El 30 de junio de 1961, ante un nutrido y diverso auditorio de artistas y escritores reunido en este salón de actos de la Biblioteca Nacional José Martí, el Comandante en Jefe Fidel Castro definió los principios de la política cultural de la Revolución, sobre las bases de la más amplia e inclusiva participación y la defensa de los valores éticos y humanistas presentes desde un inicio en el radical proceso de cambios de la vida nacional.

En aquel memorable discurso, conocido como Palabras a los Intelectuales, se refirió a la inminente realización de un congreso en el cual, bajo “un espíritu verdaderamente constructivo”, se fundaría una  asociación de creadores. “Que se organice una fuerte asociación de artistas y de escritores y que ustedes organizadamente contribuyan con todo su entusiasmo a las tareas que les corresponden en la Revolución”, exhortó Fidel.


 

Cincuenta y siete años después de ese transcendental acontecimiento, que llevó luego al nacimiento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), presidida por el poeta Nicolás Guillén, hacemos pública la convocatoria al IX Congreso de nuestra organización, cuya culminación tendrá lugar en junio de 2019.

Desde ahora y hasta entonces, en el seno de las asociaciones, sus filiales y los comités provinciales y municipales, abordaremos una agenda que debe conducirnos a nuevas perspectivas  para el estímulo y la promoción de la creación artística y literaria.

Lo haremos orientados por un concepto enunciado por Fidel cuando, en un momento crucial de nuestra historia reciente, expresó: “La cultura es lo primero que hay que salvar”.

Asumimos el llamado de alerta del General de Ejército Raúl Castro en su mensaje por el aniversario 55 de la organización al recordar que “hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada coloniza­dora global”.

Ello nos lleva a considerar el contexto nacional  e internacional en que nos hallamos inmersos. La sociedad cubana transita por la actualización del modelo socialista que abarca desde la formulación de una nueva Constitución hasta los cambios en la gestión económica que deben impulsar el sustento material imprescindible para una distribución de la riqueza socialmente justa y equitativa.

Continúa gravitando sobre nuestro pueblo el prolongado bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. El actual gobierno de Washington ha recrudecido su hostilidad y responde a los círculos más reaccionarios opuestos a la convivencia y el entendimiento entre ambas naciones. El imperialismo pretende seguir ejerciendo un papel hegemónico en la escena mundial y opera insidiosamente contra los gobiernos progresistas y los movimientos sociales en América Latina y el Caribe, lo cual se pone de manifiesto particularmente en el caso de Venezuela, donde en alianza con la oligarquía local, como en casi toda la región, se empeña en restaurar el neoliberalismo.

No estamos ajenos a los efectos de la industria cultural dominante y los monopolios de la información, que tratan de erosionar nuestros valores identitarios y desmovilizar la toma de conciencia. La cultura en tales medios y prácticas se reduce muchas veces a servir como mero instrumento para incentivar  el consumismo y la mediocridad.

Ante esas realidades concedemos vital importancia al debate sobre la relación entre cultura y sociedad en toda su complejidad y sus múltiples aristas, desde la influencia de la producción intelectual y artística en la formación ciudadana hasta la defensa y promoción del patrimonio material y espiritual. Los creadores hacemos nuestra la lucha contra prejuicios y conductas discriminatorias por color de la piel, género, orientación sexual, origen étnico, procedencia territorial y todo lo que atente contra la unidad de la nación y la dignidad de las personas.

En la dimensión comunitaria de la cultura se halla una de nuestras fuerzas; de ahí que la vinculación de la organización con los proyectos socioculturales, que enriquezcan y diversifiquen la vida espiritual, ocupe un lugar relevante en la ruta hacia el Congreso. 

Mucho podemos aportar a la transformación de los medios de comunicación en plataformas para establecer jerarquías culturales,  elevar el reconocimiento social de los creadores y difundir el arte y la literatura. Tendremos en cuenta el papel de las nuevas tecnologías de la información y la creciente expansión del uso de las redes sociales.

Por su decisiva importancia en el desarrollo económico y social de la nación y la promoción de la imagen de Cuba ante el mundo, continuaremos  afianzando la relación entre turismo y cultura. Tanto en el plano interno como en la proyección internacional de la producción artística resulta imprescindible analizar la función de nuestras industrias culturales y los problemas inherentes al mercado del arte.

Convocamos a toda nuestra membresía a participar en el proceso hacia el IX Congreso que aspiramos constituya un espacio de primerísimo orden para fortalecer el diálogo entre los creadores, las instituciones culturales y la sociedad.

Grandes son los retos y muy arduo el camino. Como fuentes inspiradoras contamos con el legado de quienes han fraguado  la histórica identidad entre la vanguardia política e intelectual de la nación. José Martí y Fidel Castro son nuestros paradigmas. Sabremos responder a la confianza depositada en nosotros por Raúl cuando en agosto de 2016 afirmó: “La UNEAC del presente continuará encarando con valentía, compromiso revolucionario e inteligencia, estos complejos desafíos”.