El mundo según Trump, es un sugerente título que llega a nuestra feria gracias a Michelle Colon y su colega Grégoire Lalieu, expertos investigadores que hacen honor a los oficios del periodista, ensayista y escritor. A partir de este título y su utilidad para nuestro contexto, sostuvimos un diálogo con el politólogo belga, de visita en Cuba, a propósito de la 28 feria Internacional del Libro.


Es un libro que nos explica el entorno en que vivimos

 

¿Por qué concede usted tanta importancia a la información y su manejo?

La información es una batalla, es una guerra y cada una de estas guerras que hoy vemos está acompañada por mentiras mediáticas. Hay que intoxicar la opinión internacional para que acepte la guerra y se comporte pasivamente. Por eso necesitamos investigar detrás de la versión oficial, para ver qué se oculta, en eso se basa la concepción de propaganda para la guerra que he formulado. Cuando eres presidente de los Estados Unidos y haces una guerra contra Iraq, Libia, Siria o Venezuela, si hay algo que no puedes decir es la verdad. Tú no puedes decir “vamos a la guerra por el petróleo, por el gas, por la posición estratégica”, porque eso no es bien visto. Entonces hay que hablar, hablar mucho, organizar la propaganda de guerra y, desde mi punto de vista, la propaganada de guerra del imperialismo.

Los medios de comunicación del imperialismo tienen 5 principios: el primero es ocultar sus intereses económicos. Se trata siempre de una guerra humanitaria, a favor de las minorías, las mujeres, contra el terrorismo; siempre será una guerra moral. El segundo principio es ocultar la historia, es decir, en cada región del sur hay problemas del pasado provocados, más o menos, por el colonialismo que ha organizado la división de los pueblos para potenciar la inestabilidad. El principio número tres es satanizar, presentar una imagen horrible, con atrocidades, con imágenes naturalmente, del enemigo y el enemigo nunca será el pueblo, sino un dirigente, un dictador, un pequeño grupo. El principio cuatro consiste en invertir el agresor y el agredido y hacernos creer que tú no vas a agredir sino a rescatar a las víctimas. En ese sentido está el caso de Israel, que siempre es presentado como víctima de los misiles de Hamas y de los palestinos, ocultando la verdadera historia. El principio número cinco es monopolizar, impedir el debate. La opinión pública en nuestros países debe pensar que hay una verdad punto final. Cuando se hace una guerra existen dos intereses y dos puntos de vista y dos maneras de proyectar los hechos, sin embargo el agresor se encarga de hacer visible solo uno, el suyo. Cinco principios de la propaganda de guerra que realmente apuntan hacia la manipulación de la opinión pública y que pueden ser confirmados con exactitud en cualquiera de los conflictos actuales.

Por eso necesitamos un contraataque, es decir, necesitamos una organización, que comienza con investigar para conocer lo que la propaganda de guerra imperialista oculta y que luego desemboca en la acción. Si tú sabes y no haces nada a partir de eso que sabes, el esfuerzo de investigar se vuelve inútil, naturalmente.

Nuestra idea es que el problema de la información en nuestros países del Norte es tan serio, tan importante, que no puede ser abandonado en los medios de comunicación. Los mismos ciudadanos van a informarse y también a comunicar cada día en el trabajo, en la escuela, en los transportes; que son los lugares donde discuten y dialogan, más allá de su zona de confort, porque sabemos que mantenernos solo en espacios de unidad de criterio no es muy útil tampoco. Se tiene que discutir con quienes reciben la influencia de esta propaganda e intentar demostrar que los hechos son diferentes a como nos los cuentan y que hay que reflexionar sobre esos conflictos. Esa es la tarea del investigador.

En este libro usted nos revela que Trump desató y desata una guerra contra los grandes medios de comunicación y a la vez emplea otras alternativas mediáticas que contibuyeron notablemente al éxito de su carrera presidencial. ¿Cómo se explica esto?

En realidad lo que ocurrió fue que Clinton perdió. El Partido Demócrata es el que ha perdido, porque Clinton fue la candidata de la élite. Pero es tan grande la arrogancia, y ella está tan vinculada al stablishment que promueve la política neoliberal, que se nos presenta de otra manera. Esto tiene como consecuencia que en los Estados Unidos, el país más influyente y que está saqueando al mundo entero, existen más de 45 millones de pobres y una gran cantidad de trabajadores que pueden caer en la pobreza. Esto provocó una indiferencia hacia el Partido Demócrata, hacia el mismo stablishment que descartó a Bernie Sanders como posible presidente. Hilary Clinton continuó la misma política de su marido y de Obama, quienes han organizado la pobreza.

