Como parte de la programación de la XVI Feria Internacional del Libro 2017, el Rosa Luxemburg Stiftung (RLS) llegó a la capital cubana para realizar un ciclo de conferencias y presentaciones de libros en la Casa de las Américas y La Cabaña, del 13 al 15 de febrero.

La colaboración del Instituto RLS y el proyecto “Para Leer en Libertad” con la Isla no es inédita; el año pasado presentaron Ernesto Guevara, también conocido como el Che, de la autoría de Paco Ignacio Taibo II, durante la Semana de Autor que la Casa de las Américas le dedicara al escritor mexicano. En esta ocasión, vuelven el novelista y el RLS a la Casa, que toman como su hogar para estrechar aún más los lazos con proyectos editoriales en conjunto.


 

Los títulos frutos de esta alianza, que además regalan al público asistente, comenzaron a presentarse este lunes con el lanzamiento de Un pulso que golpea las tinieblas. Antología poética para resistentes, a cargo de Paco Ignacio Taibo II, coeditado por el Fondo Editorial Casa de las Américas, “Para Leer en Libertad” y RLS.

Al otro lado de la ciudad, en la Sala José Antonio Portuondo de La Cabaña, tendrá lugar hoy martes la mesa de análisis político “Impunidad en México y crímenes de Estado”, moderada por Torge Löding, director de la Oficina Regional de la RLS, con la participación de Paco Ignacio Taibo y la periodista mexicana Sanjuana Martínez.

En la tarde se realizarán las presentaciones de dos títulos en la Sala Galich de la Casa: a las 3:00 p.m. la novela gráfica Pinturas de Guerra, por su autor, Ángel de la Calle, y Paloma Saíz, de “Para Leer en Libertad”; y seguidamente, Una latinoamericana forma de morir. Antología de cuento policiaco, con Jorge Fornet, Paco Ignacio y Paloma Saíz.

Juventud y espacio público en las Américas, I taller de Casa Tomada, compilación realizada por Ana Niria Albo y Camila Valdés, es el último título puesto a disposición del lector cubano de los publicados especialmente para esta cita. Con esta invitación para el día 15 a las 3: 00 p.m., culmina el ciclo de la RLS en Casa, a la espera de próximas invitaciones y proyectos en el futuro cercano.

A continuación, reproducimos el excelente prólogo del escritor Paco Ignacio Taibo II para Un pulso que golpea las tinieblas.

I

En 1968, meses antes de que estallara el movimiento estudiantil, una microfracción del salón de primer año de Sociología en Ciencias Políticas de la UNAM, en la ciudad de México, se declaró en una extraña rebeldía. El profesor de estadística se había echado un discurso de apertura de curso descaradamente reaccionario, echando pestes contra la sociología militante y defendiendo la “impoluta ciencia estadística”; en respuesta, nueve de nosotros, encabezados por el poeta zapoteca René Cabrera Palomec, decidimos no tomar la clase, ya que sacaríamos el examen en extraordinario, y para aprovechar las cuatro horas semanales, en tandas de a dos, organizamos un club de lectura de poesía en voz alta. Lo hicimos en el pastito trasero de la facultad, de manera que los que tomaban estadística nos podían ver por los ventanales, y nosotros, a los 114 que se habían quedado adentro. El taller fijó sus reglas: Cada cual podía proponer a un poeta a su gusto, leer varios poemas y explicar los por qué de sus amores. (…)

En la segunda semana, los del círculo de poesía estábamos leyendo a Benedetti y éramos 17. Cuando por la tercera semana empezábamos con los poemas de Bertolt Brecht, íbamos en buen camino de superar numéricamente a los del interior del salón, que lucían una cara de profundo aburrimiento. El inicio del movimiento del 68 truncó ese experimento y abrió la puerta a otras formas de libertad.

Muchos de los poemas que aquí se reúnen fueron leídos en aquellos días.

