El teatro fue mi primera cobija, lo creía absoluto, completo y no imaginaba el alcance de las demás artes. Era para mí el arte teatral un todo abarcador, capaz de mirar a las otras artes. En aquellos años me apasionaba escuchar a mis maestros hablar de sus maestros y del aporte de estos en sus vidas. Creo que desde ese momento comencé a pensar realmente en lo que hacía como artista.

Hoy, a 30 años de fundada la Facultad de Arte Danzario, converso con una mujer importantísima en la enseñanza, transita junto a la historia de la facultad, primero de alumna y hoy de maestra. Sus historias también miran a sus maestros, los fundadores de esa Facultad. Bárbara Balbuena estudió en el primer curso que se abrió allí.

foto de la maestra Bárbara Balbuena
La maestra Bárbara Balbuena. Foto: Internet


“Mi relación es con la danza folclórica, era graduada de la Escuela Nacional de Danza en la doble especialidad de contemporáneo y folclor, entonces decidí hacer las pruebas para el ISA. Primero me examiné en folclor pero como fue tan traumático para mí no quise hacer la otra”.

A partir de esta idea hacemos un viaje en el tiempo, donde Balbuena recrea un grupo compuesto por 13 estudiantes, mezclados primero solistas y bailarines del Conjunto Folclórico Nacional con profesores de danza egresados del nivel medio e instructores de arte.

“Recuerdo nombres con mucha alegría, entre ellos Teresa González, mi profesora de Danza Folclórica y creadora del método de entrenamiento en la técnica yoruba. Ella me enseñó la metodología de la práctica folclórica. Graciela Chao fue la primera jefa del departamento, sin embargo, antes ella pertenecía al departamento de ballet donde impartía Folclor Internacional, creo que sus aportes al plan de estudio fueron significativos, como lo ha sido su paso por el ISA; aún sigue marcando su impronta.

“Otros maestros importantes en aquellos años, de 1987 a 1991, fueron Manolo Micler y Ana Luisa Cáceres. Manolo me enseñó por primera vez las danzas Arará en Cuba, desconocidas para mí hasta ese entonces y Ana que era coreógrafa, ensayadora y maestra del Conjunto Folclórico Nacional nos abrió la mirada a la Tumba Francesa”.

Hay un nombre que no ha mencionado: Rogelio Martínez Furé…

A él lo deje de último y no porque sea menos importante, puedo decir que Furé es mi guía intelectual y mi tutor. Sus clases me causaron un impacto muy grande, es un hombre que posee mucha información, profundo conocedor de las bibliografías existentes y un gran estudioso de la obra de Fernando Ortiz.

Tengo entendido que fue él quien introdujo de cierta manera el pensamiento a los estudiantes de folclor.

Creo que sí, no solo introdujo la asignatura de Historia del Folclor Danzario Cubano, que era pura teoría, sino que sus clases fueron una aproximación a un mundo intelectual de alto nivel. Recuerdo que al llegar de un viaje nos contaba la historia del lugar y todo lo que había visto y conocido, ahí estaba dando una clase. Para mí fue un honor trabajar con él, aparte de mi relación profesional le tengo un enorme respeto como ser humano.


Ballet Folclórico Nacional de Cuba. Foto: Internet


Las compañías profesionales se convirtieron en unidades docentes, los estudiantes iban a recibir clases prácticas en cada una de ellas. Las asignaturas teóricas se impartían en el ISA en las tardes y las noches. Figuras de la danza impartían clases, se convirtieron en los maestros que formaron a esos artistas.

Recuerdo a otros fundadores: Miguel Cabrera, Aurora Bosh, Rosario Cárdenas, Loipa Araujo, Mirtha Plá, Ramiro Guerra, Gerardo Lastra, Lorna Burdsall, Alicia Alonso, Clara Luz, entre otras que luego te puedo hablar de ellas, aunque mi relación fue con el folclor.

Cuando se le ve hablar a Bárbara Balbuena de sus maestros no solo apreciamos la impronta de estos en ella sino el alma de cada uno, su legado, la voluntad de ser cada día mejor intelectual, algo que el tiempo no borra. Esa memoria archivada en cada pedazo de tierra y ladrillo que sostienen las ruinas del Elsinor, en cada flashback. Historia que hoy abraza el desarrollo de la danza en Cuba y defiende un pasado como la promesa de un tiempo no perdido.