En Estados Unidos ahora el 70 por ciento de las multinacionales no paga impuestos, no paga nada, y el otro 30 por ciento, paga apenas el 14 por ciento. Sin embargo, un obrero, un empleado, paga del 25 al 30 por ciento. De esa manera se provoca un crecimiento de la desigualdad. Grandes fortunas crecen de manera irracional, pero sucede que no puedes comer caviar cada minuto del día, lo que hace completamente inútil esta acumulación justo cuando más y más personas viven en la miseria. Ese es el problema fundamental de la crisis del capitalismo. Si los capitalistas organizan que una gran parte de los trabajadores sean despedidos y los otros recibirán el mínimo posible, ¿quién va a comprar? Esa es la razón fundamental por la que el capitalismo mismo crea las condiciones de su crisis y no puede resolverlas. Ahora lo está resolviendo con la deuda, una deuda terrible sobre los ciudadanos y está también buscando una solución con la guerra. Pero la guerra está debilitando la política de inversión, la política económica y, naturalmente, no es la solución.

Por tanto, no es Trump el que ha ganado, sino Clinton la que ha perdido, el Partido Demócrata el que ha perdido. Trump no es la causa sino el síntoma. No es un hombre idiota, él sabe lo que se necesita hablar para ganar unas elecciones en Estados Unidos. Hay que hablar contra la élite, contra la mundialización, contra los medios de comunicación y contra la guerra. La campaña de Trump fue perfecta para engañar. Ahora bien, hay una gran diferencia entre lo que un candidato dice para engañar y lo que un candidato piensa, entre lo que su gobierno quiera hacer y lo que la élite permita. El presidente es un empleado ya que hace lo que la élite decide, lo que se decidirá como política. Considero que esta es la mejor explicación para la victoria de Trump, teniendo en cuenta también que elegir a un hombre tan racista, misógino, homofóbico y provocador como presidente del más influyente país del mundo, es una prueba irrefutable de la decadencia profunda del sistema. Es un sistema que tiene grandes problemas, que no logra consenso y que solo puede mantenerese en pie mediante una demagogia terrible y generando promesas que no se pueden cumplir.

Usted en su libro nos demuestra que hubo detrás de este ascenso de Trump una construcción mediática, con medios alternativos, especialmente con twitter. ¿Qué resortes animaron realmente esa carrera presidencial?

Trump tenía la confianza de algunos medios como Fox y otros de la extrema derecha, pero no el stablishment que representan el New York Times y las grandes televisoras y utilizó ese sentimiento de desconfianza de la población en los medios de comunicación. En los Estados Unidos cada persona sabe que la base de la guerra contra Irak fue una mentira. Cada persona puede ver que los Estados Unidos están constantemente en guerra: Libia, Siria, Irak, Afganistán, y que eso no impide que su situación personal esté cada vez peor. No hay un conocimiento de las mentiras pero hay un sentimiento de que tal situación no puede continuar. De esa manera, una persona que hace una campaña enarbolando que es diferente y que utiliza métodos diferentes como el twitter, entre otros, puede engañar. Se trató además de una campaña muy inteligente, pero cuando esa campaña termina comprobamos que se trata de un presidente que es más o menos igual que el anterior.


Michelle Colon en la Feria Internacional del Libro 2018.
Foto: Cortesía de Habana Radio
 

Usted nos revela también que Estados Unidos ya no es el país que impulsa la economía mundial y que esta se mantiene muy frágil. ¿A qué responde esto?

En realidad los Estados Unidos conocen una crisis económica que no es reciente, porque empezó en 1965 y se hizo más clara en 1973. Con la competencia de Alemania, Japón, entre otras potencias, las multinacionales de Estados Unidos deciden relocalizar, cerrar las empresas en Estados Unidos —se ve muy bien en la película de Michael Moor desarrollada en Detroit sobre la industria del automóvil—, y las trasladan a México, donde trabajan mujeres en condiciones de esclavitud. De esa manera logran una ventaja económica, pero la competencia en Europa, Asia del Este, Japón, hace lo mismo y desaparece la ventaja.

La industria en Estados Unidos ha desaparecido, lo que hace más débil su economía y es este el escenario en el cual Reagan, Clinton y todos los presidentes deciden buscar una solución para controlar los recursos, el petróleo, para impedir una alianza entre Alemania, Rusia, China y desmantelar de paso a los países del Sur que están en resistencia. Pero la guerra es muy costosa, la economía no se ha podido rescatar y al otro lado del mundo está China, que ha organizado un desarrollo con una estrategia muy planificada, lo que le otorga superioridad al sistema socialista. Puedes pensar lo que quieras sobre ese país, pero se trata de una economía planificada, con una estrategia y esa es la demostración de su superioridad frente a la anarquía completa del sistema de Estados Unidos y Europa.

