No sé cuánto tiempo estuvo a la vista pública, pero el solo hecho de haber existido, bien merece se le dedique unas líneas. Bajo la tenue capa de pintura gris, todavía puede leerse: “FUERA MUD TRAIDORES”.


Sobre el muro inferior, el cartel que no tardó en ser borrado. Foto: Liliam Lee

 

Era impensable apenas unas semanas atrás que un grafiti de este tipo, contra uno de los principales partidos de la oposición venezolana, adornara una de las principales avenidas de la ciudad capital de Venezuela, Caracas. A escasos metros de este sitio la oposición desató una irascible, por no decir irracional violencia, para derrocar esa misma “dictadura” que solo con gases lacrimógenos intentaba, infructuosamente, reestablecer la calma.

Desde esa misma intercepción en la que convergen las Avenidas Francisco de Miranda y Coromoto, la prensa nacional e internacional tomó varias de las imágenes que no tardarían en ser titulares alrededor del mundo. Miembros de la Policía Nacional Bolivariana fueron víctimas de un atentado que pudo costarles la vida; sin embargo, los grandes medios solo se limitaron a informar, sin emitir una palabra de repudio a tanta escalada de violencia opositora.

Mientras esto ocurría en Altamira, uno de los centros del visceral “ataque” de la oposición, esa jornada de domingo más de ocho millones de venezolanos acudieron a las urnas para elegir a sus representantes en la Asamblea Nacional Constituyente, y sobre ese ejercicio de democracia muchos periódicos, canales de televisión y medios radiales prefirieron hacer mutis. No era esa la Venezuela que querían mostrar.


Una Asamblea que busca la Paz, siguiendo la voluntad popular. Foto: Internet

 

Sin embargo, gracias a la voluntad de los que lograron evadir las agresiones de sus vecinos y las trancas que obstaculizaban el paso con la intención de sabotear el sufragio, una Asamblea Nacional Constituyente sesiona en la nación latinoamericana con el principal cometido de instaurar la paz.

Mucho descrédito han debido acumular los líderes de la oposición para que, en la zona residencial de Altamira, un anónimo cartel gritara a viva voz “FUERA MUD TRAIDORES”.

La calma llegó a Venezuela, pero no de la mano de una oposición que pide a los cuatro vientos una invasión. Llegó de súbito, gracias a la voluntad popular. La Venezuela invisibilizada, esa que resiste, impuso su ley, una ley que convoca a vivir en armonía a pesar de las diferencias.