Asumir el resentimiento como una postura ante la vida es lo mismo que pretender obviar lo positivo que pudo surgir del genocidio producido con la llegada del enviado del imperio español a las costas de Cuba.

La negación de lo bueno y lo salvable que siempre puede tener la historia, que es la vida de nuestros antepasados y sus errores en nuestras espaldas, solo conduce a posturas radicales que nunca son buenas, como buena puede ser la obra de la Casa de Iberoamérica y su principal evento, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana.

Por estos días, cuando ya se aproxima la fecha —ese 28 de octubre de 1492 en el que desembarcó el almirante Cristóbal Colón por las costas de Bariay, al norte de la provincia cubana de Holguín—, otra vez se desempolva el debate que surgiera en el mismo año de la creación de la Fiesta y de la Casa.

Cuando en el año 1992 un grupo de intelectuales holguineros, guiados por el afán creador del Dr. Armando Hart Dávalos, se enfrascó en la tarea de fundar un evento que celebrara el encuentro de culturas, no era la inocencia la que guiaba sus pasos, sino el aspiración benévola de cultivar otra visión de los mismos hechos ante un continente americano marcado por el resentimiento.


La Fiesta de la Cultura Iberoamericana celebra el encuentro entre culturas. Fotos de la autora

 

Esta controversial interpretación de los hechos, que para investigadores de otras latitudes es inaceptable como celebración, se torna más simple cuando partimos de un cuestionamiento básico: ¿el hijo de una mujer violada no tiene derecho a nacer, ni a celebrar cumpleaños?

Negar al hijo sería negar la vida y sería negarnos a nosotros mismos, a lo que somos y al lugar de donde provenimos, a la amalgama de razas en la que sangró el más débil, fecundó el espermatozoide ganador y los otros fueron desechados; no es justo, pero de ahí salió algo bueno, nosotros.

Creo que así pensó Armando Hart desde su cargo de ministro de Cultura en Cuba cuando en 1992 llamó Miguel Torres, quien era el Director Provincial de Cultura en Holguín por aquellos tiempos, y le propuso la idea. Así lo cuenta el investigador José Novoa Betancourt, quien afirma con orgullo que pudo presenciar los hechos.

“La fiesta Iberoamericana surge en el contexto de las Cumbres Iberoamericanas —comenta Novoa— y aunque yo la dirigí por largo tiempo tuve un antecesor, el primer director de la Casa fue el eminente científico y arqueólogo José Manuel Guarch del Monte.


El investigador José Novoa Betancourt sucedió en la dirección del evento a su presidente fundador Miguel Torres

 

“Yo tuve el honor de acompañar a Miguel Torres cuando fue a proponerle el cargo a Guarch, él aceptó inmediatamente porque se enamoró de la idea, pero puso una única condición, que no se le pagara ningún salario por eso; exigió que el solo se mantendría con su jubilación y así fue durante el tiempo en que dirigió la Casa; nunca cobró por ello.

“Pero lamentablemente él estaba enfermo y solo se mantuvo el primer año; cuando sufrió un segundo infarto cardíaco debió apartarse del cargo para cuidarse la salud, entonces asumí yo la tarea.

“En la primera edición de la Fiesta, en 1993, corrían tiempos muy duros para el pueblo cubano, estaba comenzando el llamado Período Especial y tuvimos que trabajar con precarios recursos económicos.

“Se trabajó mucho y este proyecto cultural no hubiera salido delante de no ser por aquello que vislumbró Hart  desde el inicio, él siempre pensó que Holguín, era el lugar correcto porque, además de ser la localidad por donde desembarcó Colón, en esta región existen fuertes raíces hispánicas, además cuenta con un sustrato cultural importante de la población aborigen y de transculturación.

“Se tuvo en cuenta que en Holguín existe una base buena económica y sobre todo un movimiento cultural fuerte que permitía el desarrollo de estas actividades con talento artístico propio que nutrirían al desarrollo turístico de la zona.

