La concesión del Premio Nacional del humor 2018 al comediante Octavio Fernández, “Churrisco”, y al caricaturista Pedro Méndez, además de justicia, trae una señal importante para el humor cubano de este instante: el reconocimiento de lo auténticamente popular. Las escuetas notas de prensa que han dado la noticia no refieren ni miembros del Jurado ni palabras del acta, lo que tal vez sepamos en el acto oficial, previsto para la Gala del 5 de julio en el Teatro Mella, todo en el marco del Festival Aquelarre.

Octavio Fernández, “Churrisco”, Premio Nacional del humor 2018
Octavio Fernández, “Churrisco”, Premio Nacional del humor 2018. Foto: Internet
 

Fernández, quien comenzó formando agrupación entre la profusa hornada de los ochenta del siglo XX, liderada por Virulo y Carlos Ruiz de la Tejera, pasó pronto a esa modalidad entre la stand up comedy y el monólogo de caracteres que producen varios humoristas cubanos. Y lo hace en un momento en que el costumbrismo está casi demonizado por los nuevos creadores, más concentrados en la sátira social y el referente culto, al modo del clásico argentino Les Luthiers. Nieto de Leopoldo Fernández, el popular Tres Patines, el personaje de “Churrisco” reivindica las bases costumbristas heredadas de familia y supera el valor de contenido de los tópicos temáticos; no solo del legado familiar, sino además del costumbrismo cubano, tan venido a menos en la comedia que terminó por deslindarse del vernáculo. Su coherencia con las barreras del respeto que tanto se saltan los cómicos de todo el universo, hace que se renueve su popularidad entre el receptor masivo, y eso a pesar de que cada vez menos aparece en la pantalla chica. Acaso el recién galardonado le esté debiendo al pueblo cubano que tanto lo disfruta un espectáculo que concentre sus dotes histriónicas y muestre, para nuevas y próximas generaciones, su carrera. Y me refiero a un espectáculo que tenga en cuenta el valor de la producción televisiva, que integre su formación y desarrollo en la escena con el lenguaje que tanto puede dar ese medio. Así, pienso, culminaría la justicia que el Premio le concede.

El caricaturista Pedro Méndez, por su parte, me recuerda una conversación con el poeta Norberto Codina quien aseguraba que, para mantenerse en reconocimiento desde una provincia —Codina se refería al ámbito literario—es necesario hacerlo bateando 400 de promedio. Desde Melaíto, suplemento humorístico del Periódico Vanguardia que sobrevivió a todas las crisis, de la de la carencia de papel, al éxodo de colaboradores, Méndez ha producido un humor que imbrica con naturalidad genérica el costumbrismo y la crítica social.

Sus referentes de codificación humorística son cubanos, aunque no localistas, lo que permite a esta publicación tener cierta incidencia en varias áreas del país. Méndez, además, es un excelente caricaturista personal. Cercano también al ámbito del receptor masivo, cuida en sus caricaturas el trazo comedido y la esencia de la expresión original del sujeto al que dibuja, para sacarle un ápice a las técnicas del retrato sin apartarse del objetivo primario de la risa, desde luego. Su proyecto A-Tendiendo personalidades, que compartió a partir de un momento con su hijo, el artista visual Jámler Méndez, es un despliegue de sus virtudes como artista de la caricatura, una arista importante de las artes visuales que, hasta donde conozco, ha sido soslayada por los críticos.

Como humorista gráfico, Pedro Méndez también ha demostrado su capacidad de abordar temas tabúes —en sociedad general y burocracia específica— al incorporarse al Salón de humor erótico de la UNEAC villaclareña. Y estoy casi seguro de que esta es una arista desconocida de su trayectoria, acaso por paradójica justicia con su capacidad para captar el sentimiento popular y trasmitirlo. Otra línea importante de su obra que no debe olvidarse es la caricatura política, difícil asunto cuando se trata de añadirle ingenio y creatividad a cuestiones que la prensa esquematiza y constriñe. En sus muchos años al frente de Melaíto, urgido por la propia actualidad del Diario al que pertenece la publicación, Pedro ha conseguido sortear con buen tino los retos y ha dejado piezas que también merecen apreciarse.

Por suerte, el Centro Promotor del Humor, a través del Jurado del Premio Nacional de 2018, resalta la obra de estos humoristas, que por tantas series nacionales han mantenido su ritmo de bateo por encima de los 400 de promedio.