En el terreno de la cancionística nacional, de un tiempo hacia acá hay una cada vez más creciente participación de artistas femeninas. Lo interesante es que ya no solo se desempeñan en el área del canto, como ha sido habitual, sino que asumen roles como instrumentistas. Pese al importante papel que tales creadoras vienen desempeñando, llama la atención que en Cuba no se hayan realizado estudios de género, a fin de establecer diferencias y similitudes entre las canciones compuestas por mujeres y las creadas por hombres.


Sara González. Fotos: Internet


Si bien es cierto que el arte no está para ser seccionado, las psicologías de ambos géneros son diferentes, a lo cual se une la realidad de que cada persona le aporta su individualidad a lo que hace. De lo anterior se desprende que nuestra condición de hombre o mujer quedará plasmada, al margen de la propia voluntad del individuo, en la creación artística, porque formamos parte de una historia social. Por ello, la importancia en las ciencias sociales contemporáneas de estudios de género o de generaciones.

¿Por qué históricamente en Cuba han sido pocas las mujeres trovadoras en comparación con los hombres, o cuánto de una visión machista del mundo perdura en canciones de trovadores de nuestros días?

Esos análisis a partir de enfoques de género, pendientes en el universo trovadoresco cubano y en general en toda nuestra música, quizás podrían responder preguntas como: ¿por qué históricamente en Cuba han sido pocas las mujeres trovadoras en comparación con los hombres, o cuánto de una visión machista del mundo perdura en canciones de trovadores de nuestros días? No está de más señalar que el discurso académico que se define como neutral resulta a la postre muy masculino, o sea, que una perspectiva de género para indagar en torno a la práctica musical es más que necesaria.

Piénsese en que al reflexionar acerca de la presencia de la mujer en la historia de la música cubana, hay una gran cantidad de interrogantes que aguardan por serias exégesis. Por ejemplo: ¿Las cuestiones de género pueden quedar limitadas únicamente a lo corporal-baile? ¿Qué rol ha jugado lo sexual en las estrellas femeninas que ha tenido nuestra música? ¿Han sido acaso expresión de la liberación sexual femenina o, por el contrario, manifestación de convertir a la mujer en mercancía? ¿Cómo ha sido la división social del trabajo en la música cubana? ¿Existen entre nosotros en lo musical estereotipos de género? ¿Cuáles? Digo esto último a propósito de la vestimenta, los movimientos en la escena, las letras de las melodías, la forma de cantar, la publicidad, los videoclips… En fin, que ya es hora de que en Cuba, en lo concerniente a los estudios de música y mujer, avancemos del imprescindible recuento biográfico a una fase superior y crítica, en la que se intente establecer las diferencias, si es que existen, en la práctica musical por el género masculino y el femenino.


Heidi Igualada


En espera de que más temprano que tarde podamos contar con investigaciones de dicha índole entre nosotros, por lo pronto veamos cuál es el criterio de Heidi Igualada (Trujillo: 2006) al establecer, en su opinión, las diferencias existentes entre las canciones hechas por mujeres y las que hacen los hombres:

Creo que sí existen diferencias. Siempre hubo mujeres haciendo trova, e independientemente de la voz, que es una diferencia sustancial entre una mujer y un hombre, había algo que las distinguía, una mínima cosa, una sutileza, insisto, que es algo especial que tiene la mujer a la hora de cantar, de componer, e incluso de ponerle música a las canciones.

Con respecto a lo que las mujeres vienen haciendo dentro de los criterios estéticos de la Canción Cubana Contemporánea, entre las que marchan a la vanguardia del destacado pelotón figura en primera línea la pinareña Yamira Díaz. Ella posee un especial carisma que atrapa a cuantos disfrutan de su propuesta en vivo. Como compositora, trabaja diversos géneros que abarcan desde la guajira, el bolero, el son, la rumba, hasta piezas en las que predomina la mezcla de disímiles ingredientes sonoros.

En cuanto a sus textos, los mismos reflejan el amplio abanico de preocupaciones que rondan a la cantautora, desde problemas de carácter social hasta asuntos de índole personal, vistos siempre desde la óptica femenina. Ello se corrobora en los dos fonogramas publicados por la creadora hasta el momento, el casete Mi pueblo y yo (EGREM) y el CD Antes de la noche (Centro Pablo), en los que podemos escuchar la voz cálida, sugerente y tierna de Yamira, de la que Manuel Santín (2006a) ha afirmado que “se sale de los registros habituales empleados por los cantautores, quienes en muchas ocasiones poseen una tesitura vocal limitada”.

