El Festival Internacional Jazz Plaza, ahora con la nueva fecha en el mes de enero, se va a efectuar del 16 al 21, en la sede de la Casa de la Cultura en Calzada y 8, El Vedado y muchas otras subsedes en la capital y en el Iris Club de Santiago de Cuba.

El evento presidido por Chucho Valdés y Bobby Carcassés, tiene invitados internacionales como Diego El Cigala.

No debe extrañarnos el auge y la importancia que tiene el Festival Internacional de Jazz Plaza en La Habana, por esta capital del jazz han pasado figuras legendarias del exterior y de Cuba: Dizzy Gillespie, Herbie Hancok, Tete Montoliu, Michel Camilo, Carmen McRae, Chano Domínguez, Giovanni Hidalgo, Charlie Haden, Danilo Pérez, Gato Barbieri, Roy Hargrove, Max Roach, Steve Coleman, Airto Moreira, David Amram, Roy Ayers, Irene Reid, Leon Thomas, Dave Valentín, Terence Blanchard, Ronnie Scott´s, Winston Marsalis, Ry Cooder, Stan Getz, Orquesta de Jazz Lincoln Center.

De Cuba para el mundo han salido: Chucho Valdés, Paquito D´Rivera, Arturo Sandoval, Chan guito, Tata Guines, Gonzalito Rubalcaba, Roberto Fonseca, la familia López Nussa, Rolandito Luna y una cohorte de nuevos talentos que ya tienen un lugar en el campo internacional.
 

El evento será presidido por Bobby Carcassés. Foto: Granma.cu
 

La invasión de músicos cubanos y caribeños hacia los Estados Unidos data desde 1776. Se habla de la llegada de 3 000 haitianos, en los años de 1809 y 1810 más de 10 000 refugiados antillanos llegaron a Nueva Orleans, Había una corriente de población que provenía de las islas del Caribe hacia Nueva Orleans. Proviniendo la mayoría de ellos de Santo Domingo (o Haití que era el nombre de la colonia francesa después de indepedendizarse en 1804) Muchos esclavos negros, de las mismas tribus, junto a sus colonos franceses, huían del terror de la Revolución haitiana o escapaban de las luchas internacionales que se desarrollaban en el Caribe.  (Gilbert Chase)

Fernando Ortiz escribió que “cuando Nueva Orleans era española, se comunicaban bastante con Cuba, y de aquí iban “guaracheras” a cantar junto al Mississippi".    

Nueva Orleans, en tiempos de la colonia poseía una exótica, híbrida y excitante mezcla de elementos musicales. La ciudad fue prosperando por el comercio de la zona del puerto por donde entraban las materias primas. La demanda de diversiones musicales creció extremadamente.

Muchos de esos negros eran músicos, asumían el doble oficio y eran admitidos para que tocaran para los bailarines. La inauguración del distrito Storyville (zona de burdeles) en 1897, el jazz se convierte en una profesión. Todo esto tendría mucho que ver en el futuro desarrollo de la música estadounidense, particularmente en relación con el origen y crecimiento del jazz.
 

 Luis y Lorenzo Tío eran cubanos-mexicanos, ellos viajaron y se instalaron en
Nueva Orleans en 1884 con la Banda del 8vo Regimiento. Foto: Internet

 

Un músico cubano, nacido en 1863, llamado Manuel Pérez se convirtió en una verdadera leyenda del jazz; entre 1890 y 1898 tocó en distintas bandas hasta que formó la suya propia, llamada Imperial Band. Mas tarde visitó  Chicago y otras ciudades norteñas y regresó a Nueva Orleans a principios del siglo XX.

Luis y Lorenzo Tío eran cubanos-mexicanos, ellos viajaron y se instalaron en Nueva Orleans en 1884 con la Banda del 8vo  Regimiento de Caballería de México incluían en el repertorio varias danzas, contradanzas y habaneras.  Otros cubanos que se instalaron en Nueva Orleans fueron los hermanos palau, Paul Domínguez, Florencio Ramos, Peolops Núñez, Willie Marrero, Alcides Núñez y Jimmy Palau, quien toco en la banda  de Buddy Bolden.

Frank Grillo “Machito”, decía que “Cuando Cuba era colonia de España hubo muchos independentistas que escaparon a Nueva Orleans, entre ellos muchos músicos; por eso Nueva Orleans fue siempre tan importante”.

En 1884-1885, en la Exposición Industrial y Mundial del Algodón una Banda Mexicana causó sensación  con la danza y la habanera (de La Habana). El ritmo de moda de la habanera fue adoptado por varios compositores estadounidenses: W.C. Handy, Gottschalk en 1854 y Handy en 1900, ambos habían viajado a Cuba. Handy en su obra emblemática St. Louis Blue se aprovechó del ritmo de la habanera.

El pianista Jelly Roll Morton aprendió a tocar habaneras y decía: “En mis melodías se puede escuchar el matiz latino. De hecho, si no eres  capaz de poner matices hispanos en tus melodías, nunca podrás tener sabor justo, digo yo, para el jazz”.

En la década de 1920, en pleno Boom del son,  Nueva York era un hogar para creciente números de latinos. Un número de músicos cubanos llegó a Nueva York en los intermedios de las guerras mundiales. En 1927, uno de esos músicos fue el flautista Alberto Socarras, llamado el Duke Ellington cubano. En aquella época comienzan a visitar Nueva York muchos sextetos con el objetivo de tocar en teatros, salones y grabar el son cubano.

En 1930, la Orquesta de Don Azpiazu, con el cantante Antonio Machín graban El manisero, iniciando con esa grabación y sus presentaciones, el primer boom de la música latina, abriendo el camino a la industria musical de todo el continente. Hasta el gran Louis Armstrong llegó a grabar una versión de El manisero.