“Lo más significativo del trabajo de esa época es que éramos un equipo de trabajo que amábamos la cultura y amábamos a Cuba, las actividades no se cancelaban aunque hubieran los apagones de aquellos tiempos, la gente acudía aunque se fuera sin la corriente eléctrica, allí se realizaron recitales de poesía alumbrados con el quinqué de mi casa y teníamos una gran afluencia de público, estas son cosas que marcan y no se olvidan”.


La Fiesta Iberoamericana pone la atención sobre los orígenes comunes de las culturas regionales

 

Muchas fueron las personas que vincularon su quehacer artístico a este espacio cultural y encontraron allí, y continúan encontrando en la actualidad, un lugar donde buscar arraigo. Otra de las fundadoras de la Casa, la historiadora Rosa Ajo, recuerda su labor como fundamental en este sentido.

“En una etapa inicial la Casa tuvo una labor que creo fue unificadora en el pueblo holguinero, porque tuvimos la tarea de aglutinar las sociedades de descendientes de españoles, sociedades que ya existía a nivel de país pero que en la Casa de Iberoamérica encontraron un espacio para reunirse desde su región y manifestarse culturalmente.

“Estas sociedades, por ejemplo, la vasca, la catalana, la gallega, la asturiana y muchas otras, encontraron un lugar donde poder realizarse en sus añoranzas por aquellas tierras ibéricas que muchos de ellos las había dejado atrás y hay que reconocer que fue muy importante el apoyo de las autoridades políticas y gubernamentales de nuestra provincia para que todo esto se realizara”.

El encuentro con las raíces, la tolerancia, la inclusión y la solidaridad no borran los horrores, pero permiten experiencias nuevas sin tener que acudir a la omisión de los hechos como el típico del avestruz o la trinchera a ultranza, a casi 25 años de tomada la solidaridad como bandera, la historiadora Nury Valcárcel, también fundadora de la Casa, sigue pensando que se puede.  

“En ese año 1992, cuando cumplíamos el quinto centenario de la llegada de las calaveras de Colón a este  territorio, esta fue la forma que encontramos de rememorar el hecho visto desde Cuba.

Historiadora e investigadora Nury Valcárcel, fundadora de la Casa de Iberoamérica
 

“Desde el inicio un grupo de intelectuales holguineros nos reunirnos para debatir como veíamos este encuentro de culturas desde nuestro país y apoyamos la idea de Hart, el encargo que él le deja a los holguineros de desarrollar un evento que les permitiera vivenciar sus raíces.

“El proyecto nace desde una perspectiva de estudiar, investigar y valorar que si bien es cierto que el hecho histórico significó un genocidio de las culturas americanas también propició algo que trascendió a ese momento que fue el surgimiento de la cultura iberoamericana.

“Desde entonces España no volvió a ser la misma ni el continente americano tampoco, todos pasamos a ser una gran comunidad en la cual se gestaron patrones culturales que aunque tienen diferencias, en cada uno de los países de América existe un arraigo común que da lugar a nuestra cultura.

“Investigar y desarrollar la solidaridad entre los pueblos que conforman el mosaico iberoamericano fue el objetivo inicial que nos unió y la Casa ha tendido puentes de diálogo e intercambio cultural.

“En el año 2008, cuando nos sacudió el Huracán Ike, la fiesta llevó a sus participantes convertidos en Brigadas de solidaridad a las comunidades afectadas y desarrolló las jornadas culturales que estaban planificadas en los territorios más necesitados.

“La labor investigativa de la Casa fue evolucionando desde la perspectiva en que se profundizó el tema sociocultural y hasta la fecha la Casa tiene un proyecto destinado a potenciar la obra de los creadores en general. Aunque se ha ido transformando el proyecto original no se ha perdido la esencia que yo diría que está en desarrollar la solidaridad entre los pueblos.

“En ese sentido dio un gran aporte la labor de Alexis Triana Hernández, cuando fue director provincial de Cultura en Holguín, que tuvo la capacidad de unir diferentes momentos investigativos y consolidarlos en el Congreso Iberoamericano de Pensamiento. Esto marcó una mayoría de edad en la obra investigativa.


