Cuando hace más de un año Paulo Fernández Gallo emprendió un proyecto como Sonando en Cuba, nunca pensó que la idea trascendiera el tiempo e impregnara el imaginario del público en la Isla con tanta facilidad. O quizá sí. El popular cantante cubano había recorrido el mundo, se había “empapado” de cuanto concurso o programa de participación hubiese, aunque tales paradigmas dejaran mucho que desear. Había percibido, además, que la música popular bailable made in Cuba también sonaba en otras latitudes y que, mejor aún, era reverenciada.


Paulo FG. Nadie va a sonar como nosotros. Foto: Sonia Almaguer


En la Isla, en tanto, el panorama era otro, y Paulo FG —o simplemente Paulito, como pasó a llamarse luego de su éxito en los años 90— se había percatado de ello: “Era evidente que nos estábamos perdiendo algo. Luego de tanta influencia foránea, algunos jóvenes cubanos se habían desprendido de nuestro patrimonio musical. La globalización los había alcanzado. La idea de Sonando en Cuba nació entonces de ese presentimiento.
Nunca he estado en contra de otras influencias desde el punto de vista musical. Somos una isla y por nosotros ha transitado mucha información históricamente. Pero esta misma isla aprendió a tener un contenido propio, justamente sin dejar de apropiarse de otros contenidos diversos”.

“Lo más importante para cualquier artista en el mundo es su cultura. Defenderla, combinar elementos rítmicos y sonoros, pero sin perder nuestra identidad. Nunca he estado en contra de otras influencias desde el punto de vista musical. Somos una isla y por nosotros ha transitado mucha información históricamente. Pero esta misma isla aprendió a tener un contenido propio, justamente sin dejar de apropiarse de otros contenidos diversos”.

Con estas certezas, y a sabiendas de que los espacios de presentación para la música popular cubana eran cada vez menos en el circuito insular, Paulo FG ideó un nuevo proyecto: un show televisivo donde el rescate del patrimonio musical cubano moviera los hilos de las noches de domingo en nuestros hogares. Un espacio que, para ser justos, hacía mucho tiempo pedía a gritos cierta renovación.

A las primeras audiciones llegó entonces el talento joven y Paulo FG confirmó sus sospechas. “Algunos jóvenes no conocían ni una sola obra cubana”, advierte el artista, “llegaban y podían, incluso, cantar una canción, pero no sabían quién era su compositor. Muy pocos tenían una idea clara del valor del repertorio y su autoría. Pero aun así hicimos el programa. Sabíamos que era necesario y lo concebimos también como una suerte de show instructivo, cuyo propósito fuera —además del entretenimiento— proporcionar conocimiento, fomentar el sentimiento nacional para no dejarnos llevar por otras tendencias que nos habían encerrado en un mismo marco. Porque nuestro son no lo va a cantar nadie mejor que nosotros. Nadie va a sonar como nosotros”.

Así, bajo la dirección de Rudy Mora y la producción de RTV Comercial, a mediados de 2015 llegó a las pantallas cubanas Sonando en Cuba. El show traía una propuesta fresca y dinámica, aunque encasillaba la competencia en un solo rótulo: la música popular bailable. Un concepto que para Paulo FG, su creador, se distanciaba un poco de cómo él había concebido el programa.


Con Jorge Martínez, Yasbel Rodríguez y Karen Giselle, ganadora de la primera temporada. Foto: Web Sonando en Cuba


Si bien en un principio la idea era desarrollar la competencia en torno a la obra de los padrinos —Adalberto Álvarez, César “Pupy” Pedroso, Manolito Simonet, Giraldo Piloto, Cándido Fabré, Lazarito Valdés, José Luis Cortés (El Tosco) y Samuel Formell—, seleccionados por su impacto dentro del panorama sonoro cubano; más tarde el formato cambiaría. Los semifinalistas se enfrentarían a otros retos y el show se abriría a otros géneros. Pero en el transcurso de la producción la realidad hizo mella en la concepción original.