En una cuerda bastante parecida está Ana María García, residente en la localidad de Güines, lugar en el que ha insuflado aliento vital al proyecto Agua de Coral. Creo que el principal rasgo que la distingue como trovadora es la madurez que ha alcanzado al cantar: su afinación resulta perfecta, a lo cual une la virtud de saber interpretar, siempre acorde con los distintos géneros que asume. Ha apostado por asociarse con poetas como Felicia Hernández, Elizabeth Álvarez y José Luis González, para que estos sean los encargados de escribir los textos de sus canciones, con lo cual retoma una antigua tradición de la música cubana que lamentablemente se ha perdido en los últimos tiempos. Sus piezas se destacan por la belleza de las líneas melódicas y por lo general están armadas con armonías sin demasiadas complejidades, pues persiguen la transparencia como objetivo fundamental.

De algún modo, son continuadoras de la huella dejada en nuestra música por la corriente del feeling y, si una palabra define su quehacer, creo que sería sensibilidad.

En este breve recuento de lo que está pasando en la escena femenina de la Canción Cubana Contemporánea resulta imposible soslayar la tríada que conforman Heidi Igualada, Lázara Ribadavia y Rita del Prado. Aunque dueñas cada una de una personalidad propia y de una obra con suficientes méritos como para formular comentarios individuales, por motivo de las cercanías estéticas y de amistad entre ellas, las agrupo aquí para abordar el presente tema. En esencia, las tres poseen un marcado acento lírico, en el que prevalece una mirada introspectiva, a veces desgarrada. De algún modo, son continuadoras de la huella dejada en nuestra música por la corriente del feeling y, si una palabra define su quehacer, creo que sería sensibilidad [1].

Procedente de la segunda mitad de la década de los 80, Niuska Miniet es una cantautora que ha tenido una carrera artística un tanto inestable, pues ha pasado por períodos de total inactividad. Todavía se le recuerda por su participación como una de las vocalistas del formidable grupo de rock progresivo denominado Teatro del Sonido y por sus presentaciones a comienzos de los 90 en la ya desaparecida Casa del Joven Creador. Con una profusa obra autoral, en años recientes ha vuelto a la carga y ha grabado su primer disco, Alguien en la esquina, gracias a la colaboración de Pedro Luis Ferrer.


Yusa


Así como algunas figuras retornan a la palestra musical, también llegan otras nuevas, como ocurrió con el caso de Yusa, una muy talentosa multiinstrumentista y compositora que ya ha editado cuatro CDs y un DVD. A propósito de su debut fonográfico, publicado por el sello Tumi Music (Gran Bretaña), hay que decir que es un álbum que abre nuevas líneas temáticas para la cancionística nacional y acerca del cual la crítica (Manduley, 2002b: 31) se ha manifestado en términos elogiosos:

Debut discográfico de esta creadora que ya venía dando que hablar desde algunos de sus proyectos anteriores (Domingo & Yusa, Club Di Chávez) y que ahora se nos presenta no solo como una destacada compositora, sino también como multiinstrumentista (guitarra, piano, bajo eléctrico) y cantante. El fonograma está articulado alrededor de sus canciones como plato fuerte, demostrando la versatilidad referencial que la anima; un estilo que toma de muchos sin anclarse definitivamente en ninguno, abonando esa inquietante tierra de nadie que pertenece, no a la originalidad precisamente, sino más bien (así lo escucho yo) a la diferencia, lo cual puede resultar mucho mejor.

A pesar de la recurrencia a géneros varios como el bolero o la más íntima canción de autor, el tratamiento huye de lo convencional y esto es lo primero que hay que agradecer: esa búsqueda de un sello que no oculte las influencias, pero que tampoco se estanque en ellas. De ahí, tal vez, la imposibilidad de catalogar esta obra dentro de las etiquetas al uso, marcando de paso otro eslabón dentro de ese giro que ha tomado la denominada Canción Cubana Contemporánea y que comienza a repercutir favorablemente dentro de nuestra producción. Hay otros lujos: la complejidad armónica, el cuidado en los arreglos, la alta calidad interpretativa de los músicos convocados (Robertico Carcassés, Oliver Valdés, El Indio Fernández, Lucía Huergo, Elmer Ferrer, Sagua, El Pícaro, y otros), y el trabajo como productor de Pavel Urquiza, proporcionan elementos suficientes para redondear unos temas donde se juega con lo reflexivo, la melancolía, el divertimento lúdico, la introspección y lo puramente narrativo, desde una óptica que se mueve entre el desenfado gozoso y el desgarro interior.

