De paso por La Habana, a propósito de su visita a la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, el cineasta alemán Werner Herzog presentará, el miércoles 8, en la habitual sede del cine 23 y 12, Aguirre, la cólera de Dios (1972), filme inicial de una retrospectiva pensada para rendir homenaje a uno de los más influyentes directores europeos de la segunda mitad del siglo XX. El sábado 11, a las 6 de la tarde, en la misma sala, se programará también su primer largometraje, Signos de vida (1968), y a continuación Herzog ofrecerá una clase magistral con entrada libre.


Aguirre, la cólera de Dios (1972)


La muestra incluye algunas de las obras más significativas del célebre realizador, guionista y productor germano, uno de los pocos cineastas que cuenta con el privilegio de haber dirigido, por lo menos, sendas obras maestras: Aguirre, la cólera de Dios y Fitzcarraldo (1982), incluida también en esta retrospectiva, concebida con el propósito de restablecer el contacto entre los cinéfilos cubanos más selectivos y algunas de las mejores obras de uno de los pocos cineastas que ha demostrado tanta habilidad en el documental como en la ficción.

En el ciclo dedicado a Herzog sobresalen temas dominantes en su filmografía como el deslumbramiento del cineasta con personajes mesiánicos y enloquecidos, en situaciones extremas, y en la brega por imponerle su voluntad a una realidad exuberante e indomeñable, tal y como se puede apreciar en Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo y Cobra verde (1987). Las tres mencionadas llevan como protagonista al incomparable Klaus Kinski, quien interpreta, respectivamente, al conquistador Lope de Aguirre en su alucinación de tomar El Dorado, al caprichoso melómano empeñado en montar una ópera en medio de la selva, y al esclavista Cobra verde, enviado a Dahomey con una misión delirante.


Fitzcarraldo
(1982).


Pocas colaboraciones actor-director, en toda la historia del cine, resultaron tan provechosas, insondables y controversiales como la establecida entre Klaus Kinski y Werner Herzog. Además de protagonizar los tres filmes mencionados en el párrafo anterior, Kinski asoma su rostro hiperexpresivo en otros títulos de esta muestra como Nosferatu, vampiro de la noche (1978), remake del clásico expresionista Nosferatu (1922, Friedrich W. Murnau), que se inspiraba en la novela Drácula de Bram Stoker, y Woyzeck, que fue rodada en el mismo año y le confirió la oportunidad a Kinski de interpretar a un hombre normal, un desdichado incapaz de soportar la idea de que su mujer lo engañe.

La complicadísima relación entre Kinski y Herzog se retrata a fondo en otros dos documentales que también aparecen en la muestra. Burden of Dreams (1982) es uno de los mejores making of de su época y se acerca a la filmación de Fitzcarraldo en el Amazonas; mientras que Mi enemigo íntimo es un testimonio del director y del intérprete que ayuda a comprender la complicadísima relación entre ambos, a la luz de testimonios y recuerdos de personalidades que convivieron con ellos como Claudia Cardinale, Mick Jagger y Eva Mattes.

Burden of Dreams y Mi enemigo íntimo tampoco son los únicos documentales que incluye el ciclo, en tanto Herzog ha recorrido medio mundo retratando guerras y religiones, fanatismos y catástrofes, grupos humanos desconocidos y personajes iluminados por la excepcionalidad de enfrentarse a situaciones extremas. Se incluyen La balada del pequeño soldado (1984) sobre la resistencia de los indios misquitos, incluso niños, al ejército sandinista; Encounters at the End of The World (2007) en la comunidad antártica de la McMurdo Station, hogar de cientos de personas durante el verano austral, y también estará en pantalla Into the Abyss: A Tale of Death, A Tale of Life (2011) sobre la trayectoria de dos hombres acusados de la muerte de tres personas en Texas. Uno de los dos fue ejecutado ocho días después de participar en el documental.

foto del cineasta alemán Werner Herzog
Werner Herzog. Foto: Internet


Y aunque pudiera parecer, hasta donde hemos escrito, que esta retrospectiva profundiza más en los documentales que en la ficción, debe mencionarse al menos la presencia de otros largometrajes de ficción que marcaron hitos en su momento, en tanto clásicos del llamado cine de la nueva subjetividad germana. Nos referimos a tres filmes que habitan el territorio nunca delimitado entre las grandes películas y las obras maestras: Signos de vida, También los enanos empezaron pequeños (1970), Corazón de cristal (1976) y Donde sueñan las verdes hormigas (1984).

Debut de Herzog en el largometraje de ficción, Signos de vida fue rodada en blanco y negro y cuenta la historia de un paracaidista alemán, recluido en el polvorín de una vieja fortaleza, donde termina enloquecido por el calor y el tedio. La locura y el caos igualmente están al centro de También los enanos empezaron pequeños (1970) sobre un rebelión iconoclasta y cruel contra toda autoridad. Corazón de cristal presenta, en cambio, a uno de los personajes preferidos de Herzog: el visionario, y se ambienta en un pequeño pueblo de Baviera, en el siglo XVIII, cuando muere el maestro cristalero sin revelar el secreto a su aprendiz, y entonces este se ve precisado a buscar quien le devele el secreto de la fabricación de cristales.

La muestra dedicada a Herzog enfatiza en estos personajes megalómanos, rebeldes (Lope de Aguirre, Fitzcarraldo, Cobra verde) o singulares y extravagantes (Woyzeck, Nosferatu), quienes siempre patentizan una relación complicada con la naturaleza hostil, en medio de paisajes tratados por el director como si fueran personajes de la trama. Con varios documentales y películas de ficción rodadas a lo ancho y largo de los cinco continentes, Herzog incluye casi siempre la participación activa de los habitantes originarios, para mostrar sus costumbres e idiosincrasia.