La gran fiesta del tambor, la rumba y el baile se efectuará del 6 al 11 de marzo, en el teatro Mella tendremos la esperada Fiesta del Tambor Guillermo Barreto In Memorian, dedicado a Brasil. Durante toda la semana disfrutaremos en el teatro Mella de conciertos, clases magistrales, concursos, Todos Estrellas de los mejores percusionistas, tributos a la mujer, homenaje a Merceditas Valdés. En otras noches de rumba homenajearán a Chano Pozo (centenario), Tata Güines, Angá a Los Papines, Guillermo Amores y a la orquesta de Manolito Simonet. También se organizó una competencia de baile Casino y Rumba.

 Actuación del grupo Tibalaye el 28 de febrero de 2018. Fotos: Marcelino Vázquez Hernández. ACN
 

La Fiesta de la Rumba

Argeliers León ha dicho claramente que la rumba es una fiesta de celebración, festiva, colectiva, no ritual, es una música profana, para divertirse en un jolgorio.

Para armar esa fiesta los negros cubanos no necesitaban muchos instrumentos sofisticados, más bien utilizaban lo que encontraban a su alcance, instrumentos domésticos: tablero del escaparate, sillas, taburetes, la mesa o la puerta, cajones de bacalao o de velitas se la firma Sabatés, cucharas, cualquier material sonante que propiciara entonaciones. Con eso, ya estaba formada una rumba, pero, detrás de esa fiesta existió una tragedia oculta que hay que contar.

Ciertamente el dolor de la esclavitud y el desarraigo deja paso a la euforia del encuentro y de la unión al ritmo contagioso de la música. Un homenaje apasionado y sumamente personal a los antepasados africanos que efectuaron la primera travesía hacía América, pero también un himno a la fraternidad entre los seres humanos, reunidos aquí por la magia del arte, la visión universal y la fantasía inspirada del artista ha señalado Isabelle Leymarie.

Las autoridades coloniales, a través de sus prohibiciones, nos revelan la importancia que tenían para la trasmisión de ese universo mágico y simbólico en el que se mezclaban los mitos, los ritos y las costumbres. Por ese motivo, la investigadora María del Carmen Barcia explica que “tras la aparente superficialidad de reuniones que se caracterizaban por el bullicio, la diversión y la movilidad podían ocultarse, con cierta habilidad propósitos transgresores de todo tipo y mucho menos inocentes que esas actividades supuestamente placenteras. Y es, tradicionalmente, la subversión social la que ha encontrado en las celebraciones un espacio idóneo para divulgar sus propósitos y organizar sus acciones”.

Ciertamente, los esclavos con su música trasmitían sus universos mágicos y simbólicos. Se entremezclaban los mitos, ritos y costumbres que muy tempranamente habían sido reprimidos porque enmarcaban otras creencias que fueron convertidas en clan destinas porque correspondían a grupos subalternos, racial y socialmente oprimidos.

Los negros cantaban —sigue diciendo Barcia— y danzaban su épica en los cabildos cuando vivían en las ciudades, y en los barracones cuando estaban en el campo. En esos espacios recitaban sus historias, reproducían los relatos mitológicos, las fabulas y los cuentos a la manera de sus tierras de origen. Todo ese mundo real maravilloso provenía de África, donde los bardos de la corte recitaban las loas de los reyes bantú que se trasmitían luego de generación en generación. Esos cantores rememoraban las crónicas y las hazañas de las dinastías y de los grupos étnicos, es decir resaltaban sus historias a través de leyendas, cuentos, fabulas y parábolas y las representaban en danzas; eran verdaderos espectáculos en el cual intervenían la pantomima, la música, el canto y el baile.

Por esas cosas de la cultura, la música te da sorpresas, esos europeos ahora van en busca de las culturas originales de esos pueblos colonizados. Como casi siempre resulta, los colonizadores se fascinan con el arte del colonizador.

