Entre las experiencias estéticas que por estos días pueden disfrutarse en la capital cubana destaca Más allá de la belleza, un interesante proyecto curatorial protagonizado por la fotógrafa, escultora, diseñadora y performer Grethell Rasúa, quien se ha apropiado de Villa Manuela para desplegar sus particulares nociones sobre la belleza y la violencia simbólica relativas al universo femenino.


Foto: Maité Fernández
 

La muestra aúna varias líneas discursivas, algunas ya conocidas, otras relativamente novedosas, que Grethell ha defendido a lo largo de su carrera. En un primer momento encontramos varias muestras de esa rara joyería que ella fabrica con materiales tradicionales (metales preciosos, fundamentalmente) y fluidos humanos, marcando un punto de giro con respecto al tratamiento de lo corporal como sustancia dentro del arte cubano contemporáneo.

Aretes, relicarios, dormilonas y alianzas de compromiso protagonizan esta serie, titulada Con todo el gusto del mundo (2004-2018), que nos remite al intercambio de sustancias durante el acto amatorio, a la parte más lúbrica del amor y del sexo, máxime si tenemos en cuenta que las sustancias orgánicas fueron aportadas por los actuales propietarios de las joyas, quienes propusieron los diseños que habría de respetar la creadora.

El segundo pilar de la muestra está en la fotografía. Con la serie Beyond beauty (2017), compuesta por instantáneas efectuadas a flores y plantas intervenidas por compañías extranjeras para embellecerlas y comercializarlas a precios más altos, Grethell nos catapulta al universo del marketing y del consumismo, signado por una falsa estetización que manipula esencias y trastoca apariencias en pos de la mercantilización más descarnada.

Es precisamente la belleza física, sus prerrogativas y limitantes, la gran protagonista de la exposición, anunciada ya desde el título. Como pocas creadoras en la Cuba actual, la artista echa garra a los conceptos de violencia física y simbólica para reflexionar sobre las atroces transformaciones que sufre el cuerpo femenino por tal de reproducir patrones de belleza tan absurdos como impuestos mediante la moda, la proliferación del mal gusto en aras de alcanzar un modelo estético que muchas veces roza con lo absurdo y lo grotesco, y la pérdida de identidad que en muchas ocasiones conllevan dichos procesos.

Así, la mano femenina de Accesorios (perteneciente a la serie El arte de ocultar esencias, 2017-2018) coarta su capacidad de movimiento físico (y, simbólicamente, su derecho a elegir otro camino, otra posibilidad) gracias a esta enorme pulsera ensamblada con uñas de acrílico que exhiben coloridos diseños realizados con esmaltes y falsa pedrería. Algo similar nos propone el poderoso autorretrato, incluido en la misma serie, que nos muestra el rostro de la creadora colonizado por perlas de diversos diámetros adheridas al rostro. El blanco nacarado  contrasta con las imperfecciones de la piel y teje en su conjunto una suerte de red o máscara que semioculta la identidad de la modelo.

Esta pieza guarda muchos puntos de contacto con Tutoriales: un impactante videoarte que discursa sobre las esencias y las apariencias, los procesos de construcción de visualidades, los artificios y el engaño. Las numerosas capas de maquillaje superpuestas en la mitad del rostro de la artista nos llevan a preguntarnos, una vez comparamos ambos hemisferios, dónde está la verdadera Grethell, cuánto ha sufrido ella durante la sesión de “embellecimiento”, por qué hay tantas mujeres que se someten a procesos similares sin tener en cuenta los traumas experimentados por el organismo ni lo risible que en ocasiones resulta la imagen final.  


 

Detecto en la obra de Rasúa un amplio número de referentes internacionales y cubanos (ahí están Piero Manzoni, el Grupo ENEMA y Priscilla Mongue, por solo citar tres ejemplos) que contribuyen a legitimarla y, al mismo tiempo, demarcan lo novedoso de su propuesta. Rara avis en el panorama plástico cubano más actual, ella da continuidad, quizás sin saberlo, al trabajo desarrollado por una vasta nómina de creadoras iniciada con Marta María Pérez Bravo a finales de la década del 80 y que, Cirenaica Moreira, Aimée García y Lidzie Alvisa de por medio, hoy incorpora a Lisandra López Sotuyo y Yanahara Mauri, entre otras.

Más allá de la belleza se nos revela como una necesaria exposición que debemos recorrer con calma y degustar lentamente. En mi opinión, el proyecto curatorial, a cargo de la propia artista, hubiera podido prescindir de varias esculturas de pequeño formato que entorpecen la retícula expositiva y palidecen ante propuestas de mayor carga simbólica. No obstante, la exposición, rica en procedimientos y matices discursivos, destaca por méritos propios, abordando una zona poco explorada de nuestra realidad más inmediata y de los procesos artísticos en el panorama visual cubano de hoy. ¿Belleza? Sí, la encontramos en sus piezas. Pero también hayamos una amplia serie de nociones que la cuestionan, la deconstruyen, la develan en su lado más escatológico y violento, en su descarnada y triste desnudez.