Hemos sido testigos de un cambio profundo de la historia. La dominación de Estados Unidos se terminó radicalmente. Se pudo apreciar en 2013, cuando Estados Unidos quiso atacar Siria, como hizo en Libia, para destruir el país y controlar las rutas y proteger a Israel. Pero en ese momento Rusia y China acudieron a la ONU —seis veces—, y también dos misiles de Estados Unidos salieron de una base militar de la OTAN en España contra Damasco, pero cayeron en el mar gracias a que fueron interceptados por el ejército ruso. Ese momento marcó un giro en la historia, un punto de cambio que se puede comparar con Stalingrado, en 1943 —punto de inflexión durante la Segunda Guerra Mundial, en el que las tropas aliadas demostraron superioridad sobre las fuerzas hitlerianas—, es decir, que la superpotencia número uno ha perdido su hegemonía y ahora China está cambiando completamente la correlación de fuerzas, con proyectos como la nueva Ruta de la Seda, por ejemplo.

China está organizando el comercio mundial de manera totalmente diferente. Ese país es el primer socio comercial de África y de América Latina. Los Estados Unidos están perdiendo la dominación de la economía mundial y se mantienen únicamente con la dominación del dólar, que es la moneda mundial, razón por la cual todo el mundo, incluida China, está obligado a pagar la deuda de Estados Unidos. Pero el día que se termine de pagar esa deuda, los Estados Unidos quedarán con una economía débil. Estamos pasando de un mundo unipolar a un mundo multipolar.

Existe otro libro, La estrategia del caos, donde habla de la presencia de Estados Unidos en diferentes países del mundo, movidos por un objetivo velado que apunta hacia China y Rusia. ¿Cómo se explica esto?

La estrategia del caos es un título provocador pero realista que parte de un proverbio africano: Lo que no puedas controlar, destrúyelo. Eso se puede ver en Iraq, Afganistán, Libia, Somalia y mucho otros casos. Los Estados Unidos ya no están capacitados para controlar una colonia de manera tranquila como en el pasado. Esa opción está acabada. Por eso utilizan lo que se llama la guerra indirecta, la guerra a través de agentes locales, de manera que estos países, una vez concluida esa guerra, no puedan ser útiles ni para su población, ni para ningún socio comercial del mundo. Es un tipo muy singular de destrucción, una estrategia que organiza el caos y otra prueba de la debilidad del Imperialismo, resultante de su incapacidad para la dominación real.

¿Son estas las razones que le hacen pensar que entre Obama y Trump no hay mucha diferencia?

No. Para ser provocador, pienso que Obama es más peligroso que Trump, porque Obama hace discursos magníficos. Obama, por ejemplo, hacía discursos magníficos a los árabes. Decía: “yo soy su amigo”, “hay que respetar el islam”. Bien, maravilloso, pero la política en relación con Palestina fue la misma, fue una continuación de los anteriores mandatos.

Hay mucha gente hoy en las calles, protestando contra Trump, mientras que Obama y Bill Clinton fueron mucho más inteligentes. Durante la guerra de Bush hijo contra Irak, millones de gente salieron a las calles a favor de la paz. Sin embargo, la guerra de Clinton contra Yugoslavia, en alianza con Europa y los medios de comunicación, con buen discurso, con buena estrategia; logró que nadie saliera a las calles. Con Obama tampoco salió gente a la calle a protestar contra la guerra. En el Sur sí, pero en el Norte, nadie. Por eso considero que personas como Obama o Bill Clinton son más peligrosas, por sutiles.

Sus títulos suelen tener tener un gancho muy grande. Cuando usted titula un libro nos atrapa. Entre esos volúmenes está Los siete pecados de Hugo Chávez, y ahora nos trasladamos un poco a Latinoamérica. Esos pecados, ¿cómo pudieran ser revelados en esta conversación?


Portada del libro

 

Existen tantos libros en el mundo que creo que se necesita un título provocativo para que  el nuevo que proponemos llame la atención en la librería y genere curiosidad por saber de qué se trata. Debemos definir la óptica desde la cual me planteo esos pecados. Son pecados, desde el punto de vista del Imperio, a partir de que Chávez cambió las reglas del sistema económico y dejó claro que el dinero del petróleo, el dinero de la economía, en vez de servir para engrosar las ganancias de los millonarios, debía servir a la salud, la educación, la alimentación y a un mejor futuro para su gente.

