Pienso que la mayoría de las personas que están aquí sabían o sospechaban, desde hace mucho, que Silvia contenía en sí estos cauces de poesía y creatividad, solo que en ella se expresaban en muchas otras formas diferentes. Por lo visto, que todo esto saliera a la luz, y se convirtiera en obras visuales, era solo cuestión de tiempo. Y ese tiempo es este que estamos celebrando hoy. Que esa persona sea, además, mi esposa, me excusa de abundar en todas y cada una de las innumerables faces artísticas de su ser.

Estos cuadros constituyen, entre todos, una sola historia. Son fragmentos de una sola historia. Habitan más en el tiempo y la memoria que en el espacio que ahora ocupan.
 

Ofrendas ha denominado Silvia a esta entrega, y se trata precisamente de eso. Foto: Cortesía de la artista
 

La pintura, para Silvia, comenzó hace unos años como un juego. El juego de una niña. Pero, ¿acaso hay algo más serio que esto? El juego está en cada trazo, en la elección intuitiva del color, en una necesidad de libertad solo sujeta a la tensión meditada de una cierta regla inmemorial (la regla imprescindible de los juegos), que parece revelarle a la artista cómo hacer las cosas bien. Hay en todo esto como un aire de precocidad que remite a la infancia. Algo que vuela como de una infancia a otra infancia.

Ofrendas ha denominado Silvia a esta entrega, y se trata precisamente de eso: una ofrenda, una ceremonia sentimental, intimista, un fervor detallista y amoroso, un esfuerzo, un tesón, del que soy a diario testigo, y una voluntad de no mentir jamás… Ni en sus cuadros. Ni en su Vida.

Mirando estas obras, no puedo dejar de pensar en aquel que fue para nosotros el único y suficiente antecedente familiar de artista visual: nuestro inolvidable Rapi Diego, dibujante mágico, en quien yo sé que Silvia ha pensado tanto mientras se adentra en esta aventura emocional que son cuadros. Pues Rapi es aquel “que ayer no más decía” que la nostalgia era, entre todos, el sentimiento más creador. Y aquí podemos también sentir esa nostalgia latente, resonante y exultante. Pero una nostalgia que apuesta, desde la memoria y la humildad, por la esperanza, la gratitud y la luz.

Hace unos meses escribí unos versos para el lanzamiento en París de esta misma exposición. Son estos:

 

Ofrenda

En tu casa,

en tu noche,

en tu alma,

marca el espacio sagrado de tu ofrenda.

Puedes proclamarla u ocultarla,

(de todas formas, toda ofrenda siempre es secreta.)

Puede ser un espacio oscuro o iluminado.

(de todas formas, una ofrenda siempre resplandece por sí misma)

Un espacio amplio o muy pequeño, no importa,

de todas formas, la ofrenda es siempre invisible y ocupa, por tanto, todo el espacio disponible,

en tu casa,

en tu noche,

en tu alma.

 

Queremos agradecer a la Galería Artis que haya brindado su prestigioso espacio a las ofrendas que adornan nuestro hogar, para así poder brindarlas a los amigos en un ambiente que multiplica la intimidad en que surgieron. Agradecemos, asimismo, a nuestra curadora Gretchen Lima por sus palabras y la delicada y atinada selección y disposición de las obras.

Solo me resta expresar mi deseo (que sé que Silvia comparte plenamente) de que estas Ofrendas sean bien recibidas por nuestros pequeños dioses personales, y propicien, en el arte y en la vida, el cumplimiento de cada uno de nuestros sueños presentes y futuros.

Un millón de gracias a todos.