Teólogo, periodista, escritor, militante… cada una de esas categorías podría seleccionarse, sin temor alguno, para caracterizar al brasileño Carlos Alberto Libânio Christo, o lo que es igual: Frei Betto (Belo Horizonte, 1944). Heredero de una tradición literaria —su padre periodista y su madre autora de libros de cocina regional—, este invitado a la 26 edición de la Feria Internacional del Libro ha publicado cerca de 50 títulos de diversos géneros y sido merecedor de 16 premios, entre ellos el literario Jabuti, el más importante de Brasil, y el Internacional José Martí, que otorga la Unesco.

Encarcelado en varias ocasiones por su enfrentamiento a los regímenes dictatoriales, e incluso torturado, Betto considera que los tres grandes golpes de su vida han sido —sin embargo— la muerte del presidente chileno Salvador Allende; el asesinato de Maurice Bishop, en Granada; y la derrota de la revolución sandinista.

Sobre la prisión, en cambio, ha dicho que fue una experiencia de catacumba. “En la cárcel uno se vuelve loco o tiene que cambiar muchas cosas en la vida, y para mí la cárcel fue un gran retiro espiritual, un momento de profundizar mucho mi vida de fe y mi experiencia religiosa. En ese sentido fue una escuela y no lamento haber pasado por la cárcel, a pesar de todo el sufrimiento, es una cosa que está muy incorporada en mi vida, no fue un hiato”

Bautismo de sangre (1983), una de las primeras obras del fraile dominico llevada a la gran pantalla en el 2006, relata precisamente su experiencia en prisión y la resistencia de algunos sectores de la sociedad.

Sus aportes en el campo de la Educación han sido igualmente reveladores. Convencido de que el proceso de instrucción para la solidaridad se realiza también desde la pedagogía, Betto sostiene que haber descuidado ese paso figura entre los principales motivos de las crisis de valores que enfrentan muchos países. Sin perspectivas de sentido altruista y revolucionario, ha dicho, la gente va hacia el consumismo, hacia la perspectiva capitalista que promueve la inercia ante la idea de cambiar el mundo.

Como altruista e intelectual vinculado a la experiencia cubana, ha defendido causas nacionales como la liberación de los Cinco Héroes y publicado libros como Fidel y la religión. Por su posición en defensa de la justicia ha sido reconocido, además, con el Premio de Derechos Humanos de la Fundación Bruno Kreisky (1987); el Paolo E. Borsellino (1998), por su trabajo en la misma causa; las medallas Chico Mendes de Resistencia (1998) y la de Solidaridad del Gobierno cubano (2000); y el título de Ciudadano Honorario de Brasilia (2007).