Ya es un lugar común que los cubanos exijamos a la televisión lo mismo que a nuestros peloteros. Y que casi nunca encontremos criterios unánimes para medir las satisfacciones y los desaciertos para emitir nuestros veredictos.

Este año la televisión cubana se esmeró para complacer a diferentes públicos pero lo hizo, en mi opinión, cargando demasiado la mano en los llamados programas participativos.

Habría que ver hasta qué punto la influencia de las televisoras internacionales ha estado marcando la pauta y sustituyendo a lo auténticamente cubano y a la verdadera creatividad por remedos de espacios foráneos adaptados a nuestras condiciones.


La Colmena Tv es de lo mejor que la televisión cubana ha conseguido facturar en los últimos años.
Foto: Cubadebate


En este sentido, un ejemplo de cómo se puede ser originales y contribuir de una manera entretenida a elevar los conocimientos de los cubanos es El selecto club de la neurona intranquila, espacio de participación que apela a los mejores mecanismos de la repetida competencia con frescura y un aliento de sabor nacional que en nada se parece a los banales reality show de procedencia foránea.

En las antípodas está algo como Somos familia. El programa, apelando a esquemas de moda muy parecidos a los que llegan a Cuba a través del “paquete”, hace concesiones a lo banal con un montón de secciones que no aportan nada al conocimiento, a pesar de la excelente conducción de sus presentadores.

Se dirá que se trata de algo “ligero”, para ser consumido por un espectro de público que, seguramente, es el mismo que disfruta del llamado “paquete”. Pero en este caso creo que la buena factura no basta para espectadores que requieren de un poco más, dado los altos niveles de instrucción de nuestra población.

De Sonando en Cuba no puede decirse lo mismo. Este es también un reality show, pero goza del gran mérito de haber conseguido que la gente, en especial los jóvenes, se acerquen a la música cubana aun cuando, en ocasiones, algunas canciones de las escogidas no se correspondan con lo mejor de nuestra riquísima tradición sonora. Solo por haber sido hecha en Cuba, una pieza musical no tiene por qué ser necesariamente valiosa.

De todas maneras el espacio es, sin lugar a dudas, de lo mejor que la televisión cubana ha conseguido facturar en los últimos años y sería bueno que permaneciera como fijo en las parrillas televisivas durante todo el año.

Lo mismo ocurre con La Colmena TV. Ver a los niños mostrando todo su talento es algo digno de elogio. Sabemos la gran labor desplegada por La Colmenita desde el mismo momento de su fundación y ya era hora de que tuviera un espacio en la pequeña pantalla. Quizás también fijo y con algún cambio de horario para que los niños más pequeños puedan también disfrutarlo.

En cuanto a la programación cinematográfica, es loable que haya el afán de mostrar otras producciones que no sean necesariamente norteamericanas, pero habría que pensar un poco en la calidad del cine italiano y francés que se exhibe por Multivisión, puesto que la mayoría de las escogidas son comedias un tanto frívolas que no reflejan la calidad del cine europeo. Tal vez también debió pensarse en las producciones del llamado Tercer Mundo, que cada día se proyecta como diferente y merece un espacio que no encuentra en los monopolios de distribución internacionales.

De todos modos, puede decirse que este año hubo en la televisión una voluntad mayor por diversificar los rutinarios programas que, en ocasiones, el televidente se ve obligado a ver.

Pero somos exigentes y todavía falta mucho para ofrecer una programación que estos tiempos de globalización demanda.

Escasean los dramatizados de producción nacional, a pesar de las buenas muestras que se han exhibido en el espacio Una calle, mil caminos, ejemplo fehaciente de que existe el talento necesario para facturar muy buenos teleplays.

El verano 2017 ha superado en la pequeña pantalla a otras estaciones estivales precedentes y, aunque lo mismo que para la pelota, los cubanos nos sintamos expertos a la hora de criticar a la televisión, no cabe duda de que existió voluntad y hasta pruebas de que Cuba cuenta con un inmenso caudal de imaginación y talento para una empresa tan difícil como la de complacer a los diferentes públicos.

Quizás cuando acabemos con la idea de que “lo moderno” está en lo que se produce fuera de nuestra área geográfica, podamos presenciar una verdadera “explosión cultural” en el medio por excelencia de la población cubana.

En crear y no en imitar encontraremos las claves del éxito ya sea en verano como en todas las estaciones del año.