Filmar a contraletra. Provocaciones narrativas desde el ámbito teatral es uno de los temas que convocó al diálogo entre los jóvenes realizadores de cortometrajes de ficción Fabián Suárez (Luxemburgo), Marcos Antonio Díaz (Fenómenos naturales) y Marta María Borras (Un instante), y el público asistente a una de las sesiones realizadas en el Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC.

Los dos primeros audiovisuales han nacido para ser una suerte de coteaser, de cortometrajes ventana para un proyecto mayor, un largometraje. Con el tercero, su autora se planteó hurgar en la vida y los destinos de los que habitan en edificios monolíticos, donde la urbanidad es parte protagónica de esta pieza.

La realizadora Marta María se nos presenta interesada en la arquitectura cubana de las décadas de los 60 y 70, como espacios de las microhistorias que suceden allí, retratadas desde una estética minimalista, mientras que ese entorno es el telón de fondo, el estado sensorial. “Son fábricas de vidas, ciudades de obreros que habitan esos edificios horrorosos”, sentencia la realizadora.


Fotograma de Un instante.


Por su parte, Fabián desarrolla el humor negro, lo grotesco, sustentado por una cámara imperfecta, invasiva. Es una escritura lateral, que bordea, que no termina de decir, “porque un director de cine no tiene el poder de dar todo el sentido o significación a la historia, prefiero una dinámica en la que cada espectador piense a su manera. Y no haya nada tácito, un cuño artístico”, afirma el realizador.

Otra parte corpórea y sustantiva del espacio Moviendo ideas de la Muestra Joven lo constituyó el tema Amor lateral. Identidades sexuales en los márgenes. Dos cortos de ficción, Ornitorrinco, de Reynier Cepero, y Belleza, de David Moreno, así como el documental Batería, de Damián Saínz, antecedieron el diálogo en esta sesión.

En Belleza los enunciados se desarrollan mayoritariamente en tono de interrogantes. Toda la filmación del corto corrió a cargo del Festival del Cine Pobre de Gibara, y la mayoría de las escenas se desarrollaron allí y en algunos interiores en La Habana. Según el autor, se trata de un relato intimista, introspectivo, dulce, narrado desde la voz en off de las actrices. “El filme desarrolla el amor lésbico desde la ternura y un cuidado parlamento. Me lo planteé como un cortometraje comercial, de planos bonitos, una historia donde la visualidad de los personajes y el entorno resultara agradable al espectador”, dijo Moreno.

Ornitorrinco surge de un guión de teatro de Humberto Roble, Premio Nacional de Teatro. Fundamentalmente, es una historia sobre el sexo, una definición de pareja en ruptura con lo establecido en la sociedad. Es una pieza intensa, de cargadas honduras y pocos diálogos. Textos que pretenden resolver los vericuetos de un tema tabú, anclado en los vórtices de la sociedad.

Batería nace de manera casual, tras un encuentro que el realizador tuvo con un vecino, profesor de la Universidad de San Gerónimo, quien en una de sus excursiones con los alumnos halló el lugar donde se desarrolla el documental. Este sitio le dio pie a Saínz para hacer su propia lectura e interpretar el espacio. Luego investigó durante seis meses y fue encontrando a las personas que serían los protagonistas del filme.

Sobre dichas propuestas, el crítico de cine Frank Padrón expresó que en estos cortos hay tres maneras de encauzar el discurso desde una perspectiva más lírica, pero también utilizando la voz en off. Y especificó: “hay una narrativa más convencional en Ornitorrinco; una superposición de espacios, incluyendo el sonoro, con una dualidad entre las voces en off y el resto de la banda sonora, en Batería; y una diversidad de temas: el amor lésbico, la pertinencia o no de un modelo de pareja o el lugar clandestino (o la inexistencia) para el encuentro, en Belleza. También es perceptible una estimable variedad discursiva”.