Es un libro para el público de Europa, que no sabe prácticamente nada sobre América Latina ni sobre el impacto del colonialismo en la historia y mucho menos sobre el impacto del neocolonialismo y el saqueo de los recursos, que sabe muy poco sobre Pinochet y las realidades de este continente. Allí presento mi experiencia, combato la satanización, la demonización increíble primero de Chávez y ahora de Maduro. Explico lo que sucede realmente en este lado del mundo y dejo claro que se trata de una lucha de clases, de una lucha entre la élite y las clases populares para determinar quién va a decidir el futuro, para decidir si existirá o no un futuro para los trabajadores.

En medio de este mundo que usted nos explica tan bien, Cuba es una pieza interesante. ¿Por qué Cuba es un espacio a observar, a mirar en el contexto latinoamericano y global?

Considero que Cuba es un ejemplo de dignidad, de resistencia, de crítica al sistema, aun cuando está muy cerca del Imperio, muy cerca del peligro. Es un modelo de resistencia y de reflexión sobre el futuro del mundo. El mundo no puede continuar así. Tenemos guerras, saqueos, incremento de la pobreza, destrucción de la naturaleza. El capitalismo, como Marx ya lo explicó, destruye al ser humano y la naturaleza también. No podemos continuar así.

En Europa el modelo presentado por la publicidad, por la educación en general, es el consumismo, la invitación a comprar mucho. El capitalismo solo continúa si tú compras más y más artículos inútiles o que se van a destruir rápidamente y que será necesario reemplazar, lo que a su vez destruye las materias primas. Pienso que para proteger la naturaleza es absolutamente necesario el cambio de sistema, organizar una economía mucho más humana, mucho más de intercambio, de reutilización, de reciclaje.

Cuba también me parece un ejemplo de relaciones de amistad, igualdad y respeto con los pueblos del mundo. Para Cuba no existe un país ni un pueblo pequeño, que no merezca respeto y esto vale mucho ante un presidente como Trump que se atreve a hablar en términos de “países de mierda”. Trump a su vez dice lo que otros muchos piensan. Necesitamos organizar otras relaciones completamente diferentes entre los pueblos.

Usted es belga. Europa es su contexto natural. ¿Cómo evalúa el momento que viven las relaciones entre ese Estados Unidos y la Europa de estos días?

El problema es que Europa está arriba, alineada con la política general de los Estados Unidos. Estamos en la OTAN, obedecemos a Washington siempre y no hay resistencia a las guerras. Necesitamos destruir la OTAN porque se trata de una asociación de bandidos. Debemos organizar otra economía y otras relaciones internacionales. Por ejemplo, Bélgica no puede continuar participando en las guerras contra Libia, Siria o el saqueo a África.

Toda la discusión política en Bélgica y en Francia es sobre los refugiados, a partir de que mucha gente llega a Europa desde el Medio Oriente, desde África. Los expertos dicen que en los próximos años, 20 millones de africanos tratarán de emigrar a Europa a través del Mediterráneo, a pesar de los peligros que ello entraña. El problema es que frente a ese fenómeno tenemos una prensa y partidos de derecha, la gran mayoría de los cuales, lamentablemente, dicen que es triste el panorama de los refugiados en sus países pero que no pueden ofrecer espacio para toda la miseria del mundo.

Pero la cuestión no es esa. La gente no desea salir de su país para sobrevivir. La pregunta realmente es por qué la gente necesita salir. Por dos razones: las multinacionales del Norte impiden vivir de manera digna en estos países, como consecuencia del saqueo de recursos y de que se venden allí innumerables cifras de productos provenientes de Europa y Estados Unidos, a precios que eliminan a los campesinos y productores locales. De ahí que la emigración a Europa se convierta en la reacción más normal para sobrevivir, para que tus hijos puedan comer. El segundo fenómeno es la guerra. Muchos refugiados son de Siria, del Medio Oriente, de Afganistán, países destruidos por las guerras del Norte, por las guerras que decidieron hacer Estados Unidos y Europa.

Son dos razones, ambas provocadas, las miserias y las guerras. Ahora tenemos el problema en Europa, donde existe un movimiento maravilloso de solidaridad con los refugiados, pero de lo que realmente se trata ahora es de explicar que no se trata únicamente del ser humano europeo y su actitud ante los refugiados, sino de atacar el problema desde su fuente, desde sus bases, eliminando los factores que provocan la fuga de millones de pobres de sus lugares de origen.

Y son precisamente estos avezados y suspicaces análisis a contracorriente los que nos permiten entender el comportamiento de las potencias que hoy tratan de dominar el mundo con sus acciones de terror. Necesitamos más que nunca esa corriente de pensamiento divergente que explique muy bien la política del caos y sus consecuencias.