Según dicen, mi general Padrón, ya cumplió usted 70 años.

Por orden de los niños de la patria, yo jamás cumpliré 70 años y nunca —pero nunca, nunca— voy a tener bigotes. Seré siempre Pepito, el pequeño mambí, el mejor corneta del Ejército Libertador.

Con usted, mi general, y con mi coronel Elpidio Valdés, aprendí a tocar atención, marcha, botasillas y al machete. Aprendí a tocar agua, a tocar fuego, a tocar diana y hacer diana. ¡Qué honor tan grande reservó para mí al convertirme en el chiquillo obedecido por los bravos cuando se escucha la marcha de la bandera!

Siempre que pienso en usted, olvido el toque de silencio.


Ilustración: Tomada de Internet


Óigame, compa Juan, qué privilegio este de convertir la historia en la mejor aventura. Óigame, general Padrón, usted nos enseñó esa dicha suprema de sabernos justos y valerosos. Usted nos enseñó a pelear con alegría.

Qué suerte haber nacido en su mesa de labor. ¡Si hasta los malos que dibujó son inmortales!

Y ahora me dicen que está un poquito viejo; pero los niños de la patria no van a autorizar que usted se baje del caballo.

Según me cuentan, mi general Padrón, toda esa Cuba que ayudó a levantar, iza hoy su estandarte para usted. Y también yo —parado en firme en los potreros de Trancalapuerta— quiero mandarle el fiel abrazo de Pepito, el mejor corneta del Ejército Libertador, este mambí pequeño que jamás cumplirá 70 años y nunca —pero nunca, nunca— tocará retirada.