La nueva edición de la Feria Internacional de Artesanía en La Habana, FIART 2016, ha convocado a más de 300 artesanos-artistas de más de dieciocho países. Al final de un recorrido por el recinto ferial de Pabexpo, Abel Prieto, ministro de Cultura, accedió a conversar con Cubarte.

Bajo el impacto del dolor que ha conmovido a Cuba y al mundo, la pérdida física del Comandante en Jefe Fidel Castro, se retoma la vida cultural y artística de Cuba. ¿Cómo valora la convocatoria de artesanos y artistas a este evento que arriba a dos décadas de creado? 

En primer lugar, el acto de apertura comenzó con la canción extraordinaria de Eduardo Ramos, interpretada por Sara, que tanto le gustaba a Fidel; siguió con dos piezas de los Hermanos Novo, parte del sentimiento compartido de estos días, que han sido muy amargos, pero también muy esperanzadores, porque la gente ha llorado a Fidel, y al mismo tiempo lo ha estado evocando para que siga vivo entre nosotros, en este país. El discurso de Arturo (Valdés), nuevo director del Fondo (Cubano) de Bienes Culturales, que dijo palabras muy sentidas. Y finalmente la sorpresa de tener a Raúl Torres, a Eduardo Sosa, a Annie Garcés y a Luna Manzanares, interpretando Cabalgando con Fidel, una gran contribución al homenaje de todo el pueblo, algo realmente difícil de valorar. Yo me di cuenta el día del acto en la Plaza, el 29, a las siete de la noche, que ya la gente se sabía y coreaba la canción cuando se proyectó el video.



Los jóvenes han tenido una identificación muy auténtica con Fidel, y eso ha sido importantísimo. Ayer vi un reportaje en el Noticiero Cultural, con las declaraciones de artistas que participaron tanto en la peregrinación como en el acto en la Plaza, y también en las guardias de honor. Gente muy joven, como Yasek Manzano, que dijo cosas impactantes; Israel y Joel, del dúo Buena Fe, y, con ellos, integrantes de todas las generaciones, Ever Fonseca, Pancho Amat, Omara, Frank Fernández, Graziella Pogolotti, una de las figuras más lúcidas de la intelectualidad cubana de hoy, y a su vez ver a Amaury Pérez, a Tin Cremata, y a tantos que hicieron declaraciones. José María (Vitier) evocó con emoción a su hermano Sergio y en especial a Cintio, tan cercano a Fidel y tan querido por Raúl. 
 

Los artistas, como parte inseparable de este pueblo, han pasado días muy duros, y siempre en el fondo de la amargura y la tristeza se sostiene, como te decía, un componente de esperanza. De pronto, este acto de apertura le dio sentido a la Feria, algo que nos preguntábamos cómo hacer después de la pérdida, así lo dijo Arturo con franqueza en su discurso. Porque este evento, y el salto creativo que ha dado la artesanía artística en Cuba, tiene que ver también con la obra de Fidel.

 

¿Qué fue lo que más le impresionó de su recorrido por el área expositiva de FIART?

Me impresionó lo que vi en los artesanos que hacen muebles, porque uno de los problemas que yo vengo debatiendo desde hace muchos años —y Mercy Correa, que está aquí, no me dejará mentir— es que nosotros estábamos haciendo concesiones, sobre todo en la fabricación de muebles, a un gusto kitsch, con un exceso de brillo, un barniz resplandeciente que casi te enceguece, y a veces un toque de falsa y supuestamente refinada “antigüedad”.

 

A mí no se me olvida nunca una definición de felicidad que dio Martí. Dijo que era rodearse —quisiera recordar sus palabras exactas— de ornamentos muy simples, muy sencillos, y al mismo tiempo muy bellos. Y basta con eso para ser feliz. Martí no habla de que la felicidad consiste en tener un original de uno de aquellos pintores impresionistas franceses sobre los que escribió de manera tan aguda. No es tener una obra adquirida en una subasta en no sé cuántos millones, sino algo que sea hermoso, de buen gusto y sencillo a la vez. Es, como le dice a María Mantilla en una carta increíble, “quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera”, “mucha tienda, poca alma”. Martí percibió algo que se revelaría después como una pieza central del sistema de dominación capitalista: el consumismo como sentido de la vida de la gente. Fidel, como hijo de Martí, insistía mucho en la idea de que la cultura forma parte de la calidad de vida y de que es un antídoto frente al consumismo.


 

Vi lo que expone el grupo pinareño “Los Chapuserios”, con una broma en su propio nombre, a quienes no conocía a pesar de ser de mi provincia. Trabajan con árboles derribados por los huracanes. Han ido retomando esos pedazos de troncos caídos y construyen mesas y sillas que están atadas con sogas. Usan materiales rústicos. De pronto, de todo ese mundo surge la belleza que decía Martí. Esa belleza de lo sencillo, que, por supuesto, hay que tener talento para descubrirla. Además, vi otros colectivos que exponían igualmente muebles, a los que añadían una sugeuestra, tan cubana y tan genuina, porque en este momento en el mundo entero están creciendo las tendencias fascistas y racistas, la ultraderecha más feroz y más retrógrada. Tú lo estás viendo con el fenómeno de los inmigrantes, una fuerte tendencia fascistoide. Así surgió Hitler. Las crisis del capitalismo, la necesidad de tener un chivo expiatorio, que entonces fueron los judíos, los comunistas y todos los que ellos consideraban “inferiores”, y ahora son los inmigrantes, los que huyen de la miseria que provocó ese sistema, del horror de sus guerras, y que ahora son rechazados. Se fomenta un egoísmo muy doloroso para que a uno le parezca que la tragedia cotidiana sólo sucede en la televisión. Más de diez mil niños desaparecidos que se dice están en manos de las mafias, de traficantes de órganos, de pedófilos. Quieren que nos acostumbremos, como ante un show televisivo, al dolor ajeno, como algo que no nos concierne.


Fuente: Cubarte