Mientras Puerto Rico y los gobiernos progresistas del mundo celebran, al fin, la excarcelación total de Oscar López Rivera; en la mañana de este 17 de mayo La Habana lloraba la partida de Guillermo Rodríguez Rivera. Justo al primer año de cárcel del boricua, pude conocer personalmente al poeta, ensayista y profesor cubano, con su implacable sentido del humor y su vocación por cocinar las benditas sopas instantáneas.

Nada pausado al hablar, el Rivera de Cuba nos legó, entre otros, El libro rojo, Cambio de impresiones, En carne propia, Para salir del XX y Por el camino de la mar o nosotros los cubanos, acercamientos a una identidad que desde el verso o la meditación ensayística retratan a los habitantes de esta Isla.


Guillermo Rodríguez Rivera. Foto: Internet


Esta broma de mal gusto de no dejarnos disfrutar a la vez de estos dos hombres de verbo encendido, imprescindibles ambos para desbrozar el cada vez más enmarañado camino del Caribe y la Humanidad en el siglo XXI, tiene que responderse con la perpetuación de la memoria viva que nos ha dejado el Guille nuestro.

En espacios como el blog Segunda cita de Silvio Rodríguez, en la Universidad de La Habana, en la TV y la radio cubanas, y en sus múltiples libros, crónicas y artículos queda la impronta de Rodríguez Rivera; así como en las redes sociales, las brigadas culturales y los movimientos proindependentistas crecidos a su vera, late y se agiganta con su liberación la fuerza de Oscar, imprescindible para emprender la carga que nos pedía Villena, proyectando sobre el continente el pensamiento libertario de Bolívar, Hostos y Martí.