Cuando me invitaron al IX Festival de Teatro Joven, del 17 al 20 de marzo de 2017, en Holguín, recordé enseguida aquella edición pionera, en La Habana, de la Muestra Teatral de Pequeño Formato Yorick, ocurrida del 14 al 17 de noviembre de 1996, en pleno Período Especial; ambos encuentros organizados por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), con la colaboración de otras instituciones.

En el Yorick participamos 11 agrupaciones de Santiago de Cuba, Camagüey, Villa Clara, Cienfuegos, Matanzas y La Habana. En el evento holguinero fueron diez los conjuntos, provenientes de Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Villa Clara, Matanzas, La Habana y Pinar del Río, lo cual denota que algo se ha movido por todo el territorio. De aquella primera cita volvía a estar presente en los trajines de las tablas juveniles, el poeta, crítico y dramaturgo Norge Espinosa, organizador con otros colegas no presentes, del Yorick de 1996. De los colectivos teatrales solo el Teatro Escambray y Teatro de Las Estaciones con otros rostros sobre la escena, pero con la misma pasión de aquel entonces, repitieron la experiencia.


En Holguín los titiriteros fuimos mayoría, en el primer Yorick no. Evoco a Luis Enrique Chacón, participante por Teatro Jueguespacio, de La Habana; Teatro Pálpito y Teatro D´Dos, también de la capital, y Las Estaciones. Luis Enrique ya no hace títeres de manera profesional y reside en Alemania; Teatro Pálpito se mantiene en la batalla, con una presencia alternada que todos añoramos sea continua, y Teatro D´Dos he sabido que ha vuelto a rescatar el trabajo para niños y niñas, aunque no es ese su principal bastión creativo.

En la ciudad de los parques, en la sede de la AHS provincial, hubo dos encuentros teóricos vespertinos referidos al arte del actor. Una sesión analizó el punto de vista de los directores artísticos y la otra puso al propio actor en el centro de las opiniones. En La Habana noventera, el evento teórico se extendió por tres mañanas en la Sala José Lezama Lima, del Gran Teatro de La Habana. Contó con diez ponencias sobre el arte teatral joven en Cuba. Justo el día final de los encuentros teóricos holguineros, me encontré con María de los Ángeles Rodríguez, teatróloga de ese terruño, participante del Yorick y ganadora junto conmigo de las menciones a las ponencias de reflexión escénica. Los triunfadores fueron el teatrólogo  Omar Valiño y Norge Espinosa. El jurado estuvo compuesto por la Dra. Graziella Pogolotti, la teatróloga y actriz Roxana Pineda y el teatrólogo Marcial Escudero. Ninguno de nosotros, excepto los maestros, contaba con más de 35 años.

Mi trabajo se llamó Teatro de títeres en la Cuba actual: ¿Es fácil ser joven? Revisitándolo dos décadas después, encuentro que muchas de mis interrogantes y afirmaciones de otrora continúan estando vigentes. Tener espíritu juvenil es siempre avanzar; cuando este brío pierde fuerza, da igual la edad biológica, lo que era vibrante se vuelve obsoleto y antiguo. No son estos momentos como los de 1996. Las opciones de superación se han multiplicado. Pongo por ejemplo el Taller Internacional de Títeres de Matanzas como evento consolidado, y el Estudio Teatral de Primavera, también en Matanzas, como otra alternativa de superación profesional para los jóvenes. En Guantánamo, pasando por el mismo Holguín, Camagüey, Ciego de Ávila y La Habana, se realizan eventos donde los muñecos son protagonistas. Las principales citas teatrales del país poseen un espacio dedicado a los personajes de tela, madera y papier maché.


Justo dos años después de aquel Yorick, abrió un Diplomado de teatro para niños y de títeres, en la Universidad de Las Artes (donde funciona hoy la Cátedra honorífica Freddy Artiles, creador de aquel Diplomado), en un período que abarcó desde 1999 a 2006. Siguen quedando asignaturas pendientes y siempre quedarán, pero nadie puede dudar que ha habido un salto. Un ascenso en el que han puesto su parte las ONG (Unima y ASSITEJ) que trabajan a favor de la manifestación dedicada a los más pequeños y también a los jóvenes y adultos.

¿Qué nos falta? La escuela especializada inexistente, ya sea de nivel medio o universitaria. Los planes y programas están hechos, pero no se realizan definitivamente. En tanto, se sigue trabajando y haciendo; pero si comparamos el desarrollo estético y conceptual a nivel mundial del teatro de figuras, constataremos que todavía entre nosotros no es suficiente.

Vuelvo a releer los nombres de mis colegas de ayer. Hallo que la gran mayoría salió de nuestro país y anda desperdigada por el mundo, no todos haciendo lo que tan bien sabían hacer aquí. Otros cambiaron el rumbo de sus aspiraciones artísticas, algunos colapsaron desde su propia obra. Las preguntas puestas en solfa en 1996, son hoy respuestas tácitas de cada quien por sí mismos.

Un libro titulado Yorick ¿Teatro joven en Cuba?, de Norge Espinosa y Marilyn Garbey, publicado por la Casa Editora Abril en 1999, invita a viajar al pasado mediante notas y apuntes exhaustivos sobre todo lo que digo y más. Tal vez  haga falta otro libro compilatorio que salga en la edición número diez del Festival de Teatro Joven, en Holguín —el evento aspira a cumplir una edad que su hermano primogénito no alcanzó a celebrar, pues no rebasó las tres ediciones—.  El festival juvenil de Oriente es el propio Yorick redivivo nueve años después, en otra parte y con las mismas y eternas preguntas del príncipe Hamlet a la osamenta del divertido bufón: “(…) ¿Qué se hicieron tus chanzas, tus piruetas, tus canciones, tus rasgos de buen humor, que hacían prorrumpir en una carcajada a toda la mesa? (...)”.

En los intangibles e indelebles terrenos del teatro, permanecer joven para siempre es una decisión difícil, mas no imposible.