Cuando uno escucha a Yusa se da cuenta de que, si bien la canción en Cuba registra ya una larga historia, que llevó al establecimiento de determinados parámetros o rasgos distintivos del género en nuestro contexto, va siendo hora de formular una revisión de lo que pudiera definirse como el canon valorativo en ese orden. No se trata de desvirtuar el rico devenir de la cancionística nacional y de los modos tradicionales de asumirla, pero cualquier estudioso de nuestra música, y en particular de su más reciente producción, concordará conmigo en que las mutaciones que creadoras como esta han ido introduciendo en los elementos morfológicos empleados al componer, están originando un modo distinto en el discurso músico-textual de la canción en nuestro país.

Si una figura resulta representativa para visualizar semejante proceso entre nosotros, ella sería precisamente Yusa, quien ha heredado un poder de sincretismo y mestizaje que posibilita que su creación sea, a la vez, heterogénea, ecléctica, cosmopolita y profundamente transida de cubanía, a pesar de que no cesa de experimentar, actualizar y renovar su estilo creativo. Cantautora y multiinstrumentista capaz de recorrer un espectro sonoro que por momentos puede ser muy expansivo y, en otros, extremadamente íntimo, es una artista dispuesta a reinventarse de manera permanente.

Una zona en la que el accionar de voces femeninas ocupa un lugar protagónico es la de la creación de música para niños.

Una zona en la que el accionar de voces femeninas ocupa un lugar protagónico es la de la creación de música para niños. Edelis Loyola está entre quienes se destacan en este orden, y junto a ella hay que aludir a figuras como Coralia Arregoitía o la muy joven cienfueguera Nuria Vega Valdés. En esta línea sobresalen el fonograma El patio de tu casa, acreditado a Rita Rosa  (directora coral afincada en Miami), y nominado en 2009 a los premios Grammy Latinos en la categoría Mejor Álbum Para Niños, y el disco-libro Cantando te cuento, publicado durante 2005 en Barcelona por la matancera Tania Moreno (actualmente residente en España), a través de Linkgua Ediciones S.L. [2]. Cabe decir que desde los tempranos 90 esta trovadora ya hacía hermosos trabajos para los pequeños. De aquel período, aún se recuerdan su vínculo con coros de niños como el que tuviese en Matanzas, o los lauros que alcanzase en el concurso de canciones infantiles Gisela Hernández, en el que llegase a obtener el primer premio con su composición titulada “Cocuyos”, de singular belleza en su línea melódica y en el texto:

Cuando los cocuyos llegan / la noche se pone alegre. / Y si les caigo detrás, / la noche se alegra más.

Son lucecitas inquietas /que alumbran mi habitación. / Y yo, corriendo detrás, / agito mi corazón.

Cuando los cocuyos llegan / la noche se pone alegre. / Se alegra la noche; / la noche se alegra / y yo, corriendo detrás.

Cantando te cuento es, sin duda alguna, un producto artístico de alta valía, acerca del cual repito lo afirmado por Alexis Castañeda Pérez de Alejo (2005):

Agradezco estos nuevos rumores de la Moreno, que ha vuelto con pruebas certeras de que la creación aún la posee. No sé si la guitarra todavía le queda enorme, si mantiene aquel gesto de salutación sobrecogedor, pero desde el disco nos llega la misma dulzura, el mismo imaginario encantador, que ayudados por el recuerdo nos permite armar aquel suceso extraordinario que era encontrarla.

Por inscribirse de una u otra manera en el contexto de los parámetros estéticos de la movida de la cual estoy hablando, debo incluir en el accionar femenino dentro de la Canción Cubana Contemporánea a la guitarrista y vocalista Danays Bautista, quien dirigió en La Habana la agrupación vocal instrumental Esperanza, hasta el instante en que dicha artista pasa a residir en España. Ella ha trabajado un repertorio en el que el buen gusto es el signo predominante, en su labor como cantante o como llamativa ejecutante de la guitarra, instrumento que ha tenido que abandonar tras un lamentable accidente en el metro de Madrid. Por su parte, Bárbara Milián es alguien que en Varadero está al frente del trío femenino Cantarelas y sobresale tanto por sus creaciones como por su dominio guitarrístico.

