A propósito del próximo estreno de Neruda (2016), el reciente paso por nuestras pantallas de Jackie (2016), y la proximidad del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en el cual destaca la representación chilena, tal vez resulte de interés profundizar en la filmografía de Pablo Larraín, autor de los dos filmes mencionados, y hasta recomendar algunos de los títulos chilenos (Una mujer fantástica, Los perros) que podremos ver en diciembre.
 

Foto: Mubis.com
 

Apasionado por retratar los traumas de la personalidad aherrojada por un poder político dictatorial, omnímodo, el chileno Pablo Larraín hace filmes obsesionado por registrar tales heridas psicológicas en el pasado. Tales temas aparecen al centro de sus mejores y más famosos filmes: Tony Manero (2008) y Post Mortem (2010), que se ambientan en el Santiago de Chile de los años 70; el primero describe la vida de un hombre obsesionado con parecerse al protagonista de Saturday Night Fever, y el segundo cuenta una historia de amor y traición en medio de la criminal represión desatada por el golpe militar pinochetista. Justo el punto final del oscuro periodo, el plebiscito de 1988, está registrado en No (2012), última parte de una trilogía en la cual la densidad política se potabiliza a través de un profundo tratamiento genérico cercano al thriller, el cine criminal, el melodrama e incluso el humor ocasional.

Entre 2008 y 2012, Larraín se convirtió en el más reconocido de los cineastas chilenos, y en ese mismo periodo devino promotor del cine nacional a través de Fábula, una empresa dedicada al desarrollo del cine, la publicidad y los videos musicales, de modo que impulsó las primeras obras de los hoy muy reconocidos Sebastián Silva (La vida me mata), Sebastián Lelio (El año del tigre, Gloria) o Marialy Rivas (Joven y alocada). El año 2015 trae el filme más premiado del director, El club, donde se muestra un Larraín más concentrado en la subjetividad y en los matices, pero igualmente concentrado en el pasado, los crímenes más o menos encubiertos del poder, la hipocresía y la ética.

Dos biopic, una de ellas nada convencional y realizada en Chile (Neruda) y la otra hablada en inglés, debut en Hollywood y bastante santificadora o hagiográfica (Jackie), fueron los siguientes pasos de Larraín. En coproducción entre Chile-Argentina-Francia-España y Estados Unidos, se realizó la biografía del legendario poeta y político, en un intento por humanizar el mito, en vez de mancillarlo, como han asegurado algunos críticos ante este Pablo Neruda acomodado y hedonista, mitómano e histriónico, vanidoso y manipulador. Porque además el personaje es visto, mayormente, a través de la subjetividad de un detective que persigue a Neruda por comunista, a finales de los años 40, e intenta desacreditarlo, hacerlo callar, apresarlo.

El detective perseguidor es un personaje ficticio que interpreta Gael García Bernal (conocido de Larraín desde la época de No) y coloca al filme en contacto directo con el cinema noir de los años 40, con la voz en off del investigador como hilo conductor de la narración. Esta atención, tal vez excesiva, al pensamiento de un antihéroe ficticio, le confiere al filme una flexibilidad entre el relato histórico realista, documentado, y las fantasías mitologizadoras que rodean al poeta y su época. De este modo, el cineasta muestra los finos hilos con que se tejió el mito, y además muestra al más alto de los intelectuales chilenos en tanto ser humano contradictorio, complejo, nada que ver con Jackie, lacrimógena, glamorosa y santificante biografía de la viuda del trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, puesta al servicio de Natalie Portman.

Atenta también a los traumas marcados en el imaginario colectivo durante las épocas más oscuras del pasado chileno, la realizadora chilena Marcela Said se coloca en el mapa de las más distinguidas en América Latina, al ganar, con Los perros (2017), los premios al mejor largometraje de ficción en el Festival de Biarritz, el Horizontes Latinos de la 65 edición del Festival de Cine de San Sebastián, y ahora se anuncia en la representación oficial del Festival Internacional del Cine Latinoamericano en La Habana.

Said propone la exploración de las zonas grises, en personajes singulares y complejos, mediante un tema tan controversial como la silenciosa complicidad del mundo civil con la dictadura militar y sus atrocidades. En el argumento de Los perros hay una mujer de clase alta, Mariana, que conoce a Juan, un exmilitar investigado por abusos de derechos humanos durante el régimen de Pinochet, y que ahora es su profesor de equitación. Mariana descubre que incluso su propio padre, y el correspondiente círculo social que los rodea, también apoyaron la dictadura, y así Los perros se sitúa en una línea temática similar a I love Pinochet, que Said realizó en 2001, y también le confiere continuidad a la célebre trilogía integrada por Tony Manero, Post Mortem y No, una intención de persistencia reforzada cuando se sabe que los protagonistas del filme son Antonia Zegers y Alfredo Castro, protagonistas de El Club y de varios filmes de la trilogía mencionada.

También competirá en la sección oficial, la película chilena Una mujer fantástica, premiada como mejor guion y mejor película de temática LGBT en la 67 edición del festival de Berlín. Responsable de esa oda a la supervivencia de una protagonista enfrentada a los retos de la madurez y la soledad que es Gloria (2013), Lelio vuelve a enfocarse en la perspectiva de una mujer a contracorriente, en este caso una transexual cuya pareja muere y la familia de él la rechaza y margina por completo. Con una notable actuación de Daniela Vega, en el papel de esta heroína decidida a enfrentar la mirada descalificadora, hipócrita o condescendiente de muchos, la película de Lelio es una coproducción chileno-española-alemana y fue evaluada por la revista Variety como una cinta “luminosa” cuyo director logra un retrato “de exquisita compasión” de su personaje principal.