Esperemos que no se pase por alto. Porque el ajetreo diario, la fijación que ejerce la telenovela brasileña y la rutina no justifican la desmemoria. Y el sabio botánico Juan Tomás Roig ya ha sido víctima, una y otra vez, del olvido público, no del oficial, sino de aquel que debía tenerlo presente en el calendario de fechas importantes. La larga y fructífera existencia de casi un siglo de Juan Tomás Roig le permitió vivir más de 20 años de coloniaje español, una guerra (la del 95), dos intervenciones norteamericanas, un período de casi 60 años de era republicana  y  más de una década de Revolución. Privilegio nada desdeñable el suyo.

foto de juan tomas roig
Juan Tomás Roig. Foto: Bohemia


Huérfano y pobre, no fue hasta los siete años que inició los estudios primarios en su natal Santiago de las Vegas, de la provincia de La Habana.  A los 11 era aprendiz de tabaquero y tres años después, operario. Entre 1894 y 1898 trabajó en las fábricas de tabacos de Tampa y Cayo Hueso. Fue un obrero más entre los cientos que torcían la hoja que ya se fumaba en buena parte del mundo.

A la terminación de la guerra regresó a Cuba para continuar su trabajo de tabaquero, al tiempo que estudiaba. Así alcanzó el certificado de Maestro de Instrucción Pública e Inglés, y aunque no era poco, el empeño de Juan Tomás era insaciable en cuanto a conocimientos. Durante años ejerció el magisterio, sin dejar de acrecentar su preparación.

En la Universidad de La Habana se graduó de Doctor en Ciencias Naturales y Doctor en Farmacia. Fue además Perito Químico Agrónomo e Ingeniero Agrónomo Honoris Causa de la Universidad habanera. La tierra, los montes y las plantas los exploró con amor y minuciosidad. Desde 1913 asumió la dirección del Departamento de Botánica de la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, a la que consagró sus esfuerzos.

“Todos los que tuvimos el privilegio de tratarlo —dijo de él el doctor Antonio Núñez Jiménez en su panegírico—, de conocerlo y amarlo, admiramos en él su infinita sabiduría y bondad, su valor y su modestia singular, siempre enriquecidas con esa, su mayor calidad humana, que le ha hecho el Maestro por excelencia.”

En 1928 aparece la primera edición de su Diccionario Botánico de Nombres Vulgares Cubanos, obra merecedora de varias ediciones posteriores. De 1945 data la primera impresión de otra de sus obras monumentales: Plantas medicinales, aromáticas o venenosas de Cuba.

Échese un vistazo a los propósitos que el propio Roig se planteaba con el libro:

“Al escribir esta obra nos proponemos los siguientes objetivos: primero, dar una información —lo más completa y exacta que sea posible— acerca de nuestras plantas medicinales o venenosas; segundo, proporcionar a los estudiantes de Botánica, Farmacia, Medicina, Agronomía y Veterinaria una fuente de consulta, utilizable en sus estudios respectivos; tercero, estimular a nuestros hombres de ciencia para que emprendan el estudio metódico de nuestra flora médica y toxicológica; y cuarto, estimular el cultivo y la explotación de las plantas medicinales indígenas o naturalizadas.”

Promotor de la medicina verde desde mucho antes de que esta cobrara el auge de nuestros tiempos, al triunfo de la Revolución y pese a contar más de 80 años, el maestro Roig prosiguió prestando, con más entusiasmo aún, su inestimable colaboración al desarrollo de las ciencias. Se le designó entonces miembro de la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias. No dejó de trabajar ni de hacer, así hasta su muerte, el 21 de febrero de 1971.

Los libros del doctor Roig, reeditados y muy apreciados por los lectores, resumen la sabiduría de su autor, quien ejerció el magisterio con su manera sencilla de dirigirse e instruir a los demás, su pasión por la divulgación del conocimiento y la voluntad  de legar una obra de utilidad social.

Juan Tomás Roig nació el 31 de mayo de 1877. Cubano y sabio, es recordado porque a sus numerosos merecimientos científicos, aunó su cubanía, modestia y pasión por el trabajo.