Actuación de la compañía de salsa, mambo, y cha cha cha el 7 de marzo de 2017. Foto:Oriol de la Cruz. ACN
 

Alejandro García Caturla en carta a Nicolás Guillén le revela: “Durante mi estancia en París a fines del año 1928 y en banquete patriótico del 10 de octubre que se efectuó en La Rotonda, tuve la oportunidad de hablar con Vasconcelos sobre nuestra música vernácula… Me decía que en Pinar del Río podía encontrar yo música guajira autóctona y no veía con buenos ojos artísticos, humanos y sociales las manifestaciones populares de la música afrocubana, fuente de las obras que desde hace cinco o seis años venimos produciendo Amadeo Roldán y yo”. (Fondos del Museo Nacional de Música)

Sobre el tema Miguel Barnet expresó: “Me di cuenta que la rumba se había quedado, había traspasado todas las barreras de los prejuicios de los tabúes, se había ido por encima de muchos otros géneros, y hasta por encima de la cronología de la historia, para pasar a la propia historia. Más allá de la historia a la leyenda”.

En la primera exposición expuesta en París de Wifredo Lam, el 14 de julio de 1939, en la galería de Pierre Loeb, en la Rue des Beaux Arts. Asistieron los grandes de aquellos momentos: Picasso, Marc Chagall, Le Corbusier. Brindaron con champán por el pintor cubano triunfador.

De la exposición Lam marchó con Picasso a un café en los Champs-Elisées para ver bailar cancán. Al no haber función, se fueron a algo más primitivo y auténtico en Montparnasse al cabaret de la Rue Vauvin, La Boule Blanche y brindaron con champán para ver una rumbera con una negra cubana. Picasso estaba entusiasmado con algo verdaderamente cubano. “Eso si es música”, exclamaba. Lo que muchos cubanos no podían comprender en aquella fecha de 1939, los europeos lo apreciaban como algo verdaderamente típico de Cuba.

En el otoño de 1939, a su regreso de Francia, Alejo Carpentier escribió en la revista Carteles: Eran aquellos los tiempos en que los escritores franceses venidos para asistir a un Congreso de la Prensa Latina oyeron esta respuesta inverosímil, al preguntar dónde podían escuchar los ritmos de una rumba.

Robin Moore, en su libro Música y mestizaje, (Colibrí, Madrid, 2002) dedica un capítulo amplio a la rumba, lo titula “La fiebre de la rumba (cap. 6). El musicólogo de Texas escribe: “Es sorprendente lo poco que se ha escrito de la rumba a pesar del privilegiado lugar que ocupa dentro de lo que se ha dado a conocer como la “globalización de la cultura popular”. El auge de la rumba, aunque se menciona de modo breve en algunos libros y artículos, nunca ha sido objeto de un estudio serio. La música de centros nocturnos en Cuba aún no ha sido legitimada como objeto de investigaciones especializadas. Tal omisión es relevante, si se trata tiene en cuenta la importancia que se le atribuye a la “transculturación” en los estudios de las ciencias sociales cubanas”.

El siglo de la rumba

Se dice que estamos en el siglo de la rumba, ese entusiasmo viene caminando desde la década de 1990, cuando el renovado turismo se interesa por el exótico y auténtico ritmo, en su verdadera esencia genuina. Se trata de una música que no pasa de moda, como el traje Príncipe de Gales, es una de las músicas de fundación, ella persevera y se renueva con el paso de los tiempos.

Cuba es una potencia rítmica, posee muchos géneros musicales la rumba es una de las músicas más cercanas a las raíces africanas. Quizás la rumba no fue creada en los barracones de esclavos, necesitaba un clima más apropiado; pero la música se va gestando, se va cocinando en el alma y la mente de los hombres donde la sangre bulle. La savia le viene de los conjuros negros, de aquellos tiempos en que subvertían el orden, transgredían el poder de los colonizadores. Los mitos siguieron sosteniendo la esencia rítmica, los relatos, las parábolas, las fábulas, los cantos y bailes a la manera de sus orígenes, se mantuvieron. Todo ese mundo maravilloso, ese significado que solo ellos conocían, viene del África milenaria.