El Premio Calendario surge a finales de la década de los noventa, como un  proyecto en conjunto de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) con la Casa Editora Abril. En esa época coincidió que Fernando Rojas, hoy viceministro de Cultura, era presidente de ambas instituciones.

Más de 35 años de experiencia avalan la labor de la Editorial, la cual trabaja en publicaciones para niños y jóvenes del país. Desde que nació el Calendario, Abril ha sido el sello que publica los libros, los diseña, comercializa y promociona, a partir de la convocatoria de la AHS; por estas razones, Diana Lío, vicedirectora de la Casa Editora, fue nuestra entrevistada con el objetivo de explicar cómo es el proceso anterior a la publicación, y las relaciones con los autores premiados.


Foto: Racso Morejón.


¿Cuánto se extiende el proceso que comienza con la edición y acaba en la publicación de los libros?

Un año. El Calendario se convoca siempre en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, donde se entregan los premios del concurso en el año que acabó y se presentan las obras que fueron galardonadas en la edición anterior de la Feria.

¿Existen algunas diferencias en los premios que se otorgan a cada ganador?

Todos los premiados reciben el mismo tratamiento y las mismas condiciones. Se les pagan 3 000 pesos por la convocatoria, que es el premio material de la Asociación; se les publica el libro con mil ejemplares, bajo el sello Abril, y a su vez se les paga el derecho de autor, que para todos es el mismo monto: entre 3 500 y 5 000 pesos.

¿Cómo se realiza el diseño de los libros?

Los autores tienen la oportunidad de proponer imágenes de cubierta y las ilustraciones de su libro, pero hay un diseñador de la editorial que está al cargo de la colección; él es quien aprueba artísticamente la propuesta de los autores y, en caso de que no la tengan, se les propone una.

Todos salen bajo un sello de colección, por tanto, los libros tienen características similares en cuanto a formato, cantidad de páginas, tipo de papel y diseño. Esta colección fue premiada hace dos años por el Instituto Cubano del Libro por ser la de mejor diseño en el año 2015.

¿Los ganadores suelen ser todos de La Habana o hay variedad en cuanto a las provincias de procedencia?

Hemos recibido muchos ganadores de La Habana, también de Holguín y Villa Clara; pero eso depende, casi todas las provincias participan. Es un concurso para menores de 35 años que tiene bastante acogida dentro de los jóvenes escritores, quienes envían suficientes obras y el jurado, que lo selecciona la AHS, tiene un arduo trabajo en la selección de los premios.

Todos salen bajo un sello de colección, por tanto, los libros tienen características similares en cuanto a formato, cantidad de páginas, tipo de papel y diseño.

¿Existe alguna estrategia de comercialización de los libros del Premio Calendario?

Se comercializan el día de la presentación en La Cabaña; este año y el pasado se realizó, además, una presentación en el Salón de Mayo en el Pabellón Cuba, en el contexto de la Feria. Después se organizan en las provincias presentaciones de los autores premiados, como parte de las Ferias Provinciales del Libro, donde ellos estarán presentes.

Los Centros Provinciales del Libro de todo el país adquieren cierta cantidad de ejemplares a partir de una distribución que nos propone la AHS, en dependencia también de los lugares de origen de los propios premiados, los intereses de la AHS y los eventos culturales que haya, como las Romerías de Mayo y el Longina, donde la Asociación tiene un protagonismo importante, por lo que se refuerza la cantidad de ejemplares que se envía.

¿Cómo se determina el precio de los libros?

 Se tienen en cuenta varios factores: el pago del derecho de autor; el costo de impresión, que varía cada año porque hay imprentas que son más baratas y otras más caras; el pago del premio; los equipos de trabajo; los ilustradores, si son de la editorial o si se les paga el derecho de autor; después de analizar todo lo anterior se hace una ficha de costos y a partir de eso se conforma el precio. Generalmente, el de los Calendario oscila entre cinco y ocho pesos, este es el promedio.



