El año 2017 dice adiós y pasan por mi memoria más de diez compañías de títeres internacionales presentes en los retablos de la isla, sin contar a los artistas del llamado “Undécimo arte” que estuvieron de visita o inmersos en acciones pedagógicas en nuestro país.

El Festival anual “Por la ruta del agua”, un proyecto del grupo Barco Antillano, liderado por el maestro Julio Cordero, asentado en el municipio capitalino de Boyeros, recibió del 8 al 14 de mayo al Teatro Comunidad, de Bogotá, Colombia. Este prestigioso conjunto, ya aplaudido anteriormente en nuestros lares, vino esta vez con la producción titulada “Cantos de agua”, acorde con los presupuestos que convoca el festival. Junto a ellos se anunciaron, en la misma cuerda ecológica, "La ecorebeldía de la Diosa de Sorte”, del grupo La Pareja, de Valencia, Venezuela, dirigida por Daniel Di Mauro. ” Gotas para un Manantial”, del dueto que conforman Hernán y Cristina, de Córdoba, Argentina. “Contando-té de Aguas”, por Niña Palabra, de México, de la directora Luisa González y “Yemayá”, del grupo Una Guma Teatro y Títeres, también de Bogotá, Colombia.

Teatro Sesam, de Suecia, llegó a Cuba para presentarse entre el 19 de mayo y el 3 de junio. El Teatro Sesam se caracteriza por lograr una mezcla entre la tradición y la modernidad. Sus puestas en escena abarcan un amplio espectro de público, aunque la mayor incidencia de sus actuaciones está orientada hacia el teatro para niños y jóvenes. Nasrin Barati, directora general y artística, reconoce que la meta principal de Sesam es fortalecer el teatro de títeres en Suecia y el mundo, con especial presencia en el medio teatral de Gotemburgo, hermosa ciudad que los acoge desde hace 30 años.  Invitados por Unima Cuba y con los apoyos del Consejo Provincial de Artes Escénicas de Matanzas y el Consejo Nacional de Artes Escénicas, del Ministerio de Cultura, Sesam puso especial atención en la realización de talleres de teatro de sombras. Ellos reconocen a esta técnica como la  más antigua del universo de los títeres. Los participantes profesionales que se inscribieron, tanto en Matanzas como en La Habana, tuvieron privilegiado acceso al aprendizaje de diferentes formas de trabajo con las siluetas para sombras, además de la realización de historias cortas que sirvieron como demostración final de los resultados del taller.

Hubo un evento teórico en ambas ciudades. En Matanzas tuvo lugar el 25 de mayo, en la Casa de la Memoria Escénica, y en La Habana, el 2 de junio, en la Sala Teatro Adolfo Llauradó, tras concluir la última función de la gira, compuesta por las obras “Cuentos de hadas en sombras”, pensada para un público familiar y “Sinfonía de sombras” para espectadores adultos. El primero narró “Los tres cerditos” y “La caperucita roja”, dos de las más famosas historias de la literatura para niños, apoyadas en el uso de una pantalla de sombras y la expresividad de las siluetas coloreadas, animadas por dos de los más experimentados actores del grupo. El segundo montaje fue representado con sombras, figuras, danza, música y actores.                                      

De Mérida, México vino el grupo CREATI, para presentarse dentro de la exitosa Jornada Habana Titiritera: figuras entre adoquines, celebrada en agosto. Con montaje de Arneldy Cejas, trajeron “Érase una vez un pato”, espectáculo coproducido con Teatro La Proa. Se sumaron la Casa de Títeres Fábula, del mismo estado mexicano y "La negra María” de  Chile, con sendos talleres para aficionados y profesionales del retablo.

El Festival de Teatro de La Habana trajo en octubre a artistas de varias partes del mundo. Eugenio Deoseffe, de Argentina y su montaje “Lupa, mundos para mirar de cerca”, que obtuvo recientemente el Premio Villanueva de la crítica teatral al mejor espectáculo extranjero para niños presentado en la isla en 2017, dejó a todos muy buen sabor de boca, por su elevado profesionalismo. “Monigote en papel carbón: historia negra y ensuciante”, del Theatre de la Pire Espece, de Canadá, fue un hermoso e imaginativo trabajo con figuras, papeles y objetos manipulados. El Merlin Puppet Theatre, de Alemania-Grecia, estuvo con “Casa de payasos”, obra para adultos, que a través de una interesante y satírica visión de la sociedad del primer mundo, logró cautivar al público asistente.
 

Monigote en papel carbón, Canadá. Foto: Cortesía del autor
 

Hasta Ciego de Ávila, invitados a la VII Jornada Títeres al Centro, se fueron en noviembre las agrupaciones Teatíteres, con “Fisgoneo”, y Tíeterefue-Metepec, con “El castigo de Balam”, las dos procedentes de México. Se les unieron los turcos del Teatro Ucaneller, más el chileno Larry Malinarich, quien visitó Matanzas en 2016, durante el XII Taller Internacional de Títeres (Titim), con la obra “Valentin caza dragones”. Antes de partir para la tierra de la piña, los de Ucaneller celebraron con funciones de “El patico feo”, los 65 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Turquía y Cuba, en el Teatro de Títeres El Arca. La prensa especializada comentó que la producción resultó un lujo, tanto sobre las tablas capitalinas, como en la sala Abdala, pues recreó mediante sonidos onomatopéyicos una nueva versión del cuento de Hans Christian Andersen, publicado en 1843.

Quiero reconocer la perenne presencia de personalidades y agrupaciones de allende los mares en el populoso Jardín de los títeres de Adalet y sus amigos, en La Lisa, un espacio promocional comunitario siempre activo. La compañía que cerró el 2017 en medio de risas y flores, fue Titirindeba, de Cali, Colombia, con una simpática versión de “La caperucita roja”.

Como sucede en el teatro y en la vida, no todo lo que vino a nuestras costas fue de una calidad impecable. Hubo de todo, montajes imaginativos y arriesgados que sirvieron de referencia a nuestros creadores, y otros menos acertados, que dejaron en claro que en materia de arte hay que mantenerse en perenne superación. La actividad en el retablo nacional fue matizada por pocos estrenos, pero sin ver todo lo representado, no me atrevería a catalogar eficacias y desaciertos en las obras de mis colegas.

Hacer teatro, de figuras o de actores, sigue siendo un reto para los que elegimos este efímero oficio. La tecnología avanza a pasos insospechados. La sociedad padece los avatares propios de los tiempos de cambio, con luces y oscuridades que lo trastornan todo. El teatro sigue y seguirá encantando con su artesanía humana y comunicativa en tiempo real. Intentemos todos, más allá de perfecciones y tendencias, conseguir que los resultados sean mejores, pero sobre todo responsables y honestos.