Arte y Moda nació bajo el signo de la audacia y es deseable que prosiga por esa ruta. Cuando dio sus primeros pasos en el 2003, por iniciativa del maestro Rafael Méndez, contumaz promotor, nadie imaginó el trazado de una saga en la que artistas, diseñadores y figurantes aportaría sustanciales novedades al panorama insular de las artes visuales en las primeras décadas de la actual centuria.


De la presente edición de Arte y Moda. Fotos: Sonia Almaguer

 

De una parte, rompía las convenciones de las pasarelas, los esquemas mentales de los diseñadores de ropa que trabajan para un mercado, y los hábitos de recepción de quienes acostumbran a seguir los avatares de la moda, sin por ello renunciar a ciertos procedimientos y modos de presentación de las colecciones de la industria de la llamada alta costura.

De otra, implicaba de una manera diferente, diríase proactiva, en la cultura del vestir (o calzar, o llevar ornamentos en el cuerpo) a creadores de las artes ´plásticas y exponentes de esas manifestaciones. No es el caso del artista que pinta una tela o concibe un diseño para su reproducción textil ni tampoco el del diseñador de ropa que toma prestado un cuadro para vestir a un modelo. Por si fuera poco, muchachas y muchachos portadores de las nuevas producciones se ven casi siempre abocados a salirse de pautas predeterminadas, a imbricarse gestual y anímicamente con la propuesta que defienden.

Arte y Moda está muy cerca de la performance como expresión contemporánea, que hunde sus raíces en la experimentación duchampiana. Porque no es simplemente una conjunción sino una acción integradora.


Performance sobre la pasarela

 

El más reciente suceso artístico de la serie tuvo lugar nuevamente en el patio del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Los organizadores rescataron por segunda vez parte de las realizaciones anteriores; de ahí que bautizaran la entrega como Remix 2. En la lógica de dicha recuperación estaba el hecho de que buena parte del público asistía por primera vez al evento, aunque también era una ocasión propicia para pasar balance con vistas a empinarse en el futuro. Una alerta: dentro de dos años no habrá remix que valga; Arte y Moda necesita reinventarse continuamente si quiere seguir siendo un espacio de legítima vanguardia. 

Otro peligro es el de la contaminación con ciertas convenciones superadas desde el mismo punto de partida. Nada tiene que ver con Arte y Moda la presencia de colecciones de moda como las que habitualmente transcurren en otros ámbitos. Se corre el riesgo, como ahora sucedió, de mezclar lo auténtico con lo superfluo, el atrevimiento con la rutina. Solo se explican tales concesiones —explicar no es justificar— por la necesidad de sustentabilidad del proyecto.

El equipo de realización, conformado por Rafael Méndez, Hugo Morín, Juan Carlos Marrero, Antonio Hurtado, más los diseñadores José Luis González, Nachy Carmona, Jacqueline Fumero, Laura Macías, Sandra de Huelbes, Ileana Jiménez, Oscar de la Portilla, Mario Freixas, Vladimir Cuenca, Grupo Manos (Santa Clara(, Mariela Alemán, Celia Ledón y Pavel y Guido, los estilistas, figurantes y las contribuciones del violinista William Roblejo, el quenista Rodrigo Sosa y el Dj Kike Wolf lograron un espectáculo divertido, audaz, trepidante y revelador de las coordenadas conceptuales de Arte y Moda.