Todavía tengo claros recuerdos de mi primera toma de conciencia real sobre Fidel y la Revolución cubana, cuando era un muchacho de apenas 12 años. Estaba junto a mis padres y sus compañeros sindicalistas en su trabajo del correo, en San Francisco, California, viendo emocionado proyecciones audiovisuales televisadas y comentarios acerca de la victoria insurgente progresista, liderada por Fidel, contra la dictadura de Batista.

El diálogo visual entre Fidel y la multitud de voces y rostros cubanos fue eléctrico e inspirador. Para la generación de mis padres, que luchaban por los Derechos Civiles y para mi generación emergente de Poder Negro, multicultural, progresista, de justicia social y el movimiento de solidaridad sindical, las imágenes de un Fidel al mando y el sincero tono persuasivo de su voz, se cernían de modo audaz, valiente y ético.
 


 

En este primer aniversario de la muerte física de Fidel es muy relevante, y sobre todo beneficioso, recordar y hacer hincapié en su enfoque serio y optimista sobre vivir y morir. Pienso sobre todo en su contribución directa en el terreno conquistado, gracias a lo cual existe en el mundo de hoy la humanidad transformadora y progresista de Cuba y de nuestra diversa cultura.

Fidel fue un líder catalizador. Fue firme en convocar a los ciudadanos cubanos, a los gobiernos y a los movimientos sociales progresistas de todo el mundo para enfrentar proactivamente y resolver la regla de la clase oligárquica, la injusta deuda nacional, la pobreza y la enfermedad generalizada, la intensificada discriminación racial y de género y las guerras injustas. Él condujo con autorreflexión crítica hacia  nuevas perspectivas y enfoques radicales y proyectó políticas públicas y de gobierno para canalizar el conocimiento, la cultura y las ciencias en beneficio de toda la humanidad.

Conmemoramos la vida de Fidel como un espíritu que vive entre nosotros y que todavía inspira y guía, entre los millones de ciudadanos progresistas y revolucionarios, a los movimientos sociales y a los gobiernos para que la humanidad avance hacia la justicia social y cultural, el bienestar económico, la estabilidad ambiental y la paz.

Fidel, ¡en nombre de la humanidad y la salvación de nuestro planeta, seguimos adelante!