El nombre de Pablo Lafargue resulta más conocido en Europa que en Cuba. Cuanta enciclopedia trata sobre el desarrollo de las ideas marxistas, le reserva un espacio, y también figura en las biografías escritas sobre Carlos Marx. Su muerte, el 25 de noviembre de 1911, conmocionó al mundo europeo y aún hoy, cuando se indaga al respecto, nos pone a pensar.

Pablo Lafargue fue un intelectual y escritor que se codeó con las celebridades de la filosofía de la segunda mitad del siglo XIX en el Viejo Mundo. Fundó periódicos, y asistió a congresos, tertulias y debates.

De su nacimiento en Santiago de Cuba, el 15 de enero de 1842, se cumplen 175 años. Era hijo de un colono francés y nieto por vía paterna de una mulata haitiana, por lo que era un auténtico mestizo. Proveniente de una familia acomodada, pudo iniciar estudios en Cuba que se completaron en Francia, cuando la familia se estableció en ese país.

Hasta ahí la biografía insular y caribeña de Pablo Lafargue. Si bien es cierto que en lo adelante su vida transcurre en Europa, la huella cubana ha de permanecer en su memoria y en la mirada del joven que ha cruzado el enorme Atlántico para un viaje sin regreso.

Cursó estudios de Medicina en Londres, y participó en la fundación de la Primera Internacional. Conoció a Carlos Marx, frecuentó su casa y se enamoró de Laura, hija del filósofo alemán. También Federico Engels le dispensó su amistad, por lo que tuvo el honor de intimar con los fundadores del marxismo. En 1868 Pablo Lafargue concluyó los estudios de Medicina en Londres y se casó con Laura.

El cubano no solo fue el yerno de Marx, se convirtió en su colaborador, en propulsor de sus doctrinas, en propagandista del socialismo y del marxismo en Europa, responsabilidades para las cuales utilizó sus dotes de organizador y prestigio ciudadano, en especial después de la muerte de Marx.  Junto a Laura también trabajó por la recuperación de la papelería de Marx, y su palabra fue decisiva en el Congreso de la Internacional Socialista  (1889) para la adopción de la jornada del Primero de Mayo como fecha de celebración obrera en todo el mundo.

Como escritor, el más conocido de sus textos es el libro titulado El derecho a la pereza, de 1880.

Mas como todo no han de ser luces, a Pablo Lafargue se le criticó su indiferencia y falta de interés ante la lucha que en Cuba libraban los patriotas por su independencia.

El matrimonio de Pablo y Laura fue feliz y quiso seguir siéndolo por siempre. El pacto suicida que puso fin a sus vidas, el 25 de noviembre de 1911, sorprendió a la sociedad europea. Lafargue escribió una carta testamento que explicaba en estos términos las razones de su decisión:

Sano de cuerpo y espíritu, me doy muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno tras de otro los placeres y goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad, convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años.

La controvertida decisión de acabar con sus vidas fue desaprobada por Lenin, quien consideraba que un socialista no podía privarse de la vida mientras pudiera ser útil.