Ya son bastantes las investigaciones que se han hecho desde diferentes aristas de las ciencias sociales sobre la presencia de la mujer en el videoclip cubano. También son numerosos los trabajos periodísticos que, de una forma u otra, han tratado el tema. Por su parte, el parlamento cubano criticó, en 2011, la difusión de videoclips musicales con un uso casi pornográfico de figuras femeninas y desde entonces hasta la fecha, aunque resulte algo pesimista, no se perciben grandes avances en ese sentido.


Fotograma de La vuelta al mundo, de Alexander Abreu.


Como diría el popular grupo Buena Fe, “la culpa, la maldita culpa, no la tiene nadie”, y yo me atrevería a decir más, la culpa la tenemos todos. Numerosos actores sociales intervienen en ese proceso de producción de los cortos audiovisuales, desde el director y los músicos hasta los medios que los popularizan. Un rol importante juegan también las mujeres que acceden a ser protagonistas, no en el mejor sentido de la palabra, de los videos, y por último, la gran audiencia que se empeña en seguir celebrando esas producciones sin hacer una mirada crítica de las mismas.

Vemos mujeres que tienen como única misión adornar el videoclip con sus cuerpos estructurales y sus gestos provocativos que invitan a una sensualidad exagerada.

A cada cual le toca un granito de arena en ese inmenso mar que es la vulgarización de la mujer cubana en el videoclip que recorre el mundo, y si de celebración de las producciones audiovisuales se habla, no se puede dejar de mencionar los premios Lucas. En la edición correspondiente al año 2016, salta a la vista que de la larga lista de 28 premios ofrecidos solo aparecen en una mirada rápida, a lo sumo, cinco nombres de mujeres: una directora y el resto cantantes.

Este hecho nos lleva a destacar la importancia de hacer trabajos sobre la ausencia de la mujer en el videoclip cubano, pues cuando aparecen se muestran en un rol totalmente pasivo, casi nunca en la toma de decisiones. Vemos mujeres que tienen como única misión adornar el videoclip con sus cuerpos estructurales y sus gestos provocativos que invitan a una sensualidad exagerada.

Resulta burdo y desagradable pensar que en la mayoría de los casos se está vendiendo al mundo, a través del videoclip, una imagen distorsionada y grotesca de la mujer cubana que, aunque existiera, no es la generalidad.

Volviendo a los Premios Lucas, esperados por gran parte de la población cubana, sin ánimo de hacer una crítica al evento en sí, pretendo ahondar en torno a los videos que este año ganaron los principales premios y especialmente tres de ellos que llamaron singularmente mi atención.

Por un lado La vuelta al mundo, de Alexander Abreu y Habana D´ Primera junto a Luis Enrique, audiovisual que si bien se reivindica al mostrar de alguna manera la variedad de la mujer cubana y no regirse por los tradicionales cánones de belleza establecidos, continúa dejando ver a una fémina sumisa, que aparece solo para complacer al hombre o para llenar un espacio donde él es el verdadero protagonista. 


Fotograma de Hasta que se seque el malecón, de Jacob Forever, video más popular en la ceremonia de los Lucas 2016.


Hasta que se seque el malecón, de Jacob Forever, audiovisual que desde su primera escena muestra, sin justificación aparente, una mujer en una pose sensual en un segundo plano, pero que igualmente es parte del mensaje. Y luego, avanzado el video, vuelve a utilizar la imagen de la mujer para llenar espacios y dejar ver un prototipo que no tiene otra opción más que caer ante sus tentaciones.

Los videoclips son audiovisuales que se posicionan nacional e internacionalmente en la mente de la gente; a través de ellos se cuentan pequeñas historias en las que las mujeres, desgraciadamente, hemos quedado en desventaja.

A mi juicio, entre los primeros lugares en cuanto a denigrar la imagen de la mujer se encuentra Mueve tu cucu, de Qva Libre, agrupación conocida en Cuba por poner a bailar a las personas, pero que en esta ocasión trae como propuesta poner a las mujeres a “mover el cucu”. Lo triste de esta historia es que el audiovisual muestra solo una ínfima parte de las mujeres que acceden a tal petición, sin importarles siquiera las longitudes de la ropa que llevan puesta.

Estos son solo tres ejemplos reveladores del uso que se está haciendo de la mujer cubana en el videoclip. Sobre eso numerosas personalidades se han pronunciado, especialmente Isabel Moya Richard, directora de la Editorial de la Mujer, que en innumerables ocasiones ha llamado la atención sobre el papel de los medios y de la comunicación en general en la formación de imaginarios colectivos en los que la perspectiva de género ha quedado rezagada.

Los videoclips son audiovisuales que se posicionan nacional e internacionalmente en la mente de la gente; a través de ellos se cuentan pequeñas historias en las que las mujeres, desgraciadamente, hemos quedado en desventaja. Se continúan reproduciendo en ellos las lógicas machistas de la obsoleta, tradicional y persistente sociedad patriarcal. La mujer sigue siendo un juguete que el hombre usa a su conveniencia y sigue teniendo una posición subalterna. Por otro lado, se encuentra la presión social que obliga a los hombres, incluso en el mundo del audiovisual, a tener un rol protagónico y ser el centro de todo cuanto se desarrolla en escena.

Un elemento digno de destacar cuando se hace un análisis de esos videoclips, es que gran parte de los músicos que se posicionan en este ámbito son hombres a los que la sociedad ha enseñado un modelo de comportamiento para cumplir con lo asignado a su sexo.

No son muchas las mujeres que logran posicionarse en el mundo de la música con sus creaciones; muchas lo intentan y no tienen el apoyo de los principales decisores que son, en su mayoría, del erróneamente llamado sexo opuesto. Sobre esto y la presencia de las mujeres en los premios Lucas de 2013, Lirians Gordillo ahonda en un texto en Progreso Semanal cuando lanza como preguntas polémicas: ¿Se corresponden estos números con la presencia y el talento real de las voces femeninas en la música cubana? ¿Qué sucede con el acceso de las cantantes y directoras de proyectos musicales a los recursos económicos y simbólicos que garantizan un buen videoclip?

Todas esas contradicciones e incertidumbres, resultado de una sociedad patriarcal, se convierten en una cadena que desgraciadamente se rompe por el eslabón más débil, hasta la fecha: las mujeres. Las mismas que, en lugar de luchar por sus derechos o simplemente no salir en los videoclips, eligen aparecer aunque sea en una relación de sumisión sin pensar que no solo se están afectando ellas, sino que están posicionando una imagen de la mujer cubana.

En todo esto juega un papel esencial la educación a esos distintos actores sociales a los que hicimos referencia en las primeras líneas de este texto y que tienen todos, sin excepción, una cuota de responsabilidad en el complicado fenómeno de la cosificación de la mujer en el videoclip cubano.