Julio, Carmen y Yunyer, desde niños añoraron el teatro, pero ni los grandes escenarios, las tablas, las luces, los telones, ni las súper producciones escenográficas los deslumbraron. Ellos encontraron en los proyectos comunitarios, en las Casas de la Cultura y en los Instructores de Arte, el motivo para encauzar y materializar sus sueños.

Julio Plácido González,  tiene mucho que contar. Innumerables son las historias, anécdotas y experiencias que recogen sus ocho décadas de vida. Con total lucidez y orgulloso de su gen habanero dice: “soy graduado del Primer Curso Emergente Nacional de Instructores de Arte, en 1962, y aunque estoy jubilado, continuo mi labor de enseñar”.

Ávido de conversar, rememora su trabajo como instructor en la Unidad de Distribución Nacional de Reactivos No.2 (antiguo Sarrá), en la tienda Fin de Siglo y en las llamadas escuelas de Biología y de Matemática de la Universidad de La Habana.

Recuerda, también, a muchos alumnos; su pericia  en el grupo de Teatro Hermanos Ruíz Aboy; las presentaciones en salas de teatro y en ciudadelas; obras como Santa Camila de La Habana Vieja; sin olvidar sus múltiples reconocimientos  por el desempeño profesional ininterrumpido.

La modestia y sencillez de este “artista” no le permite hablar más de él, prefiere recodar que el Sistema de Casas de Cultura, fue creado por la Revolución en 1978. “Arriba el 24 de enero a sus cuatro décadas realizando el trabajo cultural más cercano a la comunidad y defendiendo todas las expresiones de cultura popular tradicional cubana y nutriéndose de expresiones portadoras”.

Desde entonces, es el lugar destinado para que una comunidad desarrolle actividades que promueven la cultura entre sus habitantes, y a su vez, representa un apoyo especial para el desarrollo del Movimiento de Artistas Aficionados, refiere el avezado instructor.

Asimismo, confirma que la Casa de la Cultura “es un puente de comunicación”, abierto y accesible al público encargado de generar de manera permanente procesos de desarrollo cultural concertados entre la comunidad y las entidades estatales, destinado a la preservación, transmisión y fomento de las muestras artísticas y culturales propias de la comunidad.

Durante la conversación se conoció que el énfasis del quehacer del Sistema está en fomentar los talleres de apreciación y creación, siempre tomando en cuenta las preferencias regionales, que son tan variadas como gustos tiene la población cubana.

Con el fin de encauzar esta labor, existen 349 Casas de Cultura diseminadas por todo el país; más de 16 000 instructores de arte, de ellos unos 14 000 en la Brigada José Martí; 524 proyectos o iniciativas comunitarias; 5 474 unidades artísticas con más de 22 000 integrantes en manifestaciones como artes plásticas, teatro, danza y música, entre otras. 

Fruto de la formación vocacional

Para Carmen Frómeta Isaac, el tiempo no corre. Su deseo y aspiración  es el mismo desde que se graduó de Instructora de Arte, en el año 1964: enseñar arte.

Su paso por el poblado de Guanes, en Pinar del Río y, luego, en la capital, le merecen un reconocimiento que hoy se manifiesta en su labor de enseñar teatro en el proyecto sociocultural comunitario Cultura y Nación, de la Casa de la Cultura de Marianao, que auspicia la Sociedad Cultural José Martí, en el afán de reformar los barrios, con la intervención de la comunidad.

Además de instructora, Carmen ha incursionado como actriz en la obra La Coreana, bajo la dirección de Roberto Dávila. Como profesional de la cultura y su experiencia tras 70 años de vida, la hacen merecer muchas satisfacciones.

“Me enorgullece saber que fui profesora de la reconocida actriz cubana Yuliet Cruz. Desde muy pequeña integró los talleres de teatro y fue siempre muy talentosa”, relata con emoción, al tiempo que refiere  que si bien las Casas de Cultura contribuyen a desarrollar talentos que luego engrosan las filas de alumnos del Sistema Nacional de Enseñanza Artística, o del Movimiento de Artistas Aficionados, dichas instituciones tienen como principal cometido el mejoramiento integral del ser humano y la calidad de vida de cada comunidad.

Oportunidad de realizar un sueño

Yunyer Feliciano Muñoz, es un joven villaclareño. Cuenta que desde niño quiso ser profesor. Poco a poco el trabajo de formación vocacional y orientación profesional, que recibió en la ESBU Lázaro Duarte, en Manacas, en el municipio Santo Domingo, despertó su vocación por el arte.
 

Casa de Cultura Luis Casas Romero, del municipio de Florida, en la provincia de Camagüey
Foto: Cortesía ACN
 

Desde entonces, recuerda su participación en los talleres de diferentes manifestaciones, en la Casa de la Cultura del poblado, que le sirvió de preparación para las pruebas de aptitud.

“Aunque opté por teatro, finalmente inicié los estudios de Instructor de Arte en la especialidad de música. Al concluir en el año 2009, me incorporé al Servicio Militar. Allí integré una agrupación musical que regaló arte a las Unidades Militares y, también, a la comunidad”.

La emoción envuelve a Yunyer cuando rememora su primer día de trabajo en el centro mixto Félix Álvarez Soto, muy cerca de Manacas; sus vínculos de profesor en la escuela que lo forjó como instructor; y las responsabilidades en la Brigada José Martí de Instructores de Arte.

Quienes lo conocen, bien saben que su trabajo lo condujo a la Dirección Nacional de la Brigada, pero su labor de enseñar  continua en la escuela Don Mariano Martí, en el capitalino municipio de La Habana Vieja.

“A pesar de las tareas o responsabilidades, quiero enseñar”, asegura este joven, a quien le gusta impartir talleres de creación y apreciación para trasmitir las tradiciones, raíces e identidad nacional y formar a las nuevas generaciones de cubanas y cubanos.

Para él, el Sistema de Casas de Cultura es el ente coordinador de conjunto con la Brigada José Martí, para aglutinar a los instructores de diferentes generaciones en fin de un bien común: dar a conocer al pueblo lo más autóctono de la cultura cubana y elevar el nivel de vida y espiritualidad.

Julio, Carmen y Yunyer, como muchos otros Instructores de Arte, agradecen formar parte del Sistema de Casas de Cultura, y aunque en distintas épocas de sus vidas, hoy se consideran artistas profesionales.

Sus criterios coinciden en que “un instructor para saber enseñar a cantar, tiene que saber cantar; para enseñar plástica, tiene que saber pintar; para enseñar danza, tiene que saber bailar y, para enseñar teatro, tiene que ser actor”. Sin dudas, ellos son profesionales de la hermosa labor de enseñar arte al pueblo.