“No pude lograr lo que quería en un principio”, afirma el director de la Élite. “No entré en consenso con la producción que quiso continuar con la obra de los padrinos y llevarla hasta el final. Me parecía que al final el programa se tornaría repetitivo e insuficiente. Sin embargo, de todo se aprende, y lo que no pude incluir en la primera temporada me sirvió para la próxima”.

La segunda temporada de Sonando en Cuba llegó como una megaproducción de RTV Comercial, cine teatro Astral mediante. Con 24 artistas jóvenes y tres mentores —uno por cada región de la Isla: Occidente, Centro y Oriente— como Haila María Mompié, Mayito Rivera y Paulito, el show televisivo quizá más polémico de los últimos tiempos arrancaba por todo lo alto y con un nuevo director: Manolo Ortega. Esta vez sus creadores, como sucede con cada show que tiene una continuidad en el tiempo, buscaban también superar la temporada anterior.
“Logramos romper todo tipo de barreras y la apertura a otros géneros se hizo realidad. Ello le dio otro significado a la competencia".

“Logramos romper todo tipo de barreras —subraya Paulo FG— y la apertura a otros géneros se hizo realidad. Ello le dio otro significado a la competencia. Como en la pasada edición, también hicimos audiciones por todo el país, las cuales duplicaron la cifra de participantes con respecto a 2015; en la calidad del talento también se observó la mejoría.

“Para este año también tuvimos en cuenta la diversidad de pruebas. Que los concursantes tuvieran que medirse en dúos, tríos, cuartetos y en diferentes formatos de orquesta fue prioritario. Pero todavía queda mucho por hacer, porque el material para explorar existe y es muy valioso”.

Por eso Paulo FG y todo el equipo de Sonando en Cuba, apenas terminó el pasado 30 de octubre la segunda temporada —o quizá un poco antes— planean regresar el próximo año con una nueva entrega del programa. “Si bien antes estaba un poco escéptico en relación con el rebote del público, ahora entiendo que una tercera temporada de Sonando en Cuba es ya una necesidad. La gente lo pide. Pero no solo hemos contaminado el país, sino también el Caribe.

“Ha venido Puerto Rico, por ejemplo, a demandar un formato como el nuestro para poder defender también sus valores de identidad y buscar talento joven que lo haga. Ese rebote de nuestro programa hacia otras latitudes nos estimula y nos hace ser más competitivos”.


Hayla María Mompié y Mayito Rivera, mentores invitados.  Foto: Sonia Almaguer


De esta manera, según adelanta el cantante cubano, la idea original de Sonando en Cuba trasciende fronteras y se convierte en un proyecto más inclusivo. Con una suerte de Sonando en Puerto Rico y en República Dominicana, los finalistas de los tres shows se medirán más tarde en lo que llegaría a llamarse Sonando en el Caribe. “La visita del popular salsero boricua Víctor Manuelle —quien participó en la última gala— tuvo que ver con esto”, adelanta Paulito, quien asegura, además, que la carrera artística de los concursantes, finalistas y semifinalistas, no terminó el pasado 30 de octubre.

“Queremos llevarlos de la mano un año más. No soltarlos a la deriva, no parecer que los utilizamos únicamente para un show televisivo, sino funcionar además como una suerte de agencia de representación. Pretendemos darle seguimiento a su carrera a partir de la creación de una discografía, de un panorama artístico donde se puedan presentar por todo el país y llevarlos por los caminos reales de la música. Instruirlos no solo musicalmente, sino también desde el punto de vista estético, ético, de formación de valores y sentimientos. Hemos rescatado en ellos mucha sensibilidad hacia una serie de tópicos que ignoraban. No todo es pararse encima de un escenario y cantar, sino cómo plantearse desde ahí ser una mejor persona, un mejor artista.

“De esta concepción se desprenderá entonces una nueva propuesta televisiva, Pa´que suene como yo, una plataforma para seguir sus carreras y donde participarán como parte del colectivo del programa, en el rol de presentadores y artistas. El show será una vía para divulgar sus presentaciones dentro y fuera del país, sus discos y videoclips. Además, generará contenidos para la tercera temporada de Sonando en Cuba, la cual espero que también sea un éxito”.