Luego de una exitosa primera temporada, Sonando en Cuba volvió a las pantallas para ganar la aprobación y el seguimiento de millones de espectadores en la Isla. Únicamente superado por el policiaco Tras la Huella —con décadas al aire, si contamos sus “versiones” anteriores—, el espacio mantuvo el segundo puesto en los índices de audiencia durante los meses que se estuvo transmitiendo, en ambas ediciones.

Al programa no solo lo distinguió su excelente factura o el modo de proyectar los valores culturales cubanos, tomando la música como bandera, sino que fue concebido y aceptado como un espectáculo televisivo, un show como pocos se habían realizado hasta el momento.


Joel Ortega, Manuel Ortega y Paulo FG. Los tres pilares de Sonando en Cuba. Foto: Radio Taino


Escenografía de lujo, vestuarios hechos a la medida, juegos de luces y de cámaras —más allá de lo habitual—; un guion bien elaborado, con giros dramáticos, entrevistas, testimonios… Sensacionalismo si se quiere… pero fórmulas, en fin, que demostraron su validez, hicieron que cada domingo el espacio ganara más adeptos y que hoy, a varias semanas de su cierre, todavía se hable de sus emisiones y hasta se “profetice” qué vendrá después.

Interrogado sobre las claves para hacer “otro tipo de televisión” en Cuba, su director general, Manuel Ortega, responde que “primero se necesita de gente con muchas ganas y mucho espíritu, que no piense que se tiene que ir a su casa y que esté 100% involucrada en el proceso”.

Lo segundo, dijo, es contar con una casa productora que pueda asumir retos como este: “Sin duda son programas costosos, que requieren de esfuerzo, dedicación. Necesitamos la casa productora que tenga los recursos financieros, pero que a la vez quiera ‘comprarse la bronca’ a todas luces y contra todo obstáculo.
“La televisión que hoy tenemos es una televisión anquilosada, que está en una zona de confort, y a veces hay que salir de ahí". 

“La televisión que hoy tenemos es una televisión anquilosada, que está en una zona de confort, y a veces hay que salir de ahí. Eso es lo que tratamos de hacer. Hubiésemos querido salir mucho más, veremos si es posible con los proyectos que vienen”.

¿Por qué los cambios en la segunda temporada del programa? ¿Cómo se concibió la idea?

Todo partió de un estudio del Centro de Investigaciones Sociales sobre la primera temporada de Sonando en Cuba. Fue un trabajo amplio sobre el gusto del público cubano, los elementos que funcionaron y los que no; de acuerdo con sus resultados, se decidió crear la segunda temporada. Se asumieron cambios, como hacerlo por zonas, que fuese otro tipo de jurado, que se convirtiera en un show musical y, a partir de ahí, hacer el show televisivo, la cantidad de música que debía tener, entre otros.

Con un staff tan grande, diverso, que trabajaba con premura… ¿cómo fluyó el proceso creativo?

Fue muy interesante porque el programa no salía en vivo los domingos, pero se grababa los sábados en la tarde, por tanto, tenía la impronta de ser “casi en vivo”. El proceso de edición era básicamente incorporarle la gráfica y algún que otro elemento. Pero la esencia salía en la grabación que se hacía el sábado y que concluía sobre las seis o siete de la noche.

Cuando terminábamos de grabar, analizábamos desde el punto de vista productivo lo que habíamos hecho y el lunes comenzábamos a preparar el espacio siguiente. Había una estructura bien organizada porque aun estando en el segundo programa, por ejemplo, teníamos la idea de lo que iba a pasar en el último. Esa estructura base estaba diseñada desde mucho antes que saliera al aire.

El contenido musical lo creábamos durante la semana, justamente porque queríamos tener en cuenta lo que decía el público, esa retroalimentación, y en función de ella ir ajustando cada tiro. Pensábamos qué música ponerle a cada concursante, la variedad de géneros, estilos, los homenajes que se iban a hacer, las orquestas que se iban a invitar… durante la semana estábamos todo el tiempo preparando el show.

¿Lo más difícil?

Lidiar con tantas personalidades —me refiero al carácter—. Era un colectivo realmente grande, donde no todos sabían hacer televisión y a veces costaba entender algunas normas. Lo más difícil fue eso: lidiar con tantas personas, con tantos intereses, sobre todo con el interés del público, que es el principal protagonista de Sonando en Cuba.

¿Tuvo algún preferido?

Uno no es juez y parte, pero sí teníamos nuestros preferidos. Éramos imparciales, pero los teníamos. Aunque te soy sincero: en la competencia y en el proceso de preparación se trató de ser lo más justo posible en cuanto a los tiempos de entrenamiento, selección, el tratamiento entre los concursantes de las regiones.


Sonando en Cuba, el show televisivo. Foto: Portal de la Televisión Cubana


Nunca estoy satisfecho. Puede sonar a cliché, pero es una realidad. Quienes me conocen saben que por lo general, cuando termino un trabajo, me puede gustar, estar conforme con algunas cosas, pero ¿satisfecho 100%?, nunca. Del mismo modo que el estudio del Centro de Investigaciones Sociales arrojó esos resultados, si se hiciera un segundo muestreo, estoy seguro de que arrojaría otros problemas, algunos de los cuales, como equipo de realización, creemos que podrían ser solucionados.
Nosotros éramos los primeros críticos de nuestro trabajo. El lunes lo primero que hacíamos, antes de comenzar a preparar el programa siguiente, era ver cuál fue el error, qué estuvo mal, qué podíamos hacer en función de la próxima grabación del espacio.

Nosotros éramos los primeros críticos de nuestro trabajo. El lunes lo primero que hacíamos, antes de comenzar a preparar el programa siguiente, era ver cuál fue el error, qué estuvo mal, qué podíamos hacer en función de la próxima grabación del espacio.

Sabemos que algunas cosas no funcionaron, sobre todo a nivel de estructura de la competencia. Mucha gente dice: “tiene que ser una estructura lo más justa posible”; pero soy de los que piensa que las competencias son siempre injustas, por llamarlo de alguna manera. Es igual que cuando vas a un examen, que te lo sabes todo y ese día te pones nervioso y no lo apruebas. O que eres el mejor, pero tampoco lo pasas. Y eso es un poco lo que sucede con las competencias.

Sin embargo, creemos que podemos encontrar otros resortes y mecanismos en función de que tenga otros matices, de que se equipare más. Y eso es en lo que queremos trabajar para la tercera temporada, así como en otros aspectos de la visualidad, darle más movimiento al show..., elementos que en esta edición no pudimos resolver por la misma impronta de la preparación o por el propio proceso productivo.

Profesionales, muchas. Nunca me había enfrentado a un proyecto tan grande como Sonando en Cuba, ni en los videoclip, ni en los espectáculos, ni en teatro, ni en la misma televisión. Superó todas mis expectativas en el sentido de que fueron tres meses al aire y cada semana había que brindar un espectáculo totalmente diferente al anterior. Eso implica un crecimiento grande. Por primera vez en mucho tiempo, logramos que las especialidades estuviesen unidas en función de un proyecto y un sentido común.

En lo particular, debo decir que el apoyo de la familia es fundamental, sin ella es casi imposible asumir este tipo de trabajo, pues estábamos prácticamente becados en el Astral y trabajábamos de lunes a lunes, sin horario.

Que te paren en la calle, que te reconozcan y te digan: “Oye, me encantó Sonando”, es una gratificación que no tiene precio y es lo principal que podemos recibir todos los de Sonando en Cuba.