Alberto Iznaga llegó desde a Cuba a Nueva York, en 1939, donde tocó en varias orquestas y fundó la Orquesta Siboney. En la década de 1940 se destacan en Nueva York: Xavier Cugat, Miguelito Valdés, Desi Arnaz, Vicentico Valdés, Panchito Riset.

El profesor Raúl Fernández, escribe en su libro Jazz Latino, que el latin jazz (cubano) es una combinación de dos tradiciones musicales: el jazz estadounidense y los timbres cubanos (y su toque caribeño). “Cuba aporta su complejo ritmático: la habanera, el son, la rumba, la guaracha, el mambo, el cha cha chá y la descarga. En la raíz del jazz y las músicas caribeñas se encuentra la savia africana”.

Esta combinación cubana se gesta desde inicios de la década de 1940, Leonardo Acosta lo redacta en su libro Descarga: “Ya hacia 1942 los principales músicos del bop, entonces la vanguardia del jazz, se interesaban por los ritmos afrocubanos y se acercaban a los cubanos Mario Bauzá y Frank Grillo (Machito). Uno de ellos fue Dizzy Gillespie, quien había participado en “descargas” con Mario Bauzá y Noro Morales, también trabajó en la orquesta de Alberto Socarrás. Con frecuencia Gillespie acudía al Park Plaza y se sentaba a tocar con Machito”.

En 1940 entre Bauzá y Frank Grillo organizan la orquesta Machito and his Afrocubans. La experiencia resultaría una fusión —como decimos ahora— de arroz con frijoles negros y hamburguesa: lo negro, lo blanco, lo mestizo, el jazz y los ritmos cubanos. Sabemos bien que la abundante rítmica cubana llena de sonidos y variables tímbricas enriquece y alimenta el fabuloso jazz.

A partir de datos del especialista Luc Delannoy, en julio de 1940, en el Spanish Harlem de New York, Machito entrena la orquesta y luego de muchos ensayos, debuta el 3 de diciembre de 1940 en el Park Palace Ballroom, en la esquina de la calle 110 y la Quinta Avenida, en Harlem. Su repertorio lo conforman guarachas, sones y rumbas, para reafirmar su apego a la tradición cubana

Machito sube al escenario con sus maracas de oro, la banda se amplía a cinco saxofones, tres trompetas, dos trombones y una conga (tumbadora). “Nuestra idea —explicó Bauzá— era tener una orquesta que pudiese rivalizar con las orquestas estadounidenses, con su sonido pero a su vez tocara música cubana. Por tanto contraté a chicos que tenían la costumbre de escribir arreglos para Cab Calloway y Chick Web; quería que me dieran ese sonido particular”.

En lugar de una batería convencional los Afrocubans empleaban percusiones latinas, contrataron al timbalero y bailarín de 17 años llamado Ernest Anthony (Tito Puente) quien llegaría a ser el rey del timbal latino. Tito aprendió de los percusionistas de  Cuba, especialmente del club de jazz 1900 y de los efectos del percusionista legendario El Chori, en La Choricera, uno de los cabaretuchos de la Playa de Marianao.

La Afrocubans es la primera orquesta que incorpora armonías y “solos”  de jazz, utilizando simultáneamente una sección completa de percusiones afrocubanas como conga, bongó, clave, maracas y güiro que producen una gama de ritmos sobre manera superpuestos, en una politritmia sensacional que dejaba estupefactos, un poco confundidos, a los estadounidenses. Sonaban congas en 6/8, timbales en 2/4 y el bongó en 5/4

En el verano de 1942, sigue contando Delannoy, la banda Afrocubans es contratada para el cabaret La Conga, en la calle 50. Es la primera vez que una orquesta de músicos negros latinoamericanos toca en ese barrio central de Manhattan. Los públicos diversos olvidan sus diferencias, se reúnen blancos, negros, mestizos, cubanos, puertorriqueños, aficionados al jazz, bailarines, fanáticos de la música cubana y caribeña.

En la noche de inauguración, Mario Bauzá invita al colosal Miguelito Valdés a interpretar canciones de moda, el éxito es tal que el propietario del club, Jack Harris, propone a Machito un contrato por duración indeterminada. Tanta importancia alcanzó el proyecto cubano en los Estados Unidos que hasta el mismísimo Frank Sinatra se hizo amigo de Machito, lo iba a escuchar al Club Brasil, en California y hasta cantaron juntos en la orquesta.

Un genio cubano como Mario Bauzá, en 1943 crea la composición Tanga, primer testimonio grabado, la heráldica sonora, de ese tipo de jazz cubano, la culminación de un proceso creador. Su difusión causo el efecto de una bomba conociendo un éxito sin precedentes. (Luc Dalannoy)

Para que la historia se complete, el mito de las congas, el colosal músico Chano Pozo, arriba en 1947 a Nueva York. El tamborero cubano se une a Dizzy Gillespie, funden lo pasajero con lo eterno, creando una alianza invencible. Graban temas como Manteca, un clásico del latin jazz. Se presentan en el Town Hall, Carnegie Hall, en encuentros explosivos, una especie de holocausto rítmico revolucionando  el estilo bop y muchas músicas que aparecieron en el futuro.

A partir de la década de 1950 músicos estadounidenses viajaron a Cuba, y de Cuba músicos cubanos viajaron o se establecieron en los Estados Unido; juntos, en alianza amistosa han trabajado por la música de ambos pueblos de América, a pesar de los bloqueos, y las intenciones de divisiones aplicadas por el gobierno de los EE.UU. El Festival Internacional de Jazz Plaza, ha servido para mantener ese puente de hermandad musical.