El son-pregón El Manisero, se compone en 1828, estrenado por Rita Montaner, pero es en mayo de 1930 cuando se entona en Nueva Jersey por el cantante Antonio Machín, con la orquesta de Justo Don Azpiazu y en noviembre de ese mismo año, cuando se distribuye y se convierte en el primer Boom de la música latina, abrió el camino de la industria musical de la música de todo el continente.

Eduardo Robreño cuenta que se escribió en un establecimiento donde se vendía café con leche, chocolate y panecillos, ubicada en la esquina de San José y Amistad, en el barrio San Leopoldo (Centro Habana).

Asegura Robreño que durante una tarde de 1928, Simons toma una servilleta, traza en ella las cinco líneas del pentagrama y enhebra una serie de compases, dentro de la más pura rítmica nacional.


Moisés Simons, creador de El Manisero. Foto: Internet
 

Sigue contando el cronista, que un amigo le confecciona el guión para voz y piano, con el fin de poner la letra definitiva. Luego se lo entrega a Rita Montaner, que lo graba para la firma Columbia.

Rastreando la historia de esta eufónica canción, me entero a través del investigador Ramón Fajardo Estrada, que existen distintas versiones sobre el estreno y las circunstancias en que Simons la concibe. Fajardo nos muestra la versión del periodista Félix Soloni, quien ubica la creación de El manisero, en el bar-café, de lunch: La Campana, y otros lo mencionan como El Anón —famoso por las croquetas y los batidos de anón que se ofertaban—, en la calle Virtudes y Consulado, frente al antiguo teatro Alhambra, después Teatro Musical de La Habana. Es más creíble esta versión por lo céntrico y estratégico del establecimiento.

En ese recinto histórico, Sergio Acebal el “Negrito” del Alhambra, fundó un elegante bar con lunch que llamó bar La Campana. Era centro de reunión de músicos y artistas, uno de esos asiduos era Ramón Vasconcelos. Allí hacía tertulia Simons, Horacio Monteagudo, Sergio Pita y  Eliseo Grenet.

Soloni cuenta la versión de esta manera: Una compañía de grabadoras de discos le pide a Simons  la obra con una letra, Simons le encarga esa labor a Alejo Carpentier, quien olvida el asunto. A las pocas noches, en el lobby del hotel, Regina Simons le pide al líder del night-clerck Gonzalo G. de Mello, traductor de los cuentos de O. Henry.

“Necesito la letra para esto, que va a grabar mañana Rita Montaner”, dijo Simons. Y Melito siguiendo el tarareo de Moisés improvisó el “monstruo” que habría de servir de letra a El Manisero.


Partitura de El Manisero
 

La investigadora Carmina Muñoz Alburquerque asevera que Simons estrecha lazos de amistad con Alejo Carpentier, a quien le pide la colaboración en su libreto. Por esos días Gregorio Martínez Sierra, escritor español está de paso por La Habana y pide una obra para un espectáculo con música folklórica cubana que piensa presentar en Madrid. Carpentier redacta el texto e incluye décimas y guarachas del siglo XIX. Pero necesita un pregón para separar dos escenas, motivo por el cual se dirige al maestro Amadeo Roldán, quien le recomienda a Moisés Simons que, de inmediato, compone El Manisero.

Por su parte Rita Montaner, una de las más cerca de Simons,  ofrece su propia versión en un artículo que publica la prensa mexicana —La Prensa, 4 de abril de 1933—.

Según Rita, fue invitada por Ernesto Lecuona a tomar parte en el gran espectáculo dedicado a su beneficio; un acontecimiento de gran gala en la que ella no podía faltar. Pero se encontraba en un aprieto. Quería dar un mayor realce a la fiesta, en el homenaje de su compañero y amigo querido, algo que no hubiera hecho hasta entonces en su género, algo distinto. Entonces se le ocurrió ver a Simons.

“Quiero que haga usted algo para mí”, le dijo.” Se me ocurre que le ponga usted música a un pregón popular…¿Qué le parece?”

Cuenta Rita que en un “momentico” –como suele escribir toda su música—, el inspirado compositor hilvanó la melodía criolla, de dulces e incitantes acentos, de sugerencias encantadoras. Agrega que esa canción se popularizó inmediatamente en la radio, y que una casa editora de los EE.UU lanzó varias ediciones de ella, calculando que más de 20000000 ganó dicha casa, aun cuando Simons, por uno de esos defectos tan frecuentes en el registro de propiedad musical, solo percibió escasos 20 000.

Indiscutiblemente que Rita parece ser la primera en grabarla y difundirla con la disquera Columbia, lo cual le repercutió abrir las puertas en el mercado internacional. 

En su estreno en el teatro Regina, Rita estudió dramatúrgicamente la manera en que los vendedores de maní pregonan su producto, anota cada uno de sus movimientos, escucha con interés las inflexiones de su voz al proponer la venta de los cucuruchos.

Así logra una creación máxima del son-pregón que repercutiría en su futuro artístico. Antonio Machín, en el teatro Palace de Nueva York, hace el pregón vestido de manisero, con una lata de maní en su mano y la otra mano puesta en la boca para que se escuche lejos el pregón.

         “Maní, maní, maní…

         Si te quieres por el pico divertir,

         Cómprame un cucuruchito de maní...

         Ay, ay

         Ay, que calentico y rico e´ta,

         Ya no se puede pedir más.

         Ay, caserita, no me dejes ir

         Porque después te vas a arrepentir

         Y va a ser muy tarde ya.

         Manisero se va.

         Caserita no se acuesten a dormir

         Sin comprarme un cucurucho de maní.

 

         Cuando la calle sola e´ta

         Casera de mi corazón,

         El manisero entona su pregón

         Y la niña escucha mi cantar

         Llama desde su balcón:

         Dame de tu maní,

 

         Que esta noche no me voy a poder dormir

         Sin comprarme un cucurucho de maní.

         Ay, ay,

         Me voy, me voy,

         Me voy…”