El evento vincula a la comunidad y busca desarrollar la solidaridad entre los pueblos, afirma Valcárcel

 

“La Fiesta tiene una proyección comunitaria, se desarrolla en los parques, en las calles y llega hasta lugares más apartados. En esto ha sido favorecida Gibara hasta donde siempre llegan las actividades porque, aunque no fue el lugar del desembarco, fue donde más posibilidades tuvo el Almirante de vincularse con los nativos, pues pasó allí 13 días y fue por donde el mundo conoció el tabaco.

“La fiesta, en su primera edición de 1993, fue un acontecimiento difícil porque los estudiosos e investigadores de nuestro continente americano no entendían por qué desde Cuba estábamos celebrando un hecho marcado por el genocidio cuando ellos lo condenaban. La visión nuestra no era negar el genocidio, sino rememorar ese momento a partir del cual se desarrolló un intercambio cultural de donde nació nuestra cultura y a partir de ese momento todos fuimos iberoamericanos.

“Pensamos que de alguna manera hemos llevado a la comunidad científica a razonar sobre esta visión de los hechos y además hemos contribuido para que el pensamiento y la cultura holguinera puedan alcanzar vuelos internacionales porque siempre ha sido nuestra pretensión que Holguín sea la capital iberoamericana del pensamiento y la cultura”.

La labor humanista y solidaria de este proyecto es la que mueve con más fuerza a las nuevas generaciones que en ella laboran. El Doctor Eduardo Rafael Ávila Rumayor, actual director de la Fiesta y la Casa, sigue enfrentando los mismos embates de 24 años atrás: investigadores y estudiosos que aún no se conforman con esta celebración que ya los holguineros sentimos como un derecho nuestro. La diferencia en el debate es que ahora existe una obra que lo precede, un actuar que ha dejado huellas en la orgullosa “holguineridad” y en los que nos visitan.

“Aún hoy hay un debate muy fuerte sobre cuál es el día, si el 12 porque es el de la resistencia de la raza, o el 28 que es el de los perpetradores de la masacre; eso hoy está en la palestra. Nosotros lo vemos como dos momentos de un mismo hecho cultural, pero sin olvidar que es el 28 cuando Colón llega a Cuba.


Doctor Eduardo Rafael Ávila Rumayor, actual director de la Casa de Iberoamérica

 

“El sentido de nuestra labor es ofrecer un espacio donde podamos entender en profundidad el sentido de este hecho histórico concreto que marcó el paso de una época a otra, de conjunto con los historiadores del territorio hemos propiciado el encuentro con nuestras raíces y debates para tomar en consideración también el aporte aborigen y la influencia africana.

“Esta tiene que ser una labor de la Casa en el futuro, porque si la hoy se plantea que hay que echar por tierra lo que significa el hecho histórico del 28 de octubre, estaríamos permitiendo que se omita, y creemos que nos corresponde defender la historia de nuestro país y de nuestro hemisferio.

“El papel de la Casa, pasados 525 años del descubrimiento de América, es encontrar el significado que tiene todo esto para nosotros, que no puede obviar la huella española, ni olvidar tampoco que la conquista significó masacre y exterminio. Ninguna de las dos posturas es acertada como radical, hay que buscar una visión de encuentro.

“Quizás no logremos tener la capacidad de ser los mediadores universales de esto, pero ese es el mandato que se le dio a la Casa hace 24 años y continuamos siendo un proyecto de resistencia cultural”.

“Parir” una fiesta con todos los dolores que esta implicó y mantenerla viva hasta la actualidad, con difíciles periodos superados y precariedades económicas ha valido la pena. Los procesos de transculturación han sido complejos pero lo más difícil siempre serán el concilio y la tolerancia.

La posibilidad de tener un escenario donde dialogar sobre las distintas visiones es una oportunidad que va más allá de los resentimientos y los ajustes de cuentas entre víctimas y victimarios. Lo que en realidad debería preocuparnos es no dejar perder lo que somos hoy, lo demás, ya se quedó en el camino.