II

Toda antología es arbitraria, pero ninguna lo es tan placenteramente como esta. No es una antología ritual, ni ortodoxa, ni seria; es arbitraria y mañosa, léanla con indulgencia. La generación del 68 se reconocerá en estas páginas, ahí están los epigramas de Cardenal con los que tanto intentamos ligar y tan poco pudimos; la paradoja es que esos maravillosos poemas de amor dedicados a  “Claudia” venían de un pastor protestante y sandinista. (…) Nos fascinaba Nazim Hikmet, poeta turco, porque combatía nuestros peores defectos: la simplificación, el tremendismo del marxismo neanderthal. Ofrecía mensajes diferentes: decía “enviadme libros con finales felices/ que el avión pueda aterrizar sin novedad/ el médico salga sonriente del quirófano / se abran los ojos del niño ciego, / se salve el muchacho al que mandan fusilar, / vuelvan las criaturas a encontrarse unas con las otras, / y se den fiestas, se celebren bodas”. (…)

En esos días llegó a nuestras manos el libro del ganador de Casa de las Américas, el poeta peruano Antonio Cisneros, Canto ceremonial contra un oso hormiguero. El último poema del pequeño libro era “Crónica de Chapi”, que describía la masacre de un grupo guerrillero en la selva peruana, evadiéndose de la falsa retórica heroica.

Fueron también los poemas que uno lee, para  “no cansarse de sí mismo”, como diría Pessoa, para reconectarse al flujo de la vida. Confirmando que si algún sentido tiene vivir en este mundo, es para cambiarlo. Y soy consciente que estoy leyendo al suicida Pessoa en el espejo de Alicia.

III

Hay dos poetas que me han hecho llorar en público, abiertamente, soltando los mocos, sin tratar de disimular las emociones: el cubano Roberto Fernández Retamar cuando leyó en Trinidad el poema que le dedica a su padre, y el español Luis García Montero, buenísimo entre los amigos, cuando en la Semana Negra de Gijón leyó “Oración”. La mejor poesía invita a los excesos, trabaja como martillo sobre la educación sentimental, abusa de nosotros.

IV

Explico algunas no habituales presencias en una antología para resistentes: Se cuenta que Giuseppe Ungaretti (1890-1970) escribió un poema y descontento le fue quitando líneas. Al final quedó una tan solo. La historia debe ser falsa, pero no menos maravillosa. (…) Ungaretti, al que siempre pensé como un poeta del siglo XIX, murió bien avanzado el siglo XX. La versión que aquí se publica del poema sin duda es imprecisa y es más certera la de la traducción de Marco Antonio Campos (“Me ilumino de inmensidad”), que se corresponde con el título del poema. (…).

Quevedo es para mí un poeta deslumbrante, hay frases de él que me persiguen a sol y sombra y no perdonan. Cuando pienso en la palabra idioma, veo su imagen de miope maligno, pero sobre todo escucho sus palabras.

Incluyo el monólogo de Segismundo al final del segundo acto de La vida es sueño por tres razones: la maravillosa sonoridad del texto, el hecho de que se trate del canto a la libertad de un preso y el amor de Karl Marx por los versos calderonianos a los que frecuentemente estaba citando. Por algo sería. Y no podía faltar ese canto al viento que transporta la palabra libertad del guerrillero chinaco, poeta, periodista y dramaturgo, Vicente Riva Palacio, que tanto mejoró el siglo XIX mexicano.

V

Se encuentran en estas páginas por méritos no discutibles el poema del comunista y miembro de la resistencia francesa Paul Éluard (del que la fidelidad de su canto a la Libertad no puedo asegurar porque las varias versiones que encontré son radicalmente diferentes). Las palabras del gran fumador y estratega de la terquedad revolucionaria Ho Chi Minh, escribiendo sus poemas desde una prisión en China; el poema de Efraín Huerta, escrito en medio de la guerra fría y de la gran campaña por la paz que simbolizaba la paloma de Picasso. Y Brecht, eternamente Brecht con esa lucidez que deslumbra. De él es el poema que más profundamente me ha transformado, cambiando actos y costumbres, rutinas y comportamiento; se llama El cambio de rueda y me enseñó que no existen tiempos muertos, a excepción de los que uno mata. Y desde luego, Antonio Machado, que es la puesta en escena del sentido común, un sentido común no siempre muy común, a veces arbitrario, pero eternamente certero, que diría cosas tan maravillosas como: “Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía, y también la verdad se inventa”.

Se incluyen algunos poemas inevitables, de los que un mexicano o un cubano del siglo XXI que quiere recuperar palabras como libertad, dignidad, fraternidad, no puede escaparse, como Confianzas, del argentino chilango Juan Gelman, o Alta traición, de José Emilio Pacheco.