Como parte de la IX Jornada de Teatro Callejero en Matanzas, y ya en su segunda edición, la carrera de estatuas vivientes ha creado grandes expectativas en la ciudad. Susana Gil, directora artística de Gigantería Habana y miembro del comité de selección de las estatuas de todo el país presentadas a competir, cuenta los secretos de su labor y pasión en la escena urbana.    

¿Qué trajeron al Callejero como compañía?

Trajimos el performance itinerante Solos, lo hicimos en el año 2015 y lo hemos presentado en distintos lugares; además, Abducción Tranquila, un work in progress. Ambos son de pequeño formato y surgieron a partir de un taller de creación de personajes que recibió Gigantería. La pieza es sobre la vulnerabilidad, ya sea en personas pobres, o con alguna discapacidad, imposibilidad… trabajamos con eso, siempre con el objetivo de mover al espectador internamente, ahí está la mayor carga de teatralidad en la calle: cuando el espectador reacciona y acciona sobre lo que está observando.


Escena de Abducción Tranquila, por Gigantería Habana. Foto: Julio César García


¿Cuál es el estado actual de Gigantería?

Nosotros estamos en un proceso de transformación, quizás nos hemos estado cerrando un poco, pero a la vez que ha decrecido el número de integrantes y de zanqueros, han crecido los procesos creativos que se están llevando a cabo. Creo que es una buena oportunidad para el crecimiento del grupo en otras aristas que necesitan explorarse más desde nuestros  inicios; sin perder los presupuestos artísticos de la etapa fundacional, ni el trabajo de los zanqueros en la calle, ni otras ideas que ya se habían probado y fueron perfectibles con el tiempo.

¿Qué es para ti la calle después de haber estado cerca de diez años en Teatro Espontáneo?

La calle para mí siempre es una sorpresa, por eso es que me gusta trabajar en la calle y para la calle. Siempre puede suceder algo que no está previsto. La persona viene, llega a la obra, a lo que sucede, desde un estado que no tiene nada que ver con la puesta, conectada con su vida cotidiana, sus quehaceres y sus preocupaciones; van paseando, van de tránsito. Se encuentran un fenómeno allí y reaccionan, y eso es lo que me atrapa del Teatro Callejero: que puedo ver esa reacción, puedo trabajar con ese impacto y, a su vez, el público me da elementos para reaccionar; todo el tiempo estoy retroalimentándome del espectador.