Asistir a la presentación de un libro con Vladimir Acosta es disfrutar una lección de sabiduría política y cultura popular. Historiador de profesión, en este inquieto ser confluyen el estudioso de la cultura europea con el crítico acérrimo de la política intervencionista de los Estados Unidos, todo ello amparado por un conocimiento profundo de las religiones, su historia y su influencia en la geopolítica y en las relaciones de poder entre norte y sur, occidente y oriente.

Al mismo tiempo destaca el modo locuaz y desenfadado conque Vladimir trata los temas más complejos, iluminando temas y problemáticas globales desde la perspectiva del hombre de pueblo que no ha dejado de ser, pese a su investidura académica y a su prolífica carrera como autor.

Esta conversación que ahora compartimos tuvo lugar en La Cabaña, durante la recién concluida Feria Internacional del Libro de La Habana, en la cual se presentó su volumen El monstruo y sus entrañas, un estudio crítico de la sociedad estadounidense, publicado por la casa editorial Galac, de Venezuela. Deseoso de que su libro pueda reeditarse en Cuba, Vladimir accedió a adelantarnos algunas de las tesis que allí desarrolla, avaladas por el destacado autor venezolano Luis Brito García, quien tuvo a su cargo la presentación del volumen en La Habana.

Entre las tesis que sostiene su libro, destaca aquella según la cual todas las guerras de los Estados Unidos tienen en la religión, particularmente en el Calvinismo, su motivación más profunda. ¿Cómo explica este fenómeno?

El dominio de la religión sobre los Estados Unidos es impresionante, no solo por la cifra de religiones sino porque todas están dominadas por componentes calvinistas. Llama la atención cómo en un país que tiene más de 2000 corrientes religiosas no hay ninguna que se llame calvinista, y la razón es que todas están derivadas de ella.

Profesor Vladimir Acosta
 

El calvinismo es la corriente más pesimista de las religiones protestantes. Tiene la ventaja de que, frente al catolicismo, convierte al ser humano en independiente, pero con eso también lo separa de la sociedad. El catolicismo establece ciertas obligaciones sociales; esta corriente establece que el ser humano es absolutamente independiente de la sociedad, de manera que cada uno escoge su destino y, si tiene éxito económico, le demuestra que es uno de los elegidos. Sin embargo, tiene una contradicción fundamental y es que dice que desde el comienzo de los tiempos Dios escogió quién se salvaba y quién se condenaba. Insiste en que no se trata de las buenas obras —como las religiones cristianas—, pues no valen de nada si no eres un elegido.

Sobre esa base se establece entonces la condición de “pueblo elegido” de los Estados Unidos, el compromiso del poder norteamericano con la religión —fundamentalmente con el calvinismo—; y sobre esa misma base los ministros, funcionarios, Secretarios de Estado… actúan como personajes que, al mismo tiempo que políticos, son religiosos.

Estados Unidos se vende a sí mismo como el primer estado que separó el Estado de la Iglesia, y no es verdad. Lo que hizo fue que el Estado no se comprometió con ninguna de las religiones para poder mantener la unidad de los nuevos estados que estaban surgiendo, cuando la guerra de las trece colonias. Pero todos los presidentes actúan como religiosos, por eso todas sus guerras son religiosas. Exactamente como podían haber hecho las sociedades medievales.

A eso se suma que el poder norteamericano se caracteriza por crear enemigos artificiales o no justificables. Han logrado tener siempre un enemigo, y el Estado se las arregla para presentar que es “necesario” unirse frente a él porque de lo contrario se es un traidor y se pierde la condición de american. Eso sirve para rebajar los conflictos y la lucha de clases.

Usted, además de investigar la historia de los Estados Unidos y el macartismo, ha estudiado el periodo del Medioevo y la región europea. En ese sentido, ¿cómo se explica el renacer global del macartismo y su enmascaramiento actual?

En los Estados Unidos el macartismo es un fenómeno que reducen a diez años, entre 1947 y 1957, lo cual no es así: McCarthy gobierna prácticamente durante cinco años. Ese macartismo empieza con Truman y se va a mantener desde antes de McCarthy hasta después de él. Es un fenómeno que viene por lo menos desde 1798 con la primera ley de represión contra los extranjeros acusados de ser partidarios de poner en peligro la sociedad estadounidense. Y eso ha dominado a los Estados Unidos durante todo el siglo XIX, en el XX…

Después del fenómeno de las Torres, en el 2001, ha habido un neomacartismo; y hoy están sometidos a una represión enorme pero que han asimilado como normal. Se han tragado el cuento de que el terrorismo —que no es más que la respuesta de los países árabes a los crímenes cometidos por los Estados Unidos contra ellos— es un fenómeno que arranca de allí, que los odian “por ser superiores” —como decía Bush— y que para proteger a la sociedad norteamericana de esa amenaza terrorista es que el Estado exige modificar las leyes y quitar libertades a los ciudadanos en pos de “protegerlos”.

Entonces, desde el 2001, Estados Unidos es una sociedad prácticamente macartista, pero sin el rechazo que tenía en época de Joseph McCarthy. Es algo naturalizado. Lo grave es que en Europa está pasando un fenómeno parecido. Lo he denunciado en varias ocasiones. Si en los años 30 o 40 las sociedades burguesas europeas se enfrentaron al nazismo, por ejemplo; de los 90 hasta acá, componentes del mismo nazismo y del fascismo se han ido convirtiendo en parte de los instrumentos represivos contra los pueblos, y sus leyes han sido también modificadas para convertirlas en sociedades cada vez más autoritarias. Lo que pasa es que esos gobiernos que en una época tuvieron cierta independencia, hoy son los “capataces” de los Estados Unidos, y son tan serviles que les imponen políticas que los perjudican y aun así siguen haciendo su trabajo sucio.

Portada de libro
 

Usted también ha investigado las constituciones. Es curioso cómo el pensamiento académico de los países hegemónicos tiene como uno de sus blancos preferidos la “incompetencia” de nuestras constituciones. Pero cuando se trata del hegemón, lo abordan desde otro punto. A su juicio, ¿por qué la academia no se cuestiona la constitución de los Estados Unidos?

Lo primero es que las constituciones nuestras son humanas, y se trata de dar un cuadro de una sociedad en un momento determinado, y es lógico que cambien con el tiempo. En los Estados Unidos la hicieron los padres fundadores, inspirados por “Dios”. Este país tiene una constitución pre capitalista, dominada por la esclavitud; no democrática, sino republicana.

¿Qué ejemplo de democracia puede ser una sociedad como esta, racista, exterminadora de su población indígena, mantenedora de la esclavitud? Nuestra gente conoce de los Estados Unidos las agresiones, los golpes de estado…, pero no lo conocen por dentro, no siguen el ejemplo de Martí, que justamente analizó desde adentro esa sociedad. Y es en buena parte lo que trato de hacer, para que los latinoamericanos no se “traguen” los cuentos sobre los Estados Unidos.

Además de ser un referente directo, tal como lo expresa el título de su libro, ¿hasta qué punto José Martí ha sido una motivación para sus investigaciones?

Martí es un ejemplo porque anunció desde el inicio la necesidad de conocer desde adentro a los Estados Unidos, que es el principal enemigo de los latinoamericanos, y cuando uno tiene que pelear con un enemigo debe conocer sus fortalezas y sus debilidades para poder desmontarlo.