 

Muchas veces ni con los premios recuperamos el costo de los libros, por ejemplo, este año los premios están costando casi diez pesos por la realización de cada ejemplar, pero el precio que estamos proponiendo está sobre los siete u ocho pesos. Como es un libro sobre todo para jóvenes, tratamos de que no tenga un precio de venta muy alto; sin embargo, a medida que hacemos libros con pocos ejemplares, el costo unitario asciende, entonces cuesta diez pesos en moneda nacional hacerlos y se comercializa en siete u ocho, o sea, no se recupera el dinero invertido.

¿Los autores galardonados con el Premio Calendario vuelven a publicar en la Casa Editora Abril?

Muchos han vuelto a publicar con nosotros, como Elaine Vilar y Abel González Melo. Varios de los autores de Calendario se han convertido después en autores del catálogo de Abril, en algunos casos, como parte de las antologías o como autores independientes. Creo que empezar con el Calendario les abre las puertas no solo para seguir publicando en Abril, sino también con Letras Cubanas y Gente Nueva, entre otras.

Abril hace entre 30 y 80 títulos anuales, y el proceso editorial puede durar entre uno o dos años, en dependencia de las posibilidades, pero no hay límites.

¿Cómo es el procedimiento para que un autor publique su obra con la Editora Abril?

Tenemos el Premio Abril de Literatura (sin límites de edad), que es el que convoca la propia editorial, casi siempre en un género específico cada año.

También está el Premio Calendario, que es convocado por otra institución y nosotros somos el sello que edita; esta es otra vía para que los jóvenes escritores accedan a la posibilidad de publicar.

Generalmente, nosotros recepcionamos las obras; cualquier escritor puede acercarse para entrar en el proceso de evaluación. A veces este proceso demora un poco porque depende del volumen de trabajos que tengamos, y no contamos con un consejo de asesores muy grande, como otras editoriales que lo contratan para que evalúe las obras: habitualmente, nuestros propios profesionales realizan esa tarea. Una vez que la obra está evaluada y se considera que cumple con los perfiles establecidos, entra en lo que se llama el colchón editorial, que es el proceso en el que está prevista para publicarse.

La posibilidad de publicación depende también del presupuesto de cada año. Abril hace entre 30 y 80 títulos anuales, y el proceso editorial puede durar entre uno o dos años, en dependencia de las posibilidades, pero no hay límites.



 

Cuando un autor llega a una editorial y se le acepta la obra, firma un contrato con esta, cediendo los derechos por un periodo de tiempo determinado, que puede ser con carácter exclusivo o no, en dependencia de lo que pacte. Al publicarse la obra, se paga el derecho de autor por ese tiempo y eso le da aval a que, si se reimprime, se le vuelva a pagar ese derecho de autor en el límite de ese tiempo; si se le ceden los derechos a una editorial extranjera, se le paga en divisa el importe de la presentación, que está entre un 70 y un 75 por ciento de lo que se cobre.

No existe un tiempo limitado del proceso evaluativo para aceptar un libro; generalmente, entre lo que lo aceptan y lo publican, pasan de uno a dos años, con suerte; porque además hay que tener en cuenta que el país está atravesando una crisis en la industria poligráfica que tiene que ver con insumos, maquinarias que se rompen… A veces el proceso de edición es bastante rápido, pero se atrasa el de impresión, que es el que más demora.

¿Cuál es el mecanismo de distribución de los libros por el país?

En el caso del resto de la literatura, depende de una pauta de distribución que pacta la editorial con los Centros Provinciales del Libro. Antes el mecanismo de distribución era otro: la Distribuidora Nacional del Libro era la encargada de adquirir la literatura que hacían las editoriales, la distribuía por el país y se vendía en las librerías a través de los Centros Provinciales del Libro; a partir de este año, ese mecanismo desapareció.

Ahora las editoriales contratan directamente con esos centros la comercialización de los volúmenes; son ellas las responsables. La Distribuidora dejó de ser el ente comercializador para convertirse en el que almacena y transporta. Se puede contratar la transportación con la propia Distribuidora, con un tercero, o que la asuma el Centro Provincial del Libro. Esto último responde también a los intereses, necesidades y el presupuesto de cada provincia. Además, influyen factores que trascienden a esta y eso sucede con toda la literatura, es algo que está pasando este mismo año, en el cual se utiliza por segunda vez ese mecanismo, que se ajusta y adapta a la realidad de los territorios.