A lo largo de este año se celebran nada menos que dos décadas de vida del proyecto Lucas, principal impulsor del video musical cubano con un sentido cultural y artístico, a contrapelo de quienes se le saltan las venas del cuello discutiendo que se trata solo de un producto promocional, comercial. Ambas tendencias se perciben claramente cuando se comparan las listas de los mejores del año (según jurado) y más populares (por votación popular).

De modo que sobran argumentos para confirmar cualquiera de las dos tesis: el video musical protagoniza el consumo de los productos generados en serie por la industria cultural cubana, y al mismo tiempo ha devenido lujo cultural que aúna la música y las más creativas y emergentes tendencias en los marcos del audiovisual postmoderno: hedonismo galopante, culto al individualismo y la sensualidad, deslegitimación de lo solemne, afición desmedida por la cultura de masas (moda, cine taquillero), nostalgia por el pasado en apropiaciones estilo vintage, regusto por el performance y el simulacro…


El dúo  Ibeyi, con su video River, ganó en la categoría de Artista Novel en la reciente ceremonia de los Lucas.


En medio de contradicciones y paradojas, quizás sea útil discutir la siguiente lista de los mejores videos musicales de acuerdo con la diferencia que representan en un conjunto dominado por la promoción obvia y cerrada del cantante y su tropa; el bailoteo de coristas (hombres o mujeres) asumido cual ornamento indistinto; la insistencia primaria, adocenada —y, por lo tanto, vulgar—, en los atributos o potencialidad sexual de intérpretes y coristas; el empleo del color y las luces en un sentido de farándula deslumbrante y nunca en función del concepto que debiera regir la dramatización. En fin, he aquí algunos de los que se atrevieron a trascender los márgenes de lo establecido.

1. Nominado como mejor video del año, fusión y artista novel, River, del dúo Ibeyi, decidió eludir el corte-corte y la profusión de planos, para apoyarse en el minimalismo del encuadre estático, en primer plano, sobre los rostros de las dos hermanas gemelas. De manera hipnótica e inquietante, se habla sobre la ceremonia del bautizo, y también del río en tanto espacio de limpieza en las religiones afrocubanas. Musicalmente, se combinan el soul, el rhythm and blues y los cantos yorubas.

2. El surrealista Fantasma en caravana (Harold López-Nussa) incluye un doble performance: los artistas reales y los personajes cirqueros que interpretan, en un alarde de edición, dirección de arte y manipulación de las luces y el color, todos dirigidos a crear una atmósfera surrealista, a medias entre lo macabro y el humor negro, dentro de una corriente muy cinematográfica que tiene antecesores en Fellini y Bergman.


Fotograma de Sin ir más lejos, de Gema Corredera.


3. Aunque fue nominado en las categorías de dirección, fotografía, dirección de arte y canción, Sin ir más lejos (Gema Corredera) merecía figurar entre los mejores del año. La sensitiva develación de un amor clandestino, se descubre mediante códigos como el plano secuencia y la acción en reverso, de modo que solo al final, cuando la cantante entona el verso de “resulta que me quieres”, el espectador comprende toda la historia, tierna, hermosa.

4. También fue excluido por completo de las nominaciones del jurado y de la popularidad, Me enamoré (codirigido por Raúl Paz y Héctor David Rosales), otro notable ejemplo de dirección de arte sutilmente urdida en una sola locación, con sagaces saltos en la temporalidad, tomas estáticas cuidadosamente compuestas, y cada elemento puesto en función de contar una conmovedora historia de abandono y desamor, muy bien actuada por el cantante.

5. Raúl Paz también codirigió, con Carlos Maristany, Mujer bonita, que, a diferencia de otros muchísimos videos coreográficos, convierte a los bailarines en protagonistas de un juego autorreferencial, de esos que en pantalla grande serían clasificados como “cine dentro del cine”. El cantautor prescinde del delirio “egofigurativo” que ataca a otros intérpretes, y cede su lugar a la escenificación del deslumbramiento amoroso, que es actuado, danzado, gesticulado y sugerido por bailarines y bailarinas, puestos a representar y trascender el exhibicionismo físico, la insinuación erótica, la ejecución acompasada y virtuosa.

6. El muy detallista y apacible Final obligado (Joaquín Clerch) rompe por completo con el tono festivo y danzante que predomina en nuestros videos musicales, para demostrar que las modalidades instrumentales (como Fantasma en caravana) le proveen, a los realizadores imaginativos, un enorme y agradecible margen para crear ficciones y proponer imágenes sorprendentes, libremente asociadas al espíritu de la música. Intimista y lírico, este video demuestra, entre otras cosas, la madurez de su realizador para incursionar en la ficción “en grande”.

