí que tuviera muchas posibilidades por las características de la obra (video-arte Súper Vaselina), no particularmente comerciales”, expresó.

“El hecho de otorgar un premio que no se limite al mero reconocimiento sino que, en efecto, sea algo tangible, motiva a los participantes debido a que no solo posibilita la producción de nuevas obras —como en mi caso—, sino que da continuidad, desde un criterio institucional (entiéndase visibilidad, promoción y legitimación), a las propuestas reconocidas. Desde este punto de vista y contrario a otros concursos similares, me resulta felizmente consecuente.

“Este certamen pretende centrarse en la promoción de las propuestas de los más jóvenes creadores de la Isla, su criterio diverso, lo cual me parece acertado —añadió—. Es marcadamente inclusivo, sobre todo teniendo en cuenta la enorme variedad de las manifestaciones representadas, y por fuerza, la desigual calidad de las mismas”.

Sobre la organización del concurso, opinó: “Si les soy honesto, pienso que una depuración en el número de las obras seleccionadas beneficiaría la calidad general del evento, sin necesariamente convertirlo en exclusivista o reductivo, pues de otro modo se corre el riesgo de que rápidamente pierda su impacto inicial para pasar a ocupar el sitial de turno dentro de la ya larga historia de concursos artísticos sin ninguna relevancia en nuestro país”.

Como muestra de su acogida, la participación en el certamen exhibe índices superiores cada edición. Mientras que en la primera enviaron propuestas 108 artistas, en la segunda y la tercera estas ascendieron a 120 y 166, respectivamente. Y aunque en esta el número solo llegó a 139, se seleccionaron más propuestas (53) que en el último Post-it (48), evidencia acaso de la calidad superior de las obras.

En tanto, el modo en que los mismos autores describen su trabajo da fe del cambio de paradigmas en el tratamiento del arte. Lisandra Ramírez, merecedora del Primer Premio en 2014, por ejemplo, emplea su obra para “jugar” con elementos iconográficos de la cultura nacional. Según refiere, Tomando el sol —pieza con la que resultó ganadora—, hacía “referencia a una sociedad abstracta que se diluye en la construcción de estereotipos perfectos, sin errores morales o culturales”.

Al mismo tiempo Glenda Salazar, participante el mismo año, trata de recrear nuevas relaciones entre Historia y experiencias personales. La instalación Memorias, dijo, “buscaba generar cierta empatía entre las imágenes que la componen”, articulando una microhistoria en su relación de elementos internos.

Lo cierto es que Post-it, como iniciativa institucional, resulta uno de los intentos más efectivos para impulsar, destacar y cohesionar el arte joven cubano. Como en años anteriores, mantenemos el criterio de que marca un viraje en las acciones para facilitar las relaciones entre el autor y el público y destacamos, como “gran mérito”, lanzar una convocatoria anhelada por cientos de aspirantes, sin más requisitos que tener menos de 35 años de edad, estar inscrito en el Registro del Creador y presentar una obra inédita.