Entre las noveles voces de mujeres hacedoras de canciones que comienzan a dar que hablar, hay que mencionar a Mariley Reinoso (en estos momentos vive en el Reino Unido), cuyas composiciones criollizan elementos de la música celta y de la de Irlanda. Tal como acontece con otros creadores locales, ella ha escogido el inglés como idioma, un fenómeno que si bien resulta bastante común entre los cultores del rock, es una rareza entre nuestros cantautores. Otro tanto cabría decir de Maye Azcuy, musicóloga de formación y hoy radicada en España, quien lleva adelante una carrera como intérprete de sus propias composiciones, las cuales se hallan muy influenciadas por el jazz. Están también el dúo Jade, la santiaguera Adriana Assef, la camagüeyana María Eugenia Blanco, la holguinera Ivette Rodríguez (conocida inicialmente como integrante del dúo Réquiem), las villaclareñas Irina González, destacada multiinstrumentista y compositora de temas en los que sobresale su modo de procesar los elementos procedentes del jazz y de la música brasileña, y la ya mencionada Yaíma Orozco, las habaneras Annery Velasco e Isadora Cruz Guerra. Esta última es una violinista formada a medio camino entre La Habana y París. Como intérprete de sus propios temas evidencia un fuerte temperamento al cantar, con un timbre y una coloratura no habituales entre nuestras vocalistas, y nos hace evocar a rockeras argentinas como Fabiana Cantillo o Claudia Puyó.

Un caso harto interesante es el de Lilliana Héctor Balance. Lo sucedido con Lilly —como la conocemos los trovadictos— ejemplifica a la perfección lo ocurrido con la generación de trovadores a la cual pertenece. Al ser comparada con la precedente, se nota de inmediato que su proceso de maduración, tanto a nivel de composición como de interpretación, ha resultado mucho más rápido, prueba de lo cual está en el hecho de que se han enfrentado al momento del primer concierto con edades en las que otros solo podían aspirar a presentarse en peñas o en funciones de carácter colectivo.

Y es que canciones de Lilly como “Queja de la luna llena”, “Díaz de calor”, “Son de Camagüey”, “Convocatoria”, “No tan feliz” o “Retrato con el pelo corto” (compuesta con Ariel Díaz) hablan por sí solas de una creadora que, a través de sucesivos tanteos, ya ha alcanzado una voz propia, en la que se destaca lo cautivante de sus textos. En ellos prevalece un discurso de clara orientación feminista.


Lilliana Héctor

Ocurre que a estas alturas del siglo XXI hay tantas razones para ser feminista, como reclamar que hombres y mujeres seamos iguales en dignidad y derechos.

Ocurre que a estas alturas del siglo XXI hay tantas razones para ser feminista, como reclamar que hombres y mujeres seamos iguales en dignidad y derechos, pedir el fin de la violencia del sistema machista que desprecia a los seres diferentes, o luchar porque verdaderamente algún día se haga realidad el ideal republicano de libertad, igualdad, fraternidad, un sueño todavía pendiente. Por todo ello y por mucho más, las canciones de Lilly nos invitan a identificarnos con esa mitad de la humanidad, exmoradora de la antigua ciudad de Delfos, donde estaba el templo de Afrodita. A fin de cuentas, el canto feminista de Lilliana Héctor hace pensar que, como dijese hace años Víctor Hugo, “la utopía de hoy es la realidad de mañana”.

Uno de los materiales discográficos que en 2011 más captó mi atención, es el álbum titulado La luz es música, acreditado a la joven violinista y compositora Tanmy López, y que surgiese a partir de ser Premio de Creación Ojalá 2010 en un concurso de musicalización de poemas de Rubén Martínez Villena. Conozco el trabajo de Tanmy desde que fuese integrante de la camerata Romeu y luego miembro de agrupaciones como Warapo e Interactivo o del dúo Dádiva, y si bien el sentido de crecimiento artístico en ella empieza a apreciarse en la maqueta denominada Cambios y en el quehacer al frente de la banda que nombró Pura Cepa, el momento que en mi opinión marca la madurez musical de la creadora es el producido a propósito de su acercamiento a los poemas del otrora líder comunista.