7. Emotivo y convincente, por su acompasada edición y la funcional amalgama de estilos fotográficos y figurativos, Cuba, isla bella (Orishas) recurre al tópico a la hora de definir nuestra idiosincrasia a partir de iconos tal vez demasiado vistos. Pero es que tales imágenes, “quemadas” por cierta retórica ultranacionalista o turística, alimentan la nostalgia por la Isla, o la añoranza de quienes viven lejos de ella, tal y como los Orishas lo sienten, lo cantan y lo representan. Pocas veces se ha registrado una oda tan totalizadora y sensible a la epifanía del retorno, un elogio tan rotundo a lo que fuimos, somos y seremos.


Fotograma de MrGrogan, por Juan Padrón.


8. Muy lejos de la anterior efervescencia, Mr. Grogan significa la graficación animada, por Juan Padrón, de una hermosa y triste canción de Colin Hay, el exsolista del grupo Men at Work. Aunque el célebre animador, dibujante y caricaturista cubano se mantiene más o menos distante del oficio, al parecer no pudo resistir la propuesta de ilustrar en imágenes alusivas, de alto contenido nostálgico y reflexivo, la vida más o menos solitaria de un hombre y su perro.

9. El romanticismo del cine negro norteamericano, aquel que contaba historias de boxeadores empujados a crecerse ante la adversidad y redimidos por el amor de una chica, reaparece en Soledad (Leoni Torres), que utiliza con eficacia la participación histriónica de Luis Alberto García y Yuliet Cruz (quienes interpretan respectivamente al entrenador y a la novia), y se vale de recursos muy cinematográficos como la retrospectiva o flashback, enfocado en la subjetividad o los recuerdos del personaje principal.

10. En Traidora (Marc Anthony y Gente de Zona) el realizador Alejandro Pérez trasciende con ingenio, capacidad narrativa e impresionante esplendor en los efectos especiales, las tomas aéreas y los movimientos de cámara, aquellos impactantes videos coreográficos a que nos tiene acostumbrados. En cuanto a la anécdota, se entrecruzan dos temporalidades, presente y pasado, y un afecto compartido entre una muchacha y tres varones, con final sorprendente y hasta gracioso.

Pudieron formar parte de esta lista, si la selección se extendiera a 15 o 20, la espectacular y muy calibrada extravagancia de Qva Libre en Juntos pero no revueltos, que contribuye diestramente con cierta tradición del video musical cubano de apariencia desparpajada e intención humorística.

Por similares deslindes de caricatura y parodia camina Dame Guerra (Buena Fe), que se burla de un caso de flagrante violencia doméstica, a contrapelo de la representación tradicional de mujer victimizada, y muestra a una muchacha negra abusando, abierta y jocosamente, de su novio blanco, representado cual monigote débil y vulnerable. Solo tiemblo de pensar lo que dirían y escribirían las feministas de pasquín si en el video ocurriera al contrario. Simplemente hubiera sido censurado. De modo que cuando la violencia la ejerce la mujer, se vuelve aceptable y hasta graciosa. Se trata, sin dudas, de una obra atendible, y a ratos simpática, en tanto cuestiona con donaire los límites de lo aceptable.

Por supuesto que en la lista “crecida” también pudiera figurar Jacob Forever, cuyo tema Hasta que se seque el Malecón se inscribió en el imaginario colectivo de la nación durante 2016. Pero el video, además de sus espectaculares, pero demasiado reiteradas tomas por el litoral habanero, parece bastante inarticulado y obvio en cuanto a lo que muestra y por qué lo muestra, con las habituales concesiones al bailoteo inmotivado y a la frontalidad del cantante en su rutina.

Pudiera explicar por qué quedan fuera de la lista los popularísimos Diván (Pelearnos un ratico), Señorita Dayana (A ti lo que te duele), Yoyo Ibarra y su orquesta (Candela pa’ la vela), los Ángeles (Yo te amo) y Alexander Abreu y Havana D´Primera (La vuelta al mundo), pero prefiero explicar por qué me gustan estos, que hacer un juicio sobre los que me desagradan. Conste que ambas selecciones tienen que ver con ideas concretas sobre trascendencia, singularidad, carácter artístico o elementos culturalmente atendibles, tal y como solicita el proyecto Lucas a lo largo de sus veinte años.