Eyeife fue, digamos, un segundo Manana. Si bien podrían mencionarse otros festivales, entre ellos El Rotilla o Proelectrónica, como antecedentes del sucedido en La Habana del 26 de septiembre al 1 de octubre, el que tuvo lugar en Santiago de Cuba en 2016 se le acercó más en cuanto a su concepto principal:

“Manana estuvo muy interesante –así me lo describe el Dj productor Wichy de Vedado, a punto de que comience una de las sesiones del Eyeife, en el Instituto Superior de Arte (ISA)-. Aparte de que vinieron muchos Djs importantes como Nicolas Jaar, Quantic, la idea fue mezclar lo folclórico y la música electrónica. En Santiago no hay una escena de electrónica tan fuerte, pero muchos vinieron para ver ese festival de tres días. Hacen falta cosas como estas”. Aquel encuentro resonó en el periódico británico The Guardian como “una colisión de sonidos que está siendo capturada por una nueva generación de artistas cubanos”. Es decir, más que ser identificado como un espacio musical, fue leído como la búsqueda de una ruta de presentación de la electrónica cubana al mundo.

Eyeife constituyó otro intento en ese sentido que, sin pretender anular la captación de lo foráneo en la electrónica hecha en Cuba, propuso un diálogo -incluso teórico, a partir de talleres en el ISA- entre el folclor nacional y la música de los Djs. Ello significó un aspecto relevante del festival. No obstante, al valorarlo en su integridad, y tras haber conversado con algunos de sus participantes, puede decirse que sus resultados trascendieron ese propósito.


El festival estuvo organizado por PM Records, el Instituto Cubano de la Música
y el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica

 

El intercambio retomó la electrónica como viaje. Quiso poner a pensar tanto a los Djs del patio como al público en las posibilidades de experimentación que esta creación ofrece. En la discoteca Ipanema, otra de las sedes del encuentro, mientras las mezclas de dance se colaban en la entrevista, Bishop, Dj e historiador mexicano, refería: “La música electrónica moderna como la conocemos, con su época de oro a partir de los noventa para acá, ha tenido tendencia a la pista de baile, pero antes no era necesariamente así, aun cuando permitiera bailar o sirviera para activar el cuerpo. Hoy ha evolucionado tanto que hay una perspectiva de ir hacia atrás y buscar una originalidad propia, una identidad contemporánea. En México se hace esto también. Hay gente que la combina con una música regional, por ejemplo, Nortec Collective. En lo personal, tengo un estilo más ecléctico, pero siempre es importante la búsqueda, ya sea a partir de una raíz electrónica, de un grupo, de alguna región, de un contexto sociopolítico, geográfico.

“El Dj tampoco tiene la obligación de divertir. Hay quienes tocan para crear un espectáculo distinto, de convivencia, contemplativo. En los talleres eso quise mostrarles a los jóvenes, que la electrónica es múltiple”.

De esa manera, el espacio académico aterrizó parte de la historia de esta creación. Igualmente, se tendió un puente entre la música electroacústica en Cuba y lo más reciente en materia de sonidos electrónicos, lo que también respondió al propósito de ampliar el arco experimental en esta escena.

El directo fue un pasadizo a lo que pudiera ser, en la práctica, la personalización de cada Dj, algo que ya vienen logrando nombres reconocidos dentro de la electrónica del patio, como uno de mis interlocutores, Wichy de Vedado –a quien algunos medios han destacado por su marcada influencia del jazz y su trabajo sobre originales con músicos cubanos de ese género-, y Joyvan (Djoy de Cuba), también uno de los fundadores de la escena de la electrónica.

Según me cuenta Wichy, es evidente una evolución en la Isla desde finales del noventa cuando tuvieron contacto con la electrónica alemana: “Entre quienes nos visitaron estaba Dj Hell; los discos de vinilo, las cosas grabadas que nos dejó, que eran bien techno, hicieron que fuera eso lo que entonces le dimos a la gente”. Desde ese estilo inicial, se movieron también al house, y luego ha existido este tránsito hacia una búsqueda más personal, en la que los códigos internacionales de la electrónica conviven con los que han dado prestigio a la música cubana.

No obstante, aunque se ha logrado crecer como escena, dice Wichy de Vedado, “sigue faltando mucha información. Ahora hay más posibilidades, pero falta información para saber qué se está haciendo e influenciarse. Eso también te ayuda a crear. La información es fundamental”. 

De ahí que otro de los aciertos del festival haya sido el arribo de sonidos de Djs de otras zonas del mundo (Inglaterra, Estados Unidos, Francia, España, México, Argentina). Algunos como el estadounidense Derek Turcios eran esperados por seguidores de esta música. En ese sentido, Eyeife resultó una oportunidad de intercambio, que también permitió apreciar los ritmos salidos de los juegos de manos más recientes de la cubana BJoyce, por ejemplo, quien volvió a presentarse aquí. Ciertos invitados, una vez fuera del cuadrante del festival, llegaron a sitios habaneros que suelen abrirse a la electrónica, lo que ayudó a dinamizar todavía más la escena en esos días.


El Dj productor mexicano, Bishop, uno de los invitados en Eyeife. Foto: Tomada de Digger

 

Es posible apuntar algunos elementos que pudieran mejorarse; cuestiones relacionadas con la organización, con la selección de exponentes que no se ajustaron a la expectativa sonora que generó el concepto del festival, el hecho de no contar con largas sesiones “donde se pueda ver el espectro de música de un Dj”. No obstante, sin dudas, fue una plataforma que, además de permitir tomarle el pulso a la electrónica y a los modos de su fusión contemporánea en Cuba, sirvió como escenario de colaboración entre músicos y Djs productores de la Isla y los de más allá del mar.

Dio una muestra de la viveza de esta escena, como han demostrado antes Manana y otros festivales, que desde un rincón han intentado mover a todo el país. Como sucede con gran parte de la música cubana alternativa, se sigue precisando más apoyo para estabilizar estos impulsos creativos.

De acuerdo con Bishop, quien parece dejarles un mensaje a los organizadores y a otros involucrados en Eyeife: “Lo importante es que el evento tenga continuidad. Será lo que le va a dar madurez y relevancia internacional. Y, sobre todo, lo que le tiene que dejar es una raíz a través de la cual pueda proyectarse”.