Estoy convencido de que ni el propio Martínez Villena jamás imaginó que uno de sus textos podría convertirse en un muy sabroso guaguancó, al corte de lo realizado por Tanmy en “Celos eternos”, una de las creaciones literarias de Rubén que lo bajan del pedestal en que la mala propaganda suele colocar a figuras como él y nos lo acerca al hombre común, ese que como cualquier mortal tiene sentimientos posesivos hacia su pareja. Aunque las diez piezas registradas en el álbum me atrapan, siento especial gusto por algunas. Ello me sucede, por ejemplo, con “El faro”, uno de los poemas de Rubén Martínez Villena por el que siempre he experimentado mayor predilección, gracias a la singular elegancia con la que en el texto se sugiere lo erótico. Tratado musicalmente con los aires de un afro en 6X8, el tema resulta en la interpretación de Tanmy una hermosa muestra de la armoniosa conjunción entre la tradición y lo contemporáneo, además de ser modélico en cuanto a cómo la autora resuelve la estructura musical de un soneto de forma irregular. Algo por el estilo cabría afirmar de “Motivos”, concebido como un son, o de “Ironía”, trabajado como un chachachá.


Tanmy López


Con orquestaciones en que las cuerdas de los violines están tratadas a la usanza de la música de cámara y a tres voces, otra sorpresa del CD es la inclusión de géneros latinoamericanos como el tango y el banbuco, que son perfectamente asimilados y traídos a nuestros días. No falta en el disco un danzón, el soneto “Insuficiencia de la Escala y el Iris”, toda una declaración de arte poética de Rubén Martínez Villena y cuyo primer verso dice “La luz es música en la garganta de la alondra”, interpretado a dúo con Silvio Rodríguez para finalizar un fonograma que nos deja la sensación de que hay mucho mundo interior en Tanmy López, encantadora mujer que se revela como una notable compositora.

Asimismo, debo aludir a varias cantantes que se han puesto en función de esta estética, como ocurre con Rochy Ameneiro, Nadia Nicola, Vionaika Martínez, Milada Milhet, Glenda Fernández, Damaris Figueroa, Aurora de los Andes, Amanda Cepero, Legna Tocado, Ivón Echavarría o las hermanas Lynn, Suilén y Haydée Milanés. Obviamente, hay omisiones en este recuento, en el que no me he referido a figuras harto reconocidas como Liuba María Hevia, Marta Campos o Sara González, ni a las que están haciendo su obra allende los mares, como Albita Rodríguez, Alma Rosa, Odalys Salinas (por sobrenombre artístico Oda), Milagros Piñera-Ibaceta, Cristina Rebull, Isa Alfonso, Lidia Rosa Hernández (Lía), Ana María Perera y Niurka Curbelo. Lo cierto es que en materia de cantautoras cubanas, en el presente las muchachas se divierten.

 

Notas:
1. Para mayor información sobre estas tres trovadoras, ver Trujillo (2006).
2. Para mayor información sobre este fonograma, ver Borges-Triana (2005b) y Castañeda Pérez de Alejo (2005).
 
Referencias bibliográficas:
Borges-Triana, Joaquín. 2005b. “Tania Moreno. Cantando te cuento”. Los que soñamos por la oreja (Boletín Electrónico de Música Cubana Alternativa), edición no. 11 (octubre), <http://oreja.trovacub.com/boletin.html> [Consulta: 03.11.2005].
Castañeda Pérez de Alejo, Alexis. 2005. “El encantador rumor de Tania Moreno”. Los que soñamos por la oreja (Boletín Electrónico de Música Cubana Alternativa), edición no. 12 (noviembre), <http://oreja.trovacub.com/boletin.html>[Consulta: 04.12.2005].
Manduley, Humberto. 2002b. “Yusa”. Revista Salsa Cubana, año 6, no. 19, La Habana, pp. 31-32.
Trujillo, Idania. 2006. “Rita, Lázara, Heidi. Tres maneras de trovar”. Los que soñamos por la oreja(Boletín Electrónico de Música Cubana Alternativa), edición no. 19 (junio), <http://oreja.trovacub.com/boletin.html> [Consulta: 04.07.2006].
 
Capítulo del libro Canción Cubana Contemporánea. La luz, bróder, la luz, de Joaquín Borges-Triana, Ediciones La Memoria, 2da. Edición, 2012.