Luego de que Verónica llega a las vidas de Alejandra, Ángel y sus hijos, sus realidades dan un vuelco de 180 grados. Como si necesitara más misterio que su propia presencia, la invitada logra convencerlos de que en una pequeña cabaña del bosque existe un ser que no es de este mundo, el cual puede resolver todos sus problemas.

Es así como La región salvaje, filme de Amat Escalante, se convierte en una historia de ciencia ficción, algo que no tenía originalmente concebido. “Al inicio —dijo en conferencia de prensa— solo era alguien que no podía ser él mismo por el contexto en que vivía. Pero era difícil explorar la naturaleza humana y sentí que estaba llegando al tope. En lugar de buscar una respuesta fui hacia algo que no se podía explicar humanamente: esta criatura que da placer pero que también puede resultar peligrosa si no se logra una conexión con ella”.

La región salvaje, filme de Amat Escalante
Fotograma de La región salvaje


El filme, que según el mismo director explora bajo la superficie social mexicana, revela a un matrimonio (Alejandra y Ángel) cuya vida sexual no satisface a ninguno; tanto así que Ángel engaña a su esposa con otro hombre, aunque ante el mundo se manifieste como un machista homofóbico.

Sin escapar a la violencia habitual que Escalante recrea en sus producciones, La región salvaje propone 98 minutos de suspense que recrean la conciencia social mexicana y se conecta con otras realidades en Latinoamérica.

Igualmente controvertido resulta Jesús, de Fernando Guzzoni, otro largometraje que también trascendió la idea original de su director al convertir una referencia a las relaciones padre-hijo en un retrato de la violencia en Chile.


Fotograma de la chilena Jesús


Según sus declaraciones, la idea de la película se relaciona con una palabra quechua que tenía en mente hace algún tiempo: guacho (huérfano). “Tiene que ver, dijo, con la lógica del padre “fantasmagórico”, ausente; y con el mestizaje y conquista de los españoles que luego se iban y dejaban a sus hijos.

Agregó que la relación fracturada entre padre e hijo resulta una especie de analogía con Chile, “pues hay un personaje que tiene 18 años, que nace en la democracia, y otro que nace en los 50 y tiene otros ideales. Es un poco cómo estas sensibilidades tienen que cohabitar y de ahí surgen una serie de conflictos.”

Jesús —coproducido entre Chile, Francia, Alemania, Grecia y Colombia— narra la historia de un muchacho de 18 años que vive con su padre (Héctor) en un apartamento, manteniendo una relación distante. Un día, luego de verse implicado en un incidente nefasto, el joven le confiesa a su padre lo sucedido. Aunque esto los acerca por primera vez, mantener el secreto se vuelve insoportable para Héctor.