“Fidel, habla. Te necesito”, decía uno de los carteles que recibió al Comandante en Jefe un día de 1996, en Villa Clara. Como una extraña premonición, su anónima portadora no solo sintetizó el reclamo de sus coterráneos en aquel entonces, sino el que haría todo un pueblo más de veinte años después, cuando su figura ya no lo acompaña.

Precisamente, para recordar al líder histórico de la Revolución Cubana se realizó en la Sala Nicolás Guillén de La Cabaña un panel dedicado a su concepción sobre la cultura y pensamiento humanista. Inaugurada por el profesor Rolando Rodríguez Cedeño, Premio Nacional de Ciencias Sociales, la mesa abordó distintas facetas del luchador revolucionario, político, hombre, amigo.


A la figura del Comandante en Jefe se dedica parte importante de las actividades de la 26 Feria Internacional del Libro.
Foto: Anabel Díaz Mena


Fuimos soberanos gracias a él, dijo. “Si hoy tenemos cero analfabetos, tantas escuelas; si multiplicamos las universidades; si tenemos ciencia, Ministerio de Cultura, editoriales, un Instituto del Libro... todo eso se llama Fidel Castro, y lo puedo decir porque fui testigo de ello y tuve el honor de que me hiciera protagonista de algunos de esos momentos”.

Sobre su papel en la cultura, comentó que gran parte del desarrollo experimentado en esa esfera se debe al modo en que la concibió. Manejaba un concepto ecuménico, añadió, no lo reducía a arte y literatura.

“En Fidel lo encontramos todo: un hombre al que le interesaba la medicina, el deporte, las ciencias… Era un amante de la historia, un lector incansable, con una memoria privilegiada…”

A las anécdotas de Rodríguez Cedeño, que abarcaron casi cinco décadas de trabajo y amistad con el Comandante, se unieron las de los Héroes de la República Fernando González y Gerardo Hernández. Los otrora prisioneros en cárceles estadounidenses rememoraron momentos cruciales en su vida —y en la historia del país— en los que Fidel fue el soporte de sus esperanzas.

“Posiblemente no exista una personalidad en quien el imperialismo, y quienes le sirven, hayan invertido una mayor cantidad de recursos para denigrar su imagen: miles de millones a lo largo de más de medio siglo en denigrarlo y desvirtuar la realidad. El hecho de que su imagen permanezca intacta y sus ideas se conozcan en gran parte del mundo, dice mucho de su obra y su humanismo.

“Muchos compañeros de prisión no eran capaces de identificar a Cuba en el mapa. Sin embargo, si sabían quién era Fidel Castro. En aquel ambiente, aun allí, reconocían y sabían valorar el ejemplo y lo que ha representado, no solo para nosotros como Isla, como nación; sino para los revolucionarios del mundo, para los rebeldes que nos atrevemos a nadar en contra de la corriente”.

La agudeza de Fidel para analizar lo que leía, explicó Fernando, era impactante.

“Creo que una personalidad como la suya, con su nivel de ocupación, no solo podía ser un lector voraz, sino también muy selectivo y perceptivo para ver con profundidad un tema en pocas lecturas, porque no disponía del mismo tiempo que un especialista para ello.

“Lamento no haber tenido la oportunidad de debatir y compartir más con Fidel. Pero que esté sentado en este panel y que los Cinco estamos aquí, es uno de los ejemplos más elocuentes de su humanismo. Eso no hubiera sido posible sin su visión, sin su lucha, sin su percepción estratégica de cómo encaminar la batalla”.