Si es verdad lo que se dice sobre la precocidad literaria de Retamar —que solo tenía siete años cuando escribió su primer texto (un cuento, nada menos)—, entonces lo que ahora estamos celebrando no es tanto un asunto de cake y velitas, sino más bien el hecho insólito de que el talento —un talento de ese calibre— pueda estar funcionando durante casi 80 años sin parar… y mantenerse intacto.


 

Los octogenarios del gremio nos sentimos eufóricos; sabemos que hay  prejuicios, pero ahora se hace evidente que no todos caemos dentro del mismo saco. Ya me parece estar escuchando los reparos: “¡Pero no todos tienen el talento de Retamar!..”. A eso respondo: cierto, pero muchos de los que estamos en ese caso pudimos percatarnos a tiempo, y desde que lo leímos y escuchamos por primera vez nos fuimos convirtiendo —a hurtadillas, pudiéramos decir—, en sus comentaristas, sus cómplices, sus ecobios intelectuales.

No pocos de los conceptos, las imágenes, los argumentos, la cosmovisión que predominó en nuestra actividad crítica durante los tiempos fundacionales de la Revolución fueron surgiendo o reconfigurándose, a la  sombra de su poesía y su prosa, gracias a la desafiante propuesta que Retamar fue instaurando en el espacio cultural cubano de esos años. Muy pronto todos hablábamos fluidamente el lenguaje de la identidad y la descolonización cultural porque estábamos siendo estimulados por una tradición que venía del centro mismo de nuestra historia y de su enlace con el pensamiento  latinoamericano, marxista y tercermundista (a los lectores calibanescos —me consta que aún quedan algunos—  esa genealogía  les resultará familiar).

Entonces queda claro —tanto para viejos como para jóvenes— por qué ahora nuestra alegría, esta curiosísima sensación de frescura, ajena al paso del tiempo, tiene el tamaño de una admiración siempre renovada. Es que aquí la admiración se basa en una deuda y es uno de los nombres de la amistad.

 

Nota:
Este texto fue escrito para el cumpleaños 85 del poeta e incluido en el libro Buena suerte viviendo, de Ediciones Matanzas, publicado en 2017.