Tener una conversación en la que los interlocutores tienen la misma oportunidad de participar y en la que se busca un entendimiento mutuo” es la primera acepción  que ofrece el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para el vocablo dialogar. Pero no siempre responde el diccionario todas las interrogantes. En Cuba, dialogar se convirtió en un modo de vida desde los primeros años de la Revolución, cuando se trataba de ajustar el nuevo proyecto social a partir del consenso y de la participación del pueblo.


“En Cuba, dialogar se convirtió en un modo de vida desde los primeros años de la Revolución”.
Foto: Alex Castro (exposición accesible en la Casa del Alba hasta el 15 de septiembre)


Numerosos son los ejemplos que desde entonces dan fe de la cultura dialógica del proceso revolucionario. Sin embargo, no podría faltar entre ellos las Palabras a los Intelectuales pronunciadas por el Comandante Fidel Castro hace 56 años, en la Biblioteca Nacional José Martí:

Las Palabras definieron principios y elementos de la política que tuvieron su fruto en la cultura cubana. Todo lo que proyectamos y pensamos hoy tiene una relación más o menos directa con él. Somos uno de sus resultados. No podríamos imaginar nuestro sistema institucional de cultura sin Palabras.

La intervención no es fortuita. Se trata del escritor Alpidio Alonso, invitado hace poco más de un mes a Dialogar-dialogar, proyecto de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que dedicó uno de sus espacios a la vigencia de ese acontecimiento y a la necesidad de mantener el intercambio de opiniones.

Fue un discurso donde se convocó a la masa de intelectuales, independientemente de su filiación política –acotó Alonso-. Dejó claro el papel de las instituciones y del Estado; y fue fundador de cuestiones claves como el papel de la cultura en la construcción del socialismo y la necesidad de la participación responsable frente a las agresiones culturales.

Para la profesora Ana Cairo, por otra parte, si bien es indiscutible la relevancia de ese hecho, también lo es que debe ser “acotado en tiempo y espacio” pues da respuesta a problemas de un tiempo específico.

 “Fidel fue un gran dialogador desde los primeros meses de la Revolución”, dijo. Tuvo una capacidad extraordinaria para construir política en cada momento con un método basado en la discusión, el esclarecimiento y la proyección conjunta a partir de lo que se analizara. Todavía se tergiversa lo que sucedió allí porque no se comprende que son criterios de la época.

La importancia que damos a la discusión, a la dialéctica ─agregó el periodista Luis Toledo Sande─, es una expresión de la lucha del país por salvar su proyecto revolucionario.

“Creo que Palabras a los intelectuales nació para salvarnos —comentó—. La gran meta de este discurso no fue empatar con nadie, ni impresionar a nadie, ni sobornar a nadie, sino salvar un proyecto que estaba naciendo. Y respondió a la necesidad de defensa de una Revolución”.

Precisamente, para el historiador y conductor de Dialogar-dialogar, Elier Ramírez, con esta iniciativa se pretende incentivar la cultura del diálogo en la sociedad: “La mejor manera de construir el sujeto crítico al que aspiramos, en medio de la guerra cultural a la que estamos enfrentados todos los días—afirmó—, es el diálogo, el debate, la polémica sobre todos los temas, incluyendo los más peliagudos. No solo con la instrucción se gana esa batalla, se requiere un entrenamiento especial para el debate.

“No creo que este espacio vaya por sí solo a ser la solución, se requiere acompañamiento en la enseñanza, los medios de comunicación, las organizaciones políticas y de masas, entre otros. Pero se trata de un buen intento en el que debemos perseverar y demuestra que la vanguardia artística e intelectual cubana agrupada en la AHS también está haciendo sus aportes al área social”.

Disímiles han sido los tópicos abordados en los cuatro años que lleva el espacio, el cual se ha trasladado de su sede habitual, en la misma Asociación, hasta las universidades. “Los temas que escogemos ─detalló Ramírez─ tienen que ver generalmente con el presente de Cuba, pero también de la historia más cercana. La Historia siempre nos da lecturas importantes para el presente y para proyectar mejor nuestro futuro”.

Al referirse a una de las interrogantes de los mismos universitarios: ¿qué hacen con los resultados de Dialogar…? aseguró que “cada encuentro se transcribe, se envía a sus autores para revisión y luego se socializa al máximo por diversas publicaciones, tanto impresas como digitales. También se ha trabajado en un  libro, del cual acaba de salir su primer volumen por la Editorial Abril, bajo el título Hacia una cultura del debate.

“Creo es lo más que podemos hacer, poner a circular estas ideas en todos los espacios y estructuras posibles. Eso va generando una masa crítica, y son ideas que están también a disposición de los que toman decisiones”.