Calle Muralla. La Habana, 1973. Foto: José A. Figueroa

A ochenta millas de proa al viento rnaestral el hombre llega a la ciudad de Eufamia, donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya lía sus enjalmas para la vuelta con rollos de muselina dorada. Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es sólo el trueque de mercancías que encuentras siempre iguales en todos los bazares dentro y fuera del imperio del Gran Kan, desparramadas a tus pies en las mismas esteras amarillas, a la sombra de los mismos toldos espantamoscas, ofrecidas con las mismas engañosas rebajas de precio. No sólo a vender y a comprar se viene a Eufamia sino también porque de noche junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice -como «lobo», «hermana», «tesoro escondido», «batalla», «sarna», «amantes»- los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar todos los recuerdos propios uno por uno, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufamia, la ciudad donde se cambia la memoria en cada solsticio y en cada equinoccio.

 

Italo Calvino nació en Santiago de las Vegas, Cuba, en 1923. En esa localidad rural sus padres, Mario Calvino y Evelina Mameli, dirigieron la estación experimental agrícola, por lo que se les tiene como los introductores de la agronomía científica en nuestro país.
Durante la II Guerra Mundial Calvino se incorporó a la resistencia contra el fascismo en las Brigadas Partisanas Garibaldi. Fue narrador, ensayista y periodista. Su obra más célebre es la trilogía Nuestros antepasados, compuesta por las novelas El vizconde demediado, El barón rampante y El caballero inexistente (escritas entre 1952 y 1959) que, aunque se presentan con un tono de fábula, contrapuesto a sus filiaciones neorrealistas anteriores, propone una intensa lectura de la contemporaneidad.
Dentro de su nutrida bibliografía se destacan El sendero de los nidos de araña (1947), La especulación inmobiliaria (1957) y El castillo de los destinos cruzados (1969). Con el tiempo se ha hecho célebre el libro de narraciones poéticas Las ciudades invisibles (1978), ampliamente frecuentado en el mundo académico, y del cual tomamos el texto que compartimos aquí. Se trata de una novela fragmentada, de compleja estructura y de espesa metatextualidad donde dialogan Kubla Khan y Marco Polo.
Calvino visitó Cuba en 1964 para participar como jurado en el Premio Casa de las Américas. Aquí visitó el lugar donde había nacido y se casó con la argentina Esther Judit Singer. Falleció en Italia en 1985 a causa de un ataque de ictus cerebral. (AF)