La Feria Internacional de Libro de La Habana es algo muy particular, como todo en Cuba, para los ojos de una extranjera. Uno tiene la impresión de ser catapultado hacia atrás en el tiempo al llegar al espléndido sitio de la antigua fortaleza de La Cabaña, que a su vez hospeda un evento que pareciera no acabar nunca. La alta accesibilidad en todos los sentidos distingue al evento. El precio de la entrada, de los propios libros y de las diversas ofertas de alimentos, demuestra que el verdadero protagonista no es el libro, sino el bienestar del público asistente.


Foto: Racso Morejón


Lo que más me impresionó fue la cantidad de personas a las que la Feria se abre. Todo el mundo puede satisfacer su necesidad: hay encuentros académicos, conferencias sobre temas políticos y sociales, presentaciones de libros y productos digitales, y sesiones de  cocina demostrativa. Particular atención se presta a los niños, que adquieren revistas, libros para colorear y afiches de sus personajes favoritos; artículos que normalmente no hallan en las tiendas. El ansia que vi en los ojos de esos niños me impresionó mucho, sobre todo porque en el primer momento no había pensado en lo que significa la posibilidad de adquirir estos artículos en un ambiente tan propicio, pleno de opciones tan diversas que no están a su disposición todos los días; algo muy diferente a lo que me tocó vivir durante mi infancia en Italia. Aquí reside la importancia de eventos como este, una fiesta multitudinaria donde se pueden buscar muchas maravillas que no se consiguen cotidianamente.

Completan el encanto de la Feria Internacional de Libro de La Habana las cotidianas lecturas de poesías y la música de los trovadores que se reúnen en el Rincón de la trova y la poesía, espacio que refuerza la importancia comunitaria del evento, convirtiendo el escenario espectacular de la Cabaña en una más entre las perlas de la ciudad.

Mas la alta participación no siempre es sinónimo de alto interés por las temáticas escogidas para presentaciones y paneles, pues también pude apreciar cómo no se aprovechan plenamente las potencialidades de los eventos, a muchos de los cuales asisten grupos de personas poco significativos con respecto a la gran masa que acude a La Cabaña. Por eso gran parte de los jóvenes buscan juegos, comidas y otras atracciones, sin reparar en otras actividades y temáticas que deberían ser de su interés.

Entre los eventos que disfruté, recuerdo la conferencia El libro, los medios y la democracia en la experiencia latinoamericana, del intelectual y activista argentino Atilio Borón, dictada el viernes 10 de febrero, en el Salón Profesional del Libro. Darse cuenta de la importancia que tienen hoy las redes sociales es fundamental para comprender un mundo en constante mutación, donde todos permanecemos conectados y la información ya no es controlada solamente por la prensa, como sucedía en el pasado, sino que se hace accesible a grandes masas de consumidores mediante herramientas como Facebook y Twitter y su enorme potencial para distorsionar la verdad. Este tema despierta particular interés en Cuba, si consideramos la apertura relativamente reciente de los cubanos a la llamada conexión global y los riesgos de utilización errónea que ello implica. Tal como lo expresa Borón, la mala información que ya se transmitía a través de la televisión hoy se encuentra en Facebook y puede ser elegida y compartida, en medio de un mar de informaciones donde las más importantes suelen perderse, pasar inadvertidas y hasta olvidarse; todo sin la mediación de instancias mediadoras, papel que en su momento jugó la prensa tradicional. Sin la orientación de ese filtro mediador, la volatilidad de la información se multiplica. De ahí la importancia de acercarse con cautela a las posibilidades, supuestamente infinitas, que el mundo de Internet ofrece.

Revisando el programa general de la Feria de La Habana, me sorprendo nuevamente, ahora por la cantidad de conferencias sobre temáticas de política internacional que aquí se programan, ofreciéndose un proceso de crítica atenta y abierta, siempre desde una perspectiva propia y notablemente complementada con la participación de especialistas extranjeros del más alto nivel, todo lo cual amplía el diapasón de los debates y permite distintas interpretaciones a los diferentes acontecimientos y procesos del mundo contemporáneo.


Foto: Racso Morejón


Esta Feria constituye, además, un momento importante de unidad social y crea espacios muy útiles para el intercambio de ideas, sobre todo porque no se trata de un evento abstracto, encerrado en sí mismo, como he podido constatar en otras ferias en Europa, donde el elevado costo de las entradas y de los libros reduce el debate a intelectuales, autores y patrocinadores que solo hablan entre sí, para beneplácito exclusivo de la prensa. Esta Feria, en cambio, integra a todos los sectores de la sociedad, somete a discusión temas de la mayor importancia, a los cuales todo el público asistente tiene libre acceso.

En el panel de discusión abierta como el de la Red en Defensa de la Humanidad (REDH-Cuba), del martes 14 de febrero, en la Sala Nicolás Guillén, pude enteramente comprender la importancia de la participación colectiva, de una cultura de la comunicación y del interés político, aquí mucho más fuerte que en otros países. En el ámbito de encuentro y cambio de informaciones sobre esta red de blogs que revela temas como la defensa de la humanidad de Cuba, el rechazo del bloqueo, la cultura y la resistencia, la alta participación de jóvenes me ha impresionado mucho. Jóvenes con ideas, que no tienen miedo de expresarse y sostener sus propios ideales. Cuando partí de mi casa en Italia tenía mucho miedo; miedo por el Brexit, miedo por las elecciones de Donald Trump y por lo que estos eventos pueden implicar a nivel mundial; miedo por el futuro y por mí misma, estudiante con muchas ideas y proyectos, y una esperanza de un trabajo realmente satisfaciente, que me permita tener una vida digna. En Italia vi en los ojos de mis coetáneos lo mismo que yo siento. Todo me hacía perder la esperanza en la posibilidad de encontrar una luz. En el panel de la REDH por primera vez hallé una forma de enfrentarse al problema no solo criticando, sino también proponiendo medios para contrastarlo, o al menos una tentativa. He comprendido cómo un país con problemas económicos consistentes, todavía tiene la fuerza por dar una respuesta, no solo a los cubanos, sino a todos. Y vi con gran sorpresa cómo la historia del hombre necesita pasar otra vez por aquí, por esta isla del caribe, tan aislada pero necesaria para los procesos del mundo. Cuba, linda como una rosa y tenaz como sus espinas.