En un entorno familiar íntegramente musical, nació Giraldo Piloto, cerca del piano que tocaba su madre, el violín de su padre y los instrumentos de percusión de su tío, a quien desde hace 17 años le dedica la Fiesta del Tambor.

 Un evento como este se convierte en una vitrina en la que se pueden mostrar conocimientos o recibirlos.
Foto: Prensa Latina

 

Mientras estudiaba, el líder de la agrupación Klímax se percató de que era la batería y la música popular bailable lo que le interesaba. “Y la percusión toda, porque es esa nuestra columna vertebral en la música que hacemos en Cuba. De ahí provienen los tumbaos de piano, las células rítmicas que se utilizan en los metales y la sabrosura que los bajistas despliegan en los temas de la música popular bailable. De ahí salen también improvisaciones de los cantantes, de los soneros, de los que trabajan en pos de esa riqueza musical que abunda en nuestro país.”

Lamenta Piloto que existan prejuicios en el seno de la academia, y se alejen a los alumnos de la enseñanza de los géneros populares.

Existen opiniones de que la música clásica es superior a la popular

En cualquier país del mundo las universidades invitan a profesores de otras naciones para hablar de música popular, aprender y tomar elementos de esos músicos.

El maestro Joaquín Betancourt, por ejemplo, imparte conferencias en Brasil sobre estos temas. Yo he formado parte de un grupo de músicos que en Copenhague hemos sido invitados a hablar de cómo hacemos los arreglos en Cuba, cómo escribimos para los metales y cómo manejamos el piano en diferentes géneros. Allí vi alumnos de Pupy y cuando los escuché tocar, tal parecía que era la orquesta de Pupy.

Cuando compartes los códigos, el lenguaje musical sigue siendo el universal.  El mundo entero ha visto que a pesar del bloqueo somos una potencia musical y eso se debe a la percusión.

Cuba es una potencia musical, afirma. “En cualquier parte del mundo existe un gran respeto por lo que se ha hecho en Cuba, a pesar de ser un país bloqueado. Lo que hacemos con la rumba, con la influencia de los tambores batá al incluirlos en la timba y otros géneros, los diferentes estilos que se han desarrollado con el paso del tiempo como el songo, el pilón y el mozambique, entre otros…Y la percusión está en todo…”

 Giraldo Piloto y  Klimax compartiendo escenario con la cantante estadounidense  Janis Siegel.
Foto: Nelia Moreno
 

La Fiesta del Tambor ha sido tu aporte a ese despliegue y reconocimiento de la percusión en el país y a nivel internacional...

Hace 17 años se hizo la primera edición y se ha mantenido, precisamente, porque el mensaje es claro y necesario. La identidad musical cubana se ha forjado con las influencias de África, España y la comunidad franco-haitiana, y la percusión es el denominador común. Es en el ámbito de lo popular que nos sentimos más a gusto en ese sentido, y un evento como este se convierte en una vitrina en la que se pueden mostrar conocimientos o recibirlos de importantes figuras de la percusión y del mundo.

Para los jóvenes, esta Fiesta del Tambor, que además se convierte en una fiesta de la cultura cubana en general, es un camino para la enseñanza abierta. Alumnos de escuelas de arte o empíricos, como los que desarrollan la rumba o el folclor nuestro, encuentran en el festival esa oportunidad grandiosa para el intercambio fructífero.

Realizamos, además, homenajes a importantes percusionistas para que los jóvenes que quizás no pudieron conocerlos, se identifiquen con esos trabajos, descubran por qué tocan de una forma o de otra, a partir del estilo creado por esas figuras que ha trascendido.

Me siento contento de haber mantenido durante 17 años esta iniciativa, que además promueve las competencias de baile. Sin dudas es una manera de homenajear a nuestros músicos